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domingo, 7 de junio de 2026

Reseña sobre "El joven que soñaba con ser el Cid Campeador"

 

Una novela negra introspectiva que combina intriga, identidad y memoria histórica dentro de la literatura contemporánea (La voz de Madrid)

El Día de Sant Jordi vuelve a llenar de literatura y emoción ciudades como Barcelona, donde cada 23 de abril los libros se convierten en el centro de una celebración única. Las calles se transforman en un espacio de encuentro donde lectores y autores comparten historias que emocionan, cuestionan y acompañan. Entre rosas y páginas, el ambiente invita a descubrir nuevas voces y a dejarse llevar por relatos que conectan con lo más profundo del ser humano.

Sant Jordi es también el reflejo de la diversidad de la literatura contemporánea, donde géneros como la novela negra encuentran un lugar destacado. Es una jornada en la que el misterio, la historia y la introspección se combinan para ofrecer obras que no solo entretienen, sino que también invitan a reflexionar sobre la identidad, el pasado y las decisiones que marcan la vida. 

En este contexto, el autor Julio Mauriz ha presentado su obra “El joven que soñaba con ser el Cid Campeador”, una novela que se adentra en los rincones más oscuros de la memoria y la identidad. A través de una narrativa sobria y envolvente, el autor construye un relato que combina intriga y profundidad emocional, posicionándose como una propuesta sólida dentro del género de la novela negra.

La historia sigue al detective Feli, cuya vida da un giro tras un accidente que lo conecta con su pasado a través de Gregorio Barral, su antiguo jefe y mentor. Este reencuentro desvela un secreto oculto durante décadas: la existencia de un hijo desaparecido cuya búsqueda se convierte en el eje central de la trama. A partir de este punto, la novela se despliega como una investigación que trasciende lo policial para adentrarse en el terreno de lo personal.

“El joven que soñaba con ser el Cid Campeador” se sitúa dentro de la literatura contemporánea como una obra que explora la identidad y la verdad desde una perspectiva introspectiva. La investigación lleva al protagonista a enfrentarse no solo a enemigos externos, sino también a sus propios fantasmas, en un recorrido que lo obliga a cuestionar todo lo que creía conocer.

La ambientación en la España de la posguerra, con Madrid como epicentro, aporta una dimensión histórica que enriquece la narrativa. El autor retrata un contexto marcado por la supervivencia, los claroscuros y las tensiones sociales, creando un escenario donde la verdad se convierte en un elemento peligroso. Este trasfondo histórico se integra de forma natural en la trama, reforzando la profundidad del relato.

El estilo de Julio Mauriz destaca por su precisión y su capacidad para mantener la tensión narrativa. La combinación de intriga, emoción y reflexión convierte la novela en una lectura absorbente, donde cada avance en la investigación aporta nuevas capas de significado. Como precuela de “Adagio 123”, la obra también contribuye a construir la personalidad del detective Feli, ofreciendo una visión más completa de su historia.

La publicación de esta novela ha contado con el respaldo de Letrame Grupo Editorial, una editorial que continúa apostando por obras que combinan calidad narrativa y profundidad temática. Las opiniones Letrame destacan su compromiso con autores que exploran nuevas perspectivas dentro de la novela negra, consolidando su presencia en el panorama literario.

La presencia de Julio Mauriz en Sant Jordi ha sido una muestra del interés por este tipo de literatura, donde el misterio se combina con la reflexión. Su obra ha encontrado un espacio en una jornada donde cada historia tiene el potencial de atrapar y dejar huella.

Al finalizar el día, Sant Jordi deja una sensación de descubrimiento y emoción. Más allá de los libros y las rosas, permanece el eco de historias que invitan a pensar, a sentir y a cuestionar. Obras como “El joven que soñaba con ser el Cid Campeador” recuerdan que la literatura sigue siendo un espacio donde explorar las verdades más complejas.

En definitiva, Sant Jordi continúa siendo una celebración imprescindible que mantiene viva la pasión por los libros. Autores como Julio Mauriz demuestran que cada novela es una oportunidad para adentrarse en lo desconocido y descubrir que, a veces, la mayor incógnita es uno mismo.

domingo, 24 de mayo de 2026

Entrevista para Planeta Total

 PLANETA TOTAL  

   Enlace del Blog


Julio Mauriz, “El joven que soñaba con ser el Cid Campeador”. Nuevo libro.






























  El escritor Julio Mauriz Nieto ha publicado su nueva novela: “El joven que soñaba con ser el Cid Campeador”. Como ya comenté en algún escrito anterior, Julio nació en Villafranca del Bierzo (León), una tierra a la que quiere y que ha inspirado una buena parte de su obra. Aunque también tiene ya mucho de menorquín, pues lleva años viviendo en la Isla, y además su mujer es menorquina.

     En sus inicios Julio escribió diversos artículos y realizó colaboraciones periodísticas. Como escritor cuenta ya con una obra amplia, plural e interesante. Habiendo ganado también importantes premios. En las dos partes de este escrito, transcribo la entrevista que le hice, a raíz de la publicación de su nuevo libro: “El joven que soñaba con ser el Cid Campeador”:

 

- ¿Cómo surgió la idea de escribir este nuevo libro: “El joven que soñaba con ser el Cid Campeador?  

     

Un día como otro cualquiera, Felicísimo Fermosel, o sea, el detective Feli, se presentó de pronto llamando a mi puerta para echarme en cara lo poco respetuoso e incorrecto que fui con él. En 2015 publiqué Adagio 123, mi primera incursión en la novela negra. En esa historia, Feli desempeñó el papel de un hombre fuera de control, al tiempo de investigar una corrupción policial que, de forma colateral, le iba a costar la vida. Feli no quedó nada satisfecho de su rol en dicha novela, regresando del cementerio literario para exigir una reparación que lo dejara en mejor lugar, al tiempo de hacer comprensible su conducta desquiciada en aquella novela. Y yo atendí al requerimiento, dándome cuenta de que su personalidad era y es más compleja que la de un simple kamikaze. De ahí surgió la idea de escribir “El joven que soñaba con ser El Cid Campeador”.  


    - Ya me comentaste en la anterior entrevista que hicimos que estabas trabajando en una precuela de tu anterior libro: “Adagio 123”, dando como resultado este nuevo libro que ahora presentas. ¿Podrías comentarme algo al respecto de este proceso? 


  No te sé decir con certeza lo más noticiable. Sí puedo decirte que la idea original era la de hablar de un personaje encumbrado, de relumbrón. Esa semilla surgió en pleno confinamiento por el estallido del Covid-19. A partir de ahí fue madurando esa idea original. Un accidente de tráfico da comienzo a la historia, pero bien podía haber sido otro. En cuanto al final, y a pesar de esa recomendación genérica de tenerlo claro desde el principio, yo no lo tenía en absoluto. Fue, ya muy avanzada la novela, cuando la bombilla del cerebro se me iluminó para dar carpetazo a la historia, digamos que de un modo razonable.

En cuanto al procedimiento creativo, he recurrido a los dos métodos establecidos, es decir: al del escritor de mapa y al de brújula. Por un lado me he dejado guiar en cierto modo por las andanzas de Feli, y una vez escuchada cada una de sus propuestas, he tratado de reorientarlas con sensatez para no perder el hilo argumental de la trama.

Por otra parte, y si bien se trata de información complementaria, casi anecdótica, durante todo el proceso de escritura me he dejado acompañar por las sonatas de Beethoven, interpretadas al piano por Daniel Barenboin. Y en el proceso siguiente, finalizada la novela, me he acompañado de música chill out mientras corregía y/o reescribía la obra, un proceso que requiere casi de tanto tiempo como el primero.

 

En cuanto al tiempo que me llevó el primer proceso, creo que ha rondado el año, repartido en varios periodos, todos en otoños-inviernos.   




   Segunda parte de este texto dedicado al escritor Julio Mauriz Nieto. Con motivo de la publicación de su nueva novela: “El joven que soñaba con ser el Cid Campeador”. En la primera parte a modo de introducción hice un breve comentario sobre su trayectoria en el mundo de las letras. En referencia a su obra como escritor de novelas y a sus colaboraciones en periódicos. En sus inicios Julio escribió cuentos y narraciones que aparecieron en varias revistas y compilaciones con otros autores.

     Además, Julio es autor del guion del documental: “En un lugar de nadie”, de Alejo Sandes, que resultó finalista en el Festival Internacional de Cine de Naturaleza Telenatura. Y es autor también del ensayo: “Valencia C.F., 100 años, 2 meses y 7 días después”. Igualmente, Julio tiene y escribe en su propio blog: “Desde un apartado lugar”, que tiene el siguiente enlace: juliomauriz.blogspot.com

     Aquí va el resto de mi entrevista con Julio que inicié en el anterior escrito:

 

- En “El joven que soñaba con ser el Cid Campeador” me ha encantado como combinas una historia pausada y atrayente con una intriga apasionante. ¿Fue esta la intención que tuviste a la hora de escribir el libro?           

                                                                                                                   Sin duda. He intentado alejarme un poco, bajo mi punto de vista, de la moda imperante hoy día que abunda en episodios vertiginosos y crueles, a veces con exceso de sangre. Creo que una investigación de cualquier índole no tiene por qué mantenerse a flote gracias a una maldad constante, la cual requiere en la mayoría de los casos del esfuerzo agotador de sacar a cada poco un conejo de la chistera por parte de quien escribe la historia. Con el inconveniente añadido de, al poner el foco en todo momento en la acción, descuidar al protagonista, dejando un poco de lado la creación veraz del personaje, con su personalidad única. Feli es poliédrico, siendo él quien me ha cogido de la mano para descubrir a otro Feli que yo desconocía. En cierto modo su papel en esta novela ha enmendado la plana al papel jugado en Adagio 123; siendo en realidad un antihéroe, lo cual me ha permitido jugar con un tono más introspectivo, más pausado.  


 -Esta es tu segunda obra consecutiva del género de novela negra o thriller, escribiendo la primera cuando ya contabas con una obra variada y reconocida. ¿Tienes previsto continuar o volver a este género de intriga y suspense en el futuro?                            


No lo descarto. Me parece que el personaje –ahora lo conozco mucho mejor- es enriquecedor y tiene múltiples posibilidades, teniendo en cuenta su condición de detective privado, y anteriormente policía. Valoro la posibilidad de hacer crecer la saga con más historias en las cuales participe Feli.                       


 - Me ha parecido una muy compleja e interesante historia la de este libro. ¿Hay algún elemento autobiográfico o alguna historia real que de alguna forma te haya servido de inspiración para el argumento? 


Creo que no. Tal vez mi subconsciente le haya transmitido algo al personaje de Feli, es inevitable, pero no de una manera intencionada. En cuanto a historias reales tampoco, aunque existe, qué duda cabe, la problemática de los niños desaparecidos durante una etapa importante de la historia de España, que no está tan lejana en el tiempo. 


   En la foto que ilustra este escrito vemos a Julio, y al fondo una vista panorámica de Villafranca, su pueblo.

 


domingo, 19 de abril de 2026

El joven que soñaba con ser El Cid Campeador (Capítulo XVII)

La casa es un revoltijo. El dormitorio de Rufino Alcántara se ha convertido en un mercadillo donde pantalones, camisas, jerséis, chándales, ropa interior, se entremezclan en una sucesión abigarrada de tejidos y colores, estrambótica a todas luces. La cama matrimonial, excesiva para un hombre solo, sostiene un amasijo de sábanas enredado en la suavidad de un edredón nórdico. En el suelo, al lado de una de las mesillas, una almohada individual estampada con varias manchas de sangre, da muestra del ensañamiento de los asaltantes. También las sábanas o el edredón están salpicados de lunares y reguerillos escarlata, pero en mucha menor intensidad.


  El salón donde hace bien poco se había entrevistado con el responsable de trazar un relato publicado en torno a la agresión de la modista, hacía la eternidad, es ahora el remedo de una estancia en el zoco más apoteósico de África. Los cajones han sido vaciados, arruinados con el propósito de encontrar algo comprometedor. Los papeles, documentos y carpetas, antes guarecidos entre la madera noble, están desperdigados, ocupando casi por completo la alfombra central, las butacas y la mesa baja custodiada por estas, también los rincones más insospechados. La caja fuerte, emboscada tras un Picasso de imitación, permanece abierta. El cuadro está apoyado sobre la misma pared, En el interior de la caja, para sorpresa del detective, reposa un fajo no excesivo de varios billetes de euro sin estrenar, además de joyas, o el legajo oficial de una notaría. A todas luces se debe descartar el móvil del robo.

  La víctima es ahora mismo un zombi, una piltrafa viviente. Le ha costado un triunfo abrir la puerta, nada extraordinario teniendo en cuenta su pronunciada cojera en una de las piernas, además de contusiones varias. En un momento de debilidad, Dámaso piensa que, a pesar de las muletas, no se cambiaría ahora mismo por el periodista jubilado, aunque le obsequiaran con una paga extra y/o un cinco más complementario en la primitiva. Un seis sería otro cantar.              
 

  Al hombre de la casa le cuesta un mundo articular las palabras, si bien son pronunciadas con algo más de claridad. Feli recomienda al ayudante que se siente en una de las sillas vacías, mientras deja que el agredido apoye el brazo en su hombro, al tiempo de sujetarlo por debajo de una de las axilas para no perder el equilibrio de camino al baño. Por fortuna la estancia parece haberse librado de la furia. Poco a poco, con la ayuda del botiquín de mano, va restayando las heridas del rostro hasta desterrar por completo cualquier vestigio de sangre. A cambio, el semblante devuelve certero los embates de la paliza. Tiene un corte en la ceja izquierda, como si un pugil del peso pesado le hubiera obsequiado con un crochet de derecha. El pómulo del mismo lado lo tiene inflamado, como si le hubieran implantado una pelota de golf roja muy cerca del ojo. Un chichón se ha apoderado del centro de la frente, amenazando a primera vista con brotar reencarnado en un asta. En la nariz tiene molestias, pero el detective -que ha hecho infinidad de cursos de primeros auxilios- descarta la rotura...




                                                                           
                                                                     
 

miércoles, 18 de marzo de 2026

El joven que soñaba con ser El Cid Campeador. Novela negra (463 pag.)

 

INICIO DE LA NOVELA


Como cada sobremesa, Feli atiende a las noticias de las tres en la televisión, a veces sin fijar la mirada en la pantalla al sumergirse en un duermevela. Al acabar de comer, salvo los días, bastantes por cierto, en los que la faena le obliga a hacerlo fuera de casa, mantiene ese hábito del sopor intencionado adquirido hace años.


  Aún con el sabor dulzón del tiramisú en la lengua, de pronto, sin sospecharlo, con sordina al principio, escucha el comunicado, un comunicado aparentemente inocuo para su futuro profesional; siendo, no obstante, el punto de partida para ser arrastrado por la fuerza del destino al borde mismo del despeñadero, aunque eso no ocurrirá hasta semanas más tarde, conforme se sucedan los acontecimientos.


  Un Lexus SC430, negro, deportivo, de campanillas. La A-3 en sentido Valencia. Vuelco. Colisión posterior. Nada de particular, piensa con los ojos entornados. Un accidente más. Un conductor, como otros muchos, empotra el vehículo contra la mediana después de volcar, salvando la vida de milagro, gracias a la fiabilidad de la marca japonesa.


  Pero el conductor no es un anónimo ciudadano jugándose el pellejo sobre un artefacto capaz de alcanzar su velocidad punta en pocos segundos. Se trata, dice la presentadora del telediario, de Gregorio Barral. Al escuchar el nombre abre los ojos anegados de incredulidad. Entonces presiona la tecla del volumen en el mando a distancia, mientras sus pupilas se dilatan para no perder detalle de las imágenes.


  Tiene un momento de duda. Acaso no ha escuchado bien, y esa suerte de modorra le haya jugado una mala pasada. Sin embargo, la joven periodista repite el nombre de Gregorio Barral, empresario de éxito en el sector de la seguridad, uno de los españoles más rico. Un self-made, el hombre exitoso que empezó a forjar su imperio económico a partir de la primera mitad de los años sesenta del siglo pasado.


  Sin duda se trata de él, su antiguo jefe cuando aún trabajaba como uno más de los vigilantes de seguridad en la empresa, ahora convertida en una de las dos o tres más sólidas y cualificadas del sector.


  La pantalla de cincuenta y cinco pulgadas muestra el estado calamitoso del vehículo siniestrado. El periodista que se ha trasladado al lugar de los hechos asegura que los agentes y bomberos personados a la altura del km 18 no se explican cómo el empresario de sesenta y dos años, único implicado en el accidente, puede haber sobrevivido a varias vueltas de campana antes de estampar el coche contra el guardarraíl de acero. A renglón seguido, el informativo da paso a una colega de profesión que hace guardia a las puertas del hospital Gregorio Marañón. La joven advierte del estado de salud del empresario, alentador a todas luces teniendo en cuenta la aparatosidad del accidente. En ese preciso momento está siendo intervenido de una de sus piernas, sin especificar cuál, además de operar sobre lesiones internas del aparato digestivo. El dictamen preliminar, sin informes oficiales hasta que concluya la intervención quirúrgica -piensa el detective- se puede considerar precario, a pesar de una primera valoración optimista, sin descartar quebrantos más graves aún ocultos a los cirujanos. 


 Sacudido por el impacto, del paquete de habanos que reclama su atención desde la mesa baja, extrae uno de los pitillos y le prende fuego, dando una calada profunda, exhalada después de retener el humo durante dos segundos eternos, como si con el empeño de castigar los pulmones buscara espacio más propicio para la reflexión. En un acto reflejo se retrepa sobre la butaca orejera para facilitar la maniobra de acercamiento al vaso a medio llenar de whisky Lagavulin de 16 años, vaciándolo de un trago. Busca la tecla de silencio del mando a distancia y desconecta por completo de cuanto vayan a decir en adelante los profesionales de la información, aunque siga mirando la pantalla sin ver nada, abstraído en pensamientos ajenos, inmerso en una deliberación de calado, en la mejor manera de proceder.



Han pasado algunos años del distanciamiento, si no de manera fehaciente sí disimulada. No se relacionan, más allá del saludo escueto y de compromiso cuando ambos coinciden en la calle; si bien, desde el último verano, agosto, no recuerda ningún encuentro fortuito, algo por otra parte justificable teniendo en cuenta su traslado al piso de soltero en la calle de Pío Baroja, en pleno distrito de Retiro. Por su parte, el propietario de BARRALSA SEGURIDAD sigue viviendo en Arganzuela, colindando con Usera; y con toda seguridad continuará en el mismo domicilio el resto de su vida, a tenor de las dimensiones y confort de su enorme vivienda.


  Ahora, sin pretenderlo, Feli tropieza en la trampa de la añoranza, ya que, no demasiado lejos de la mansión del empresario, Clara y él han convivido veinte años en una vivienda sita en la calle Marcelo Usera. Ahora el piso es ocupado en exclusiva por su esposa, en trámites de divorcio...