jueves, 23 de julio de 2015

Viaje a una provincia del Interior

   Finalizado el Congreso Internacional en torno a la figura del  ilustre villafranquino Enrique Gil y Carrasco, y como suele ocurrir a la conclusión de cualquier otro tipo de homenaje, conferencia, reconocimiento o simposio dedicado a un escritor consagrado, la mayoría de asistentes se suele olvidar de cuanto ha visto y escuchado al apagarse el último micro y cerrarse las puertas del teatro o lugar de reunión. Y lo peor no es eso, sino que una mayoría ignorará que tras esa figura analizada pormenorizadamente está el más preciado de los tesoros: su obra literaria. El mayor reconocimiento que se le puede hacer a un escritor es leer sus libros y así profundizar individualmente y desde la propia percepción en el pensamiento y personalidad del autor, más allá del análisis consabido de los eruditos y estudiosos del autor, algo por otra parte fundamental.

  Dado que no he podido asistir al Congreso dedicado a mi paisano (bien me hubiera gustado), he decidido leer en estos días de actividades frenéticas una de sus obras, obra que probablemente muy pocos bercianos han leído. Se trata del Viaje a una provincia del Interior. No es su obra más conocida (claro que al margen de El señor de Bembibre casi ninguna es excesivamente popular), pero sí una obra fundamental para indagar en la particularísima visión que el viajero Don Enrique se hace del Bierzo en primer lugar y de la provincia de León al pasar el puerto del Manzanal. Lo que me llama poderosamente la atención, algo por otra parte frecuente en el tiempo que le tocó vivir, es la forma de expresarse, a pesar de ser un libro de viajes, algo tan opuesto a la poesía. No es que en sus páginas se aplique a la lírica, para nada; no obstante se aprecia esa vena idílica en cuanto se aplica a describir, con brillantez, no podía ser de otro modo, el paisaje que él aprecia con mayor precisión subido a la atalaya más alta o a la torre de un castillo, de una iglesia, pues así dibuja la postal panorámica que él está dispuesto a aprehender.

  El recorrido por el Bierzo lo divide en cinco etapas que van desde una excursión a Castro Ventosa, germen del antiguo Bergidum, a el Valle del Silencio, pasando por Las Médulas, visitas a monasterios y finalmente a castillos. Las otras tres etapas las dedica a visitar Astorga, León y por último la vega del Torío. De su discurso se deduce que no tiene pelos en la lengua a la hora de condenar las barbaridades que por aquel entonces ya se hacían con nuestro patrimonio monumental, si bien los términos condenatorios los utiliza con habilidad, de manera que no son hirientes del todo; ahí se dejan ver sus reales posibilidades como aspirante a diplomático.

  En resumidas cuentas es un libro muy interesante, con una edición cuidadísima que incluye cuatro lecturas de otros tantos literatos que han estudiado a fondo la figura de nuestro paisano. A lo largo del trayecto por la Provincia, y acaso sea lo que más llame la atención, sale a relucir su cuestionable gusto por el arte arquitectónico que seguramente nos chocará cuando se ponga a escribir de -por poner sólo un ejemplo- la iglesia de Santiago de Peñalba.

  Fantástica colección esta de la Biblioteca Gil y Carrasco, y brillante ocurrencia la de Valentín Carrera de volver a poner en el candelero al más insigne de los escritores leoneses. Mi más sincera enhorabuena para ti.

sábado, 27 de junio de 2015

Pedro Páramo o la ensoñación del limbo


  Pedro Páramo: ¿Es la culminación ambiciosa de una mente privilegiada, la quedada de un escritor juguetón, o simplemente es una ensoñación diferente del limbo? Cualquiera que la haya leído podría muy bien etiquetarla de cualquiera de las maneras, también como novela que no hay por donde agarrarla. Indudablemente requiere de una atención muy especial por parte del lector, de lo contrario la aventura de leerla puede volverse tediosa y contraproducente. 

  Admito que la acabo de leer por primera vez a pesar de la fama, también de las críticas encomiables y  unánimes que la anteceden desde su aparición en 1955. Como ocurre con otras novelas escritas en la otra orilla, como Rayuela, por ejemplo, no es una obra fácil, y eso a pesar de no superar el centenar de páginas. El lector ha de estar concentrado en todo cuanto se dice, en el desfile incontable de personajes, en los tiempos (presente, pasado o difuso) y hasta en los espacios por donde discurre la acción o inacción, especialmente en ese espacio único llamado Comala, y que podría ser perfectamente un trasunto terrenal del Purgatorio. Confieso que me costó acomodarme al ambiente tan singular que se respira y a la forma originalísima de contar la novela, o casi habría que decir diversos cuentos o piezas que se entrelazan magistralmente por la sapiencia del mexicano Juan Rulfo.

   En todo caso no deja de ser algo así como el viaje iniciático de Juan Preciado que busca en recónditos espacios a su padre Pedro Páramo, tras una promesa hecha a su madre en el lecho de muerte. El encuentro con Comala y sus gentes es una experiencia única, contradictoria, succionadora de su propio ser, porque ese territorio en lo más profundo de México es disforme, umbroso, atormentado; un escenario acorde para un sepelio permanente donde sus moradores o almas en pena dicen la suya; o el territorio donde giran las frases, los susurros, los silencios, hasta volverlo imaginable, abarcable.

  En cierto modo esta novela breve es la que sitúa el punto de inflexión del fenómeno posterior llamado Realismo Mágico, que con posterioridad desembocaría en el boom de la literatura sudamericana. Su autor, Juan Rulfo, la escribió entre abril y septiembre de 1955, siendo, es curioso, su única incursión en el género. Es junto a El llano en llamas su obra más célebre, si bien aquélla supera a ésta en su valor y ambición literaria. La obra está traducida a más de 30 idiomas. Autores tan reconocidos como Carlos Fuentes, Borges, García Márquez o Julio Cortázar, se declaran deudores de esta obra, e incluso, alguno de ellos, admite que su obra escrita no hubiera sido la misma de no haber leído antes Pedro Páramo. En mi opinión no se puede desechar una segunda lectura que en cualquier caso confirma la brillantez de la obra. Muy recomendable su lectura para mitigar los rigores invernales y para entender otras formas más heterodoxas de narrar. 



 





miércoles, 3 de junio de 2015

Presentación Adagio 123

  El próximo día 12 a las 20:30 horas en el Espai Sant Josep de Ciutadella presento mi novela Adagio 123. Intervendremos Paulí Amorós y yo. Al finalizar procederé a la habitual firma de ejemplares. Os espero.

martes, 19 de mayo de 2015

El extraño viaje (5)


Los hermanos Vidal (Paquita, Venancio e Ignacia) son solteros maduros, y viven juntos en el pueblo. Ignacia (Tota Alba), la de más carácter y dominante, entabla una extraña relación con el joven Fernando (Carlos Larrañaga), miembro de la orquesta que ameniza los bailes de fin de semana. Una noche, los miedicas Venancio (Jesús Franco) y Paquita (Rafaela Aparicio), aprovechando la ausencia de su hermana Ignacia, entran en su habitación para espiar, siendo descubiertos por ella. Ante el pánico repentino la matan y Fernando les encubre, tirando el cadáver a una cuba de vino, yéndose a renglón seguido del pueblo. A partir de ese momento los acontecimientos se precipitan hasta concluir con Fernando en prisión. A trazo grueso este es el argumento de la Película; sin embargo, esta obra maestra del cine español es mucho más que 90 minutos de metraje para pasar el rato.



  En 1964 Fernán Gómez abordó la dirección del film a partir de un guión de Pedro Beltrán que a su vez está basado en un argumento de Luis García Berlanga. En un primer momento se iba a titular El crimen de Mazarrón, partiendo de ese célebre caso en tierras murcianas; no obstante, la Censura no lo permitió y terminó por llamarse El extraño viaje. Un extraño silencio de 6 años nada más estrenarse, terminó por lastrar la repercusión del film entre los espectadores, no así entre la crítica, que siempre la calificó como una de las obras capitales de nuestro cine.



   La película retrata las penurias en los pueblos españoles de los años sesenta. Por la vertiente rural podríamos encontrarnos ante una cinta costumbrista -y lo es-, pero además tiene el extraño encanto de ser delirante, esperpéntica y yo diría, a título personal, que es una tragicomedia negrísima. A ello ayuda la fotografía en blanco y negro con algunas escenas nocturnas, la música inquietante de nuestro paisano Cristóbal Halffter, tormentas atroces, un músico dispuesto a aprovecharse para sacar los cuartos al trío de solteros y una hermana que parece émula de la misma Bernarda Alba.  Por si no fueran ingredientes de peso, cabe añadir, como ocurre en los mejores thrillers, la inquietud y el suspense hasta el último momento, de manera que el espectador no se sentirá defraudado.



  Esta película de escaso presupuesto y que no contó con el beneplácito de los espectadores de aquel entonces entre otras causas por lo antedicho, forma parte de la trilogía de mejores películas dirigidas por Fernán Gómez junto a La vida por delante y El viaje a ninguna parte. Seis años después de rescatarse del ostracismo al que fue sometida desde la propia productora, fue galardonada como mejor película por parte del Círculo de Escritores Cinematográficos.


   La película la pasan hoy a partir de las 22:00 horas en Classics, el programa que presenta José Luis Garci en Canal Trece.



 


                                       

sábado, 2 de mayo de 2015

El disputado voto del señor Cayo

   No sé por qué en las últimas semanas me está dando por releer novelas con las que en su momento disfruté. En 1997 leí esta del gran Delibes y ya entonces me pareció una historia entrañable y explicativa de un momento histórico y crucial. El autor vallisoletano publicó la novela en 1978, en los balbuceantes años de nuestra transición de la Dictadura a la Democracia. Delibes enmarca la historia en plena campaña electoral de las primeras legislativas, después de muchos años de silenciarse las urnas. Casi a punto de elegirse a diputados y senadores que han de representar a los votantes, un trío de políticos formado por Víctor, Laly y Rafa es enviado a algunas aldeas para que "suelten" el discurso acorde a su ideología con el fin de convencer a los paisanos. En una de ellas sale a su encuentro un anciano de 82 años y que atiende por el nombre de Cayo. De inmediato entablan conversación, dándose cuenta los aspirantes de la profunda sabiduría que se encierra en su interlocutor, un lugareño autónomo, sin necesidad alguna del auxilio de terceros, y viviendo en perfecta unión con el medio. Víctor, el más perspicaz de los tres, se da cuenta de su inutilidad ante un hombre que no necesita absolutamente nada y pronuncia una frase lapidaria y que podría valer para el tiempo presente: Hemos ido a redimir al redentor.

  Casi a punto de ser de nuevo llamados a las urnas, me parece esta novela de una frescura y actualidad poco comunes. Y además de tratarse con cierta profundidad el sentido último de la política desde una perspectiva interesada (por parte de los políticos) y más humana (desde la óptica del lugareño), en la novela se evoca la vida de un tiempo pasado en las aldeas abandonadas o casi sin vecinos. Son unas páginas que acaso nos llenen de melancolía, como le ocurre a Víctor cuando clarividente avisa de que cuando la vida desaparezca definitivamente de los pueblos, ya nadie sabrá explicar a los urbanitas las propiedades de la flor del saúco. Y después de un cataclismo donde sólo sebreviviesen el señor Cayo y él, el primero no necesitaría de su ayuda para sobrevivir, pero el político Víctor sí la del anciano.

domingo, 26 de abril de 2015

WHIPLASH


   Ese solo de batería de Caravan al final de la película redime al chaval Andrew Neyman, que vive con la determinación, o siendo más preciso, con la cerrazón de alcanzar la gloria como baterista, huyendo del fracaso que en su opinión es la mediocridad si no se alcanza la excelencia; y los espectadores nos reconciliamos en cierta manera con el detestable y malhablado Terence Fletcher, el profesor de música que recurre a la "pedagogía" del desprecio y a la de la tensión extrema para exprimir hasta la última gota de talento del joven alumno.

  El comienzo, con un fundido en negro y con un redoble, muy lento al principio, volviéndose acelerado y tenso, preludia el tono angustioso o cuando menos azaroso del film. Nada más aparecer en escena el profesor (papel interpretado por J. K. Simmons y que le valió un merecidísimo oscar como actor de reparto), el espectador se da cuenta de que, al igual que el alumno, se enfrenta a un individuo sin escrúpulos y con quien jamás se iría a tomar unas cervezas, y eso a pesar de que su interpretación te atrapa sin remedio.

   El largometraje aborda el espíritu de superación infinito de un joven que a toda costa quiere triunfar como baterista en una banda de jazz hecha a la medida de su sádico titular; y a pesar del desprecio, de los insultos y de su vileza, e incluso de la expulsión del grupo y de su decisión de abandonar las baquetas, el aspirante a estrella es catapultado al Olimpo de los elegidos gracias a su amor propio y tenacidad en un final apoteósico y deslumbrante, donde el redoble del comienzo adquiere su verdadero significado y una grandiosidad que emociona al más despistado.

  El montaje es fantástico, y las interpretaciones de profesor y alumno vibrantes, sin decaer en los 103 minutos del metraje. Es cierto que en la película no hay un resquicio por el que se cuele un rastro de humanidad y amor verdadero hacia la música -según denuncian los críticos musicales-, pero ese desprecio de la amistad que el profesor interpreta bajo su mirada como pasión por la música, adquiere su carta de naturaleza cuando utiliza todos los medios a su alcance para conseguir el fin, que no es otro que el triunfo del pupilo a pesar de la mucha sangre, del sudor frecuente y de algunas lágrimas.

  Película que nadie debería de perderse, particularmente aquellos que han hecho de la batería su profesión, o simplemente la tocan por gusto.                                


 




miércoles, 22 de abril de 2015

Adagio 123

(Fragmento páginas 38 y 39 de la Novela)

Yo deduje que a tu padre lo que realmente le estaba ocurriendo no era nada, si obviamos una repentina fascinación hacia ambas mujeres, sin ser por entero consciente de ello. No hacía ni medio año de su ruptura sentimental con Norma, y empezaba -creo yo- a mostrar indicios de padecer cierto mono ante la carencia de afectividad estable. Innegablemente no había sido una relación tan coherente -por llamarlo de algún modo- como la vivida con tu madre, pero tras tres años de convivencia, algo quedaba. En ocasiones -eso no lo sabes-, Norma se liaba los trastos a la cabeza y se iba a casa de su hermana por un tiempo de quince o veinte días, a disfrutar de una vida ordenada, como ella decía, y regresaba con las pilas cargadas para sobrellevar con resignación las largas ausencias de Feli, en particular a esas horas donde más se echa a faltar a un hombre, y no me estoy refiriendo a la cama. Hasta cierto punto, Norma nunca pudo superar el acontecimiento de los más de veinte años de feliz matrimonio de tu padre. Con frecuencia le echaba en cara su falta de detallismo, de poner por encima de ella su profesión de investigador privado. Se ponía negra cuando tu padre se excedía hablando de lo estupenda cocinera que era tu madre, lo hacendosa al mantener como un jaspe la casa, o si se preocupaba por parecer amable en todo momento ante los invitados. Evidentemente, y perdóname si soy un poco ordinario, Norma podía aventajar a tu madre en el tema de la juventud, pero ni por asomo le llegaba a la altura de la suela del zapato si debía de comprometerse en limpiar la casa, hacer las camas como es debido, y no digamos cocinar, pues ni se atrevía con algo diferente a una sopa instantánea y la fritanga de rigor. Ya ni te cuento a la hora de charlar de algo sustancioso. En cierto modo era una verdadera calamidad, por no decir algo peor, como una haragana. A su manera, Feli la amaba, pero era consciente de que sus virtudes se circunscribían en exclusiva a sus partes más íntimas; pues, si bien al principio le había llamado la atención su especie de jerga desenfadada aderezada con multitud de tacos y su extremada alegría, con el transcurso del tiempo, su conversación le empezó a sonar a insulsa, carente de todo interés, ayudando a incrementar esa sensación la limitada utilización de vocablos que por lo general se emboscaban en palabras malsonantes. Y ya ves: al final fue ella quien decidió romper por estar hasta el culo de tu padre. Ante otros argumentos más sólidos, como hacía Feli, siempre se decantaba por mentar la parte trasera. ..

  (La novela está a la venta en las librerías de Ciutadella y Menorca, y en las de Villafranca y el Bierzo. Para el resto de España se puede adquirir en papel y a demanda a través de Amazon. También en formato ebook a través de La Casa del Libro o El Corte Inglés.)

  


domingo, 19 de abril de 2015

La cabeza perdida de Damasceno Monteiro


 De Lisboa a Oporto, ese es el itinerario que hace Firmino para desentrañar el misterio que se esconde tras la aparición de un cuerpo descabezado. Pero bien podía haber sido a la inversa si el asesinato de Damasceno Monteiro se hubiera perpetrado en la Capital, y el joven periodista fuera uno más de los pobladores en la ciudad del vino. La acción se desarrolla en Oporto, aunque Antonio Tabucchi podría haberla situado en Marsella, Berlín, Nápoles o la misma Algeciras.

  En la novela, el autor italiano confronta en el ánimo del periodista Firmino, la luminosidad y belleza de Lisboa con el supuesto tono melancólico y gris de Oporto. Antes, justamente al inicio, Manolo el Gitano, haya la horma de su zapato al toparse con un cuerpo sin testa que le advierte de su condición miserable y desgraciada. Es el preludio, algo relatado a lo largo y ancho de 200 páginas, de la eterna dicotomía entre la miseria humana y la riqueza de unos pocos, entre los indefensos y quienes abusan del poder, entre Firmino, que rinde pleitesía al pensamiento de Lukács, y Loton, el abogado aristócrata que muestra, sino desprecio, si algo de indiferencia por el filósofo húngaro. Pero, a pesar de una cierta aprensión a la ciudad norteña, a sus moradores y a su arte culinario, que incluye los célebres callos y de los cuales reniega, el joven reportero va cambiando favorablemente su parecer hasta considerarla una ciudad amiga.

  A trazo simple, la historia no es otra cosa que la investigación encargada por un periódico de sucesos a su empleado Firmino. Se inicia con el hallazgo de un cuerpo decapitado y desnudo de torso hacia arriba. Con la inestimable ayuda de doña Rosa, patrona de la pensión donde se aloja, y sobre todo del adinerado Loton, abogado filántropo con clara vocación de socorrer a los más pobres sin contraprestación alguna, va avanzando con paso firme en el esclarecimiento de los hechos, descubriendo que detrás del horrendo crimen se esconde una confabulación de intereses entre la Policía y los políticos, alcanzando a la misma médula del Estado.

  Esta novela con clara vocación de entretener, y con un ligero toque metafísico nada complejo, fue escrita en 1997, a continuación de Sostiene Pereira, tal vez su obra más ensalzada. La idea surge en el fiel seguidor y magnífico traductor de la obra de Pessoa, cuando en 1996 apareció el cuerpo de un hombre sin cabeza con evidencias de haber sufrido tortura. Más tarde se supo que había sido la misma Policía la autora del suplicio y posterior crimen.

  La leí en enero de 1998, releyéndola hace nada. En ambas ocasiones el dictamen es coincidente: obra más que grata y de fácil lectura. Muy aconsejable para disfrutar de unas horas de asueto.                                


domingo, 12 de abril de 2015

SURCOS (4)

  Transcurridos 64 años del estreno de Surcos, es difícil de entender cómo la película pudo pasar el filtro de la Censura y la crítica más severa por parte de cierto sector de la Iglesia. Sí se puede comprender si se tiene en cuenta que algunos de los promotores eran falangistas o afines a sus postulados. Sin ir más lejos, José Antonio Nieves Conde era considerado por entonces el director del Régimen, para ser tachado ocho años más tarde como autor difícil. El segoviano se puso manos a la obra a pesar de una cierta oposición, firmando sin ningún género de duda su mejor trabajo cinematográfico tras la cámara.

  Surcos es una película durísima y posiblemente la primera que refleja sin cortapisas las enormes dificultades por las que atravesaban muchos de nuestros compatriotas en plena posguerra. Hasta 1951, año de su estreno, el cine español transitaba por actos heroicos, por el folclore más rancio para disfrute de los amantes de la música popular de aquel tiempo, o por el costumbrismo más o menos edulcorado, sin olvidarse de los acontecimientos históricos a mayor gloria del Régimen del 18 de Julio. Surcos es una anomalía brillante en el devenir del cine patrio, hasta el extremo de convertirse en el primer film de carácter neorrealista, mostrando al fin una preocupación social que apenas se había planteado antes como no fuera de refilón.

  A lo largo de sus 100 minutos de metraje queda patente el tipo de vida que hacían las clases más desfavorecidas para salir adelante, sorprendiendo que la emigración, el estraperlo, la pobreza extrema, el engaño o la misma corrupción, tan de actualidad, pudieran tener acomodo en sitios tan reales y castizos como Lavapies, Delicias o Legazpi, territorio donde se rodó. El argumento plantea la salida de una familia campesina de su pueblo en busca de una liberación llamada Ciudad. Si la vida rural era tremenda, no lo es menos la supervivencia en Madrid. Así, el padre encuentra empleo en unos hornos, pero la actividad frenética le supera. El hijo mayor se mete a ladrón, la hija se coloca en una casa y el hijo pequeño termina ayudando a un padre y a la hija en un teatrillo de marionetas. La familia se da cuenta de que en la Capital no estaba el ansiado Dorado y deciden regresar al pueblo, algo recomendado por la Censura y la ideología falangista, que veía bien cierto movimiento migratorio del pueblo a la ciudad pero con límites. Ciertamente el final era más desesperante, ya que Nieves Conde hacía que la hija se apeara del tren para regresar a Madrid, estando dispuesta a dejarse engullir por las garras de una ciudad hostil a la vergüenza de retornar al terruño de vacío.

   La película, que iba a titularse Surcos sobre el asfalto, y costó en su momento algo más de 700.000 ptas., está interpretada en sus principales papeles por Luis Peña, María Asquerino, Marisa de Leza y Félix Dafauce. El guión está escrito por Gonzalo Torrente Ballester y Natividad Zaro a partir de un argumento de Eugenio Montes, y la música pertenece a Jesús García Leoz. El Círculo de Escritores Cinematográficos la distinguió como mejor película, además de premiar a su director, al actor de reparto Félix Dafauce y a la actriz de reparto Marisa de Leza. En el festival de cine de Cannes estuvo nominada a la Palma de Oro. Y como se refleja en este fotograma, sorprendentemente la película se declaró de Interés Nacional.

  Sin ninguna objeción ésta es una de las grandes películas del cine español; y a pesar de que 64 años más tarde nos pueda parecer pasada de moda, es el reflejo cruel de una España que muchos de nuestros compatriotas debieron de padecer en los terribles años cuarenta. 

miércoles, 1 de abril de 2015

Physical Graffiti

El pasado 24 de febrero se cumplieron 40 años de la aparición en el mercado de Physical Graffiti. El sexto álbum en estudio de los británicos Led Zeppelin, es por derecho propio algo así como la culminación a una carrera deslumbrante iniciada en 1968. Hasta su disolución en 1980 aún sacarían un par más de discos, tres si se añade Coda, si bien no alcanzarían la excelencia del que nos ocupa, a pesar de no faltarles calidad, algo común a cualquiera de sus trabajos.

  Para empezar, el envoltorio del doble álbum es según algunos de los críticos especializados, la portada más famosa y elaborada de la historia del rock. El anverso reproduce la fachada de un edificio de pisos construido a comienzos del pasado siglo en NY. En el reverso aparece el mismo edificio de noche, aunque con las fachadas de izquierda y derecha intercambiadas. En las ventanas recortadas aparecen vecinos, anuncios de época, pinturas clásicas, fotogramas de películas y por supuesto los cuatro integrantes del dirigible. Un diseño que no dejó indiferente a nadie.

  Pero si el continente es ingenioso, original e invita a juguetear con las carpetas del vinilo (encanto que se pierde en el formato CD), el contenido apabulla nuestras neuronas en el mejor sentido de la palabra. Este grafiti físico no es nada más que la aspiración de sus músicos de recorrer a través de un sendero sinuoso llamado eclecticismo, las variadas vías del rock (funk, heavy metal, blues, buggy, folk, rock and roll, progresivo o hard rock) con el fin último y supremo de trascender más allá del convencionalismo de grabar un buen disco para consumir en el momento y se acabó.

  De los 15 cortes del disco sobresalen In my time of dying, In the light, Ten year gone y probablemente el más celebrado: Kashmir. Pero hay otras que no desmerecen, como Boogie with Stu, una "quedada" sin desperdicio; o la balada Down by the seaside, para nada zeppeliana y que tiene el gustillo a medio tiempo del gran Neil Young; sin olvidar Trampled under foot, una verdadera descarga de electricidad machacona, un riff funky, porfiado y demoledor, que estás dispuesto a pinchar una y mil veces antes de que la cabeza se te rompa en pedazos.

  Por derecho propio, Physical Graffiti es el 7º álbum más vendido de los años setenta y uno de los 4 ó 5 indispensables del prolífico 1975. El primero grabado con su sello propio, Swan Song Records, se colocó nº 1 en USA y UK, arrastrando con su éxito a los 5 discos anteriores para colocarlos entre los 200 mejores simultáneamente, algo que no había ocurrido hasta entonces. El álbum, que en 1979 regresaría al Top 40, tiene un marcado carácter nómada, ya que el grupo se vio obligado a deambular de estudio en estudio a la búsqueda de aquellos que tuvieran más días libres, pues sus trabajos de mucha elaboración requerían de fechas ininterrumpidas.; de ahí que haya cortes que van de 1970 a 1975.

  Sin dudarlo, esta es una obra inexcusable, un disco para escuchar con atención y para disfrutarlo. Una obra maestra que acaba de cumplir 40 años. ¡Parece que fue ayer!

  

  Otros datos a tener en cuenta:

  El libro All time tope 1000 albums, sitúa a este trabajo en el puesto 14 dentro de los 50 mejores LPs de Heavy Metal y lo considera <<el mayor punto de referencia contemporánea en la música rock>>.

  La revista Rolling Stone -que en 1975 la reseñó con 3 estrellas sobre 5 posibles en su Rolling Stone Record Guide- lo denominó, a finales de los 80 <<el mejor álbum doble de la historia>>.

  En febrero de 1996, la revista Guitar lo catalogó como uno de los 50 plásticos más influyentes en la historia de la guitarra en el rock.

  En lo concerniente a Led Zeppelin: Jimmy Page (guitarra), Robert Plant (vocales y armónica), John Bonham (batería) y John Paul Jones (bajo y teclados), es tras Beatles la banda con más discos de platino, además de cifrarse las ventas de sus discos en más de 300 millones.

  La revista Rolling Stones los clasificó en el puesto 14 en su lista de los 100 artistas más grandes de todos los tiempos.

viernes, 27 de marzo de 2015

Fragmento de Adagio 123

  Hubo un breve momento de silencio sepulcral. De las galerías contiguas nos llegaban pasos rumorosos apenas perceptibles. Arnáiz, que parecía mostrarse más impaciente, al menos por su manera de bambolear las gafas de sol por una de sus patillas, se rascó en una de las sienes, al tiempo de imaginárnoslo reflexionando. Al cabo, habló:

  "Está bien. Vosotros sabéis algo gordo y no me lo queréis decir sin recibir antes una contraprestación, ¿no es eso?"

  "Algo así -le contestó Feli."

  "Y ¿cuánto vale esa información?"

  "Mira tú. Para que la empieces a valorar en su justa medida, ¿qué te parece para empezar el nombre de Fidel? -le dijo Feli sin variar un ápice su entonación, como dando muestras de una frialdad sin igual-. Tal vez te suene el nombre."

  "Ya entiendo. Alguien de la familia te ha encargado descubrir a su paradero y has averiguado cosas importantes. No quiero discutir más sobre el asunto, me aburre. Dime todo cuanto sepas y marca el precio; cuanto antes acabemos, mejor."

  Como el Comisario no alcanzaba a valorar -o eso nos pareció- todo cuanto conocíamos al respecto, tu padre, incapaz ni siquiera de parpadear ante la magnificencia de la obra del Greco, volvió a meter más carga de profundidad a sus palabras:

  "¿Qué me dices de Amina y Alina?"

  Al fin, al mentar el nombre de las haitianas, Arnáiz pareció caer en la cuenta de ser nosotros quienes teníamos la sartén por el mango.

  "Por tanto, sois vosotros quienes tenéis encerrados a las chicas y a Fidel. Supongo que también a Clemente. Por si lo ignoráis, el secuestro es un delito muy grave. ¿Por qué no me dices de una vez qué pretendes?"

  Hubo un momento de mutismo aprovechado por tu padre para sacar de uno de los bolsillos de la americana un envoltorio diminuto conteniendo un puñado de burundanga. Mientras se lo extendía al Comisario, ni un instante dejó de taladrar impertérrito el enorme cuadro con aquel señor tan incorpóreo. Al ver el contenido, a Arnáiz le faltó tiempo para envolverlo a toda prisa y prevenirle por si se había vuelto loco mostrando aquello delante de tanta cámara de seguridad. Más calmado tras el riesgo de ser descubierto, una vez tu padre había retornado la droga al bolsillo interior de la americana, el Comisario tomó de nuevo la palabra, sin disimular más tiempo.

  "Así que estáis al corriente de todo el tejemaneje. No sé cuáles son tus peticiones y si sólo pretendes el silencio a cambio de una buena cantidad de dinero. Saber sabes algunas cosas; y pese a todo no tienes pruebas concluyentes contra mí. Como detective que eres y antiguo policía, también estarás al corriente de que no sólo el secuestro, también el allanamiento de morada es un grave delito tipificado en el Código Penal..."

  (Fragmento correspondiente a parte de las páginas 92 y 93

miércoles, 18 de marzo de 2015

EL DESENCANTO (3)

  A mi parecer, El Desencanto es otro de los grandes hallazgos de la cinematografía española. En la cinta, a medio camino entre el documental o docudrama y unas memorias hechas imágenes, trasciende sin subterfugio el estado anímico de la familia en aquel presente de 1976, el del desencanto. A través del ruido de una grabadora y de la foto antigua con que da inicio el largometraje, se puede profundizar en la mente de los cuatro protagonistas. Sus rostros muestran a personas aisladas en sus mundos, a individuos que ya presagian una desilusión latente y la imposibilidad de comunicarse. Se manifiesta así el triunfo ensordecedor de la soledad. 

  Rodada a lo largo de un año por el madrileño Jaime Chávarri, autor también del guión, quizá sea su mejor obra y a la postre un enorme legado para la historia del cine español. Según parece, Chávarri, buen amigo de Michi, el hermano menor de los Panero, se dejó convencer por éste para que se pusiera manos a la obra. Y lo que en principio iba a ser un cortometraje rodado en un manicomio, devino en un acercamiento descarnado al clan con cuna en Astorga.

  La trayectoria vital de la viuda Felicidad Blanc y sus tres hijos no tiene desperdicio alguno. Partiendo del fallecimiento en 1962 del patriarca Leopoldo Panero (falangista, poeta cercano al régimen y con cargo importante en el Instituto de Cultura Hispánica), los cuatro sobrevivientes hablan en torno a la influencia determinante en sus vidas del poeta muerto. Felicidad, la esposa, habla desapasionada de su relación con el poeta y la camarilla de amigos, entre ellos los poetas Luis Cernuda o Luis Rosales. A lo largo del discurso de una mujer tan culta surgen frases impactantes, como esa en la que admite haberse enamorado de Leopoldo al imaginarlo ya mayor junto a ella. Por otra parte, los tres hijos hablan sin tapujos de un padre autoritario, de una madre inconstante y de ellos mismos como poco menos que escoria. De hecho, en otra frase sin desperdicio, Michi cree que ellos serán los últimos Panero vivos, pues el apellido está abocado a la desaparición por culpa del alcoholismo, la locura, etc.

  Admito que esta obra es una de mis debilidades. Cuando la vi por vez primera en 1981 me quedé desorientado, sin atreverme a un juicio justo, aunque sabiendo que allí había algo más que un documental al uso. Tras posteriores visionados ya no me cupo la menor duda de su grandeza. Galardonada por el Círculo de Escritores Cinematográficos, también obtuvieron los hermanos Panero el reconocimiento por parte de Fotogramas como los mejores actores de aquel año. Cabe destacar que esta es la última película que sufrió las injerencias de la Censura, que cortó algunos de los diálogos de Juan Luis alusivos a su estancia en la cárcel y a la sexualidad.

  Como ya dije antes, la dirección y guión son de Chávarri, la fotografía espléndida en blanco y negro corresponde a Teo Escamilla y la producción es del prolífico Elías Querejeta.

sábado, 14 de marzo de 2015

A MEDIO GAS

  De gratísima se puede calificar la lectura de esta novela escrita por Manolo García Álvarez. A medio gas es un compendio certero del tiempo presente, donde se dan la mano el apresuramiento y la fugacidad, el individualismo y las ansias de triunfo a cualquier precio, también lo banal y la levedad; A medio gas es la bofetada perfecta, un crochet impactando en mitad de nuestra conciencia adocenada.

  Para quien se sumerja en las páginas de este libro -algo, se mire por donde se mire, muy recomendable-, puede suponer un soplo de aire fresco, dado que el autor, más allá de su intencionalidad de hacer pasar un rato de entretenimiento a sus lectores, plantea algo más profundo y que debería hacernos recapacitar, como es el devenir de nuestras propias vidas. ¿Realmente estamos satisfechos de nuestra existencia? ¿Estaríamos dispuestos a dimitir de nosotros mismos a cambio de otra vida más útil? Óscar, el protagonista de A medio gas, pertenece a la fauna de los conformistas y mediocres, sin que de momento se haya atrevido a romper con su anodina pareja o con una madre vengativa dispuesta a hacer la puñeta, incapaz de renunciar a unos amigos insoportables o al trabajo nada enriquecedor.

  En ocasiones, alguien decepcionado de sí mismo, da con la espita adecuada para romper con su antigua vida e iniciar otra nueva más auténtica. En el caso de Óscar hay un accidente llamado pollo al chilindrón y que viene desde el aire, golpeándole, mejor dicho, zarandeándole la cabeza hasta hacer de él un hombre nuevo, resolutivo, audaz. A ese cambio contribuye la irrupción de un mago o prestidigitador en el lugar del accidente y que atiende por el nombre de Darío, un hombre que hace tiempo se ha desligado de cualquier tipo de mediocridad.

  Sin ningún género de dudas A medio gas es una lectura muy recomendable. Mi más sincera enhorabuena al autor.

jueves, 19 de febrero de 2015

A la venta Adagio 123

  La novela Adagio 123 ya está a la venta en librerías de Villafranca, El Bierzo y Menorca.

lunes, 16 de febrero de 2015

LA CAZA (2)

   De La caza (1965) se pueden decir muchas cosas, como que es explicativa de una época, una bajada a los infiernos, un delirio violento de su director Carlos Saura, o el prodigio alegórico de la España más belicosa. Por encima de cualquier etiqueta que le queramos poner, el tercer largometraje del oscense está, sin dudarlo, entre los imprescindibles de nuestro cine, yo me atrevería a situarlo entre los diez mejores. Al estrenarse en las salas españolas la acogida fue negativa, acaso porque no se entendió  muy bien su mensaje. Por el contrario, el reconocimiento internacional de esta película con tan bajo presupuesto, dos millones de pesetas, fue unánime, corroborado por triunfos como el Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín, mejor película en el FC de Acapulco, FC de Londres, FC de San Francisco, con el añadido de los galardones otorgados por el Círculo de Escritores Cinematográficos que además otorgó el premio a Alfredo Mayo como actor protagonista -tal vez el mejor papel de su cinematografía-, y el de mejor fotografía.


  El argumento de la película es tan simple como efectista. Cuatro amigos se reunen tras 8 años sin verse para tomar parte en una batida de caza. Todos conviven con algún problema serio, como el alcoholismo, una separación en ciernes o la necesidad acuciante de dinero. Tres de ellos combatieron en el bando franquista durante la Guerra Civil, mientras el cuarto es mucho más joven y desconoce el grado real de amistad entre los otros. El coto destinado a la caza se ubica en el mismo lugar donde ellos lucharon muchos años antes. A pesar de una cierta complicidad, el ambiente está impregnado de un odio apenas disimulable, favorecido por un entorno árido, con huellas del trágico pasado -se rodó en Aranjuez, Esquivias y Seseña- y un calor irritante -está filmada durante el mes de agosto-. Previas a la tragedia final hay varias escenas que vaticinan lo irremediable. En una, Luis (José Mª Prada) se lía a tiros con el cuerpo de un maniquí que acaban de traer del pueblo. En otra, los cazadores montan las armas 

con la destreza propia de militares a punto de entrar en combate. Además el dramatismo creciente se refleja a través de los diálogos entre los tres veteranos, pero también en el detalle del sudor que perla sus frentes o en la atinada banda sonora de Luis de Pablo. Finalmente, tras reproches y la reaparición de viejos fantasmas del pasado, la película se precipita al final con una auténtica caza humana de la cual escapará Enrique (Emilio Gutiérrez Caba), el más joven de los cuatro.


  En su momento la crítica calificó a la cinta como una metáfora de la Guerra Civil, o sea: rencor, envidia escondida, amistad interesada, crueldad, violencia y muerte. Eso a pesar de que en todo el metraje no se mencionan los términos Guerra Civil ni mucho menos Cruzada, aunque sí se mencione la palabra guerra. El título original iba a ser La caza del conejo, pero la Censura acortó el título por valorar que tenía connotaciones ofensivas hacia la mujer. Saura reconoció posteriormente el acierto de titularse La caza. Al hilo de esto último, conviene recordar que algunos críticos han querido ver en la escena donde los hurones fuerzan la salida de los conejos de sus madrigueras, una especie de alegoría de la aplicación de la Ley de fugas franquista, al ser abatidos en cuanto aparecían por el hueco y se ponían a tiro.


Esta fue la primera colaboración entre Elías Querejeta, el más grande de los productores, y Carlos Saura. Ambos pagaron a escote el coste de la producción. El espléndido montaje corresponde a Pablo G. del Amo, la fotografía intensa en blanco y negro es de Luis Cuadrado y el 2º operador Teo Escamilla. El guión fue escrito por Carlos Saura y Angelino Fons, siguiéndose por estricto orden cronológico, de ahí el final sangriento que ya estaba escrito como colofón.


  A modo de anecdotario señalo que el prestigioso director Sam Peckinpah reconoció haberle cambiado la vida cuando vio la película. O que al maestro de maestros, don Luis Buñuel, le encantó, admitiendo que le hubiera gustado haberla dirigido.


  Sin ningún pero, esta es una película para disfrutar y hacernos una reflexión sosegada. Un verdadero gustazo para la vista.



lunes, 9 de febrero de 2015

Las mejores películas del cine español (1)


  Fresca aún la entrega de los Premios Goya a lo mejor del cine español en 2014, puede ser un buen momento para recordar las películas imprescindibles en la historia de nuestro cine. La tarea no es sencilla teniendo presente que allá donde hay un juicio crítico por parte de los entendidos, hay inevitablemente subjetividad. Aunque ciertamente exista un amplio acuerdo a la hora de evaluar a un puñado de películas, en torno a 10 ó 12, como las mejores, estando en la mente de casi todos los críticos, y que según cada cual modifica el orden atendiendo a sus preferencias.


  Para hacer una clasificación que nunca podrá ser definitiva, he consultado varias valoraciones o listas, a través de las cuales se infiere una cierta coincidencia en calificar a Viridiana (1961) o El verdugo (1963) como la mejor película de nuestro cine. Por detrás y en pugna por el tercer puesto del podio aparecerían cintas como Bienvenido mister Marshall (1952), Plácido (1961), Muerte de un ciclista (1965) o Los santos inocentes (1984). Hasta completar esa decena o docena de films estelares, aparecerían Surcos (1951), Calle Mayor (1956), El cebo (1958), El mundo sigue (1963), La caza (1966), El espíritu de la colmena (1973) o El Sur (1983).


 Llama la atención que al menos 5 ó 6 películas de Berlanga se cuenten entre las 100 más importantes, y que de ellas 3 aparezcan entre las 10 más destacadas. Por su parte, de Buñuel, el más grande de los directores nacionales, se suelen mencionar 3 ó 4 entre el primer centenar, una cifra que sería muy superior teniendo en cuenta que el aragonés de Calanda dirigió la mayoría de sus películas siendo producciones foráneas.

  Otro hecho llamativo es que predominan las películas rodadas entre los años 50 y 70, disminuyendo paulatinamente a partir de los 80 para acá. Por su parte las cintas que se mencionan con anterioridad a los años 50 se cuentan con los dedos de una mano.

  Es significativa pero no unánime, la cantidad de 3, 4 y hasta 5 películas que aparecen reseñadas en relación a autores como Fernán Gómez, Almodóvar o Amenábar, aunque ninguna perteneciente a estos dos últimos esté considerada en el top ten.


Por el lado de las sorpresas, si bien siempre hay alguien entendido que la mencione, llama poderosamente la atención que algunos films no hayan concitado el unánime aprecio hasta escalar las más altas cotas, es el caso de Cría cuervos (1975), El desencanto (1976), El viaje a ninguna parte (1986), Amanece, que no es poco (1989) o la misma ¡Ay, Carmela! (1990), que creo sigue ostentando el record de Premios Goya con 13 nada menos.

    Francamente es difícil determinar el orden exacto en lo referido a calidad y cada cual tendrá sus preferencias. Es seguro que alguna de las películas no mencionadas está en el ánimo de cualquiera de nosotros. Convendría tal vez hacer una pequeña valoración de aquéllas que nos han marcado. Me propongo para otras ocasiones un análisis más detallado de las películas que perduran en la memoria de quienes nos sentimos fervientes seguidores del celuloide.










miércoles, 4 de febrero de 2015

ADAGIO 123

  Un amor imposible que acaba en desamor, un antiguo policía metido a detective privado, dos hermanas siamesas de bandera, una trama policial corrupta de compleja erradicación, el recurrente tablero de Ouija y un desenlace insospechado, aunque no carente de cierta lógica, transitan a lo largo de este libro. Como territorio incomparable Madrid y sus cercanías, si bien convertido ahora en espacio gris, suculento de tentaciones; un universo propicio para el comercio de la droga, del sexo, del poder, y en resumidas cuentas, para la alienación del individuo. Inevitablemente hay un hotel en medio de la Capital donde la depravación se vende a precio de oro a los pudientes.

  En esta novela a contracorriente, el autor aborda a través de sus páginas una serie de sucesos concatenados y hasta absurdos que, terminan por convertir a un detective privado jugando a ser héroe, y a su ayudante, el narrador de la historia, en individuos amorales, sin escrúpulos, atrapados en una red criminal tejida no se sabe muy bien por quién y que dirige el comisario de policía Arnáiz.

  (Sinopsis del libro Adagio 123, de próxima publicación.)

lunes, 26 de enero de 2015

ADAGIO 123

  Yo por mi parte, viendo todo aquello, no sabía con certeza si estaba sumergiéndome en el presente como mero espectador de un film de cine negro visionado a plena claridad del día, o estaba interpretando uno de los papeles. En cierto modo, mientras Clemente avanzaba acompasando la marcha hasta la puerta, en las sienes me parecía estar recibiendo breves y constantes descargas eléctricas, como si mi frente flotase en una nube de incertidumbre, y me miraba la mano sin entender cómo había aceptado los requerimientos de tu padre para empuñar una pistola que oscilaba ligeramente entre mis dedos temblones. El breve espacio de tiempo hasta tener frente a mí al gorila me pareció una perpetuidad insufrible. Suerte que Feli tardó menos en encañonarlo por la espalda que él en preguntarme, pues se disponía a abrir la boca cuando tu padre le advirtió para permanecer en silencio si no quería pasar a mejor vida desde ese momento. Cuando a la orden registré su enorme cuerpo para quitarle la pistola y se dejó caer sentado sobre otra de las sillas de alto respaldo, al ver a tu padre no pudo esconder un gesto de contrariedad en su rostro. En unas pocas horas Clemente volvía a tropezar por segunda vez en la misma piedra. Hizo intención de querer hablar, mas Feli lo atajó con el poderoso argumento del revólver amartillado apuntando sobre uno de sus ojos, al tiempo que yo le ligaba con fuerza al respaldo con la ayuda del precinto de paquetes. Desde ese momento, él metido en su profesión de detective, volvió a retomar el papel tan convincentemente interpretado hasta la irrupción del hombretón, aunque a partir de entonces pretendía que fuera él quien le diera réplica:

  "De modo que has cumplido con el encargo de entregar el dinero a algún individuo para blanquearlo a través de cuentas bancarias. -Clemente no pudo evitar una mirada severa hacia su compañero, el cual pretendía hablar sin trabas-. ¿Por qué no nos cuentas con pelos y señales tu cometido en todo este entramado? Antes se lo he dicho a Fidel y ahora te lo diré a ti: No me gustan en absoluto los cuentos chinos; si acaso, cuando era chico, disfrutaba con ellos, pero como comprenderás, ahora ya no tengo edad para perder el tiempo en minucias. Te sugiero por tanto ir al grano; y reza para que me guste la historia o te machaco a hostias esa cara de melón."

  (Fragmento de Adagio 123, de próxima publicación)