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viernes, 25 de octubre de 2024

HISTORIAS DEL SENADO (y otros relatos)

Confieso que me ha costado escribir sobre este libro, teniendo en cuenta que Hernán ha sido mi maestro de escuela, después padrino de Confirmación, más tarde compañero en el Coro San Valentín, colega en este apasionante oficio de escribir, y por encima de cualquier otra cconsideración, un amigo para toda la vida. Con estos antecedentes hubiera sido mejor eludir el compromiso, y más teniendo en cuenta que el ancarés de nacimiento y con  cuna en Villafranca, jamás me iba a reprochar haberme hecho el olvidadizo, teniendo en cuenta su proverbial talante acorde al escaso interés por llamar la atención, mucho menos por salir en los periódicos y demás medios de comunicación. Pero habría sido hacerle un feo por mi parte ir contra la lógica de lo razonable, siendo un deber de justicia valorar como se debe un libro tan singular como el de mi amigo.


  No miento si digo que muy raras veces vuelvo sobre un libro. Este lo leí en diciembre de 2023, volviendo sobre sus páginas en septiembre pasado. Y si la primera vez me gustó, su relectura me ha entusiasmado. Creo que Hernán Alonso consigue con sus Historias del Senado (y otros relatos) un hito en su dilatada carrera de escritor. Lástima que el libro no tenga más narraciones. Se lo merecía. 



  Este libro, publicado en 2023, es una miscelánea de géneros donde predominan los relatos, verídicos o inciertos, los cuales rezuman una manera de ser y estar berciana (y ancaresa). 



  El primero, y más extenso, Historias del Senado, es un prodigio, una especie de fanfarria a través de la cual se entrelazan varias historias chiquititas que dan sentido a la realidad de una bodega mítica y ya desaparecida. Es, resumiendo, la radiografía costumbrista y vital del paisanaje villafranquino en los días añorados de vinos sin rosas, salvados por la saludable costumbre de pegar la hebra. El siguiente, Lejano amanecer (Premio "Enrique Gil y Carrasco" (1994), es un relato nostálgico de la niñez en una aldea de la montaña ancaresa. Aquí Hernán recurre a la memoria, para, a través de un gran dominio del lenguaje, pergueñar las (o sus) primeras señas de identidad. A continuación, Ella nunca lo haría, es una suerte de alegato en favor de los animales domésticos: los perros, que muchas veces son abandonados sin remordimiento alguno por sus dueños, a fin de disfrutar de unos días de vacaciones. Le sigue, El Sil, testigo de la historia. Es esta la primera narración que se sale de los cánones de un relato. Se trata de un sentido homenaje al río de más longitud, y a El Bierzo, que es regado por sus aguas, aguas con mucha historia. Prosiguen las páginas con la historia de (debe de ser cierta, o tal vez no), Yo quería ser capitán, dedicatoria incluida a su amigo ya fallecido, Antonio Robés, un canto de añoranza a la niñez. 



 Hago aquí un aparte porque, Memorias de un sacristán (Premio del Concurso Cultural 1992 -Revista el Aguzo), me parece a mí una historia redonda, la mejor. El sacristán Evaristo, o "Cune", como se prefiera, es un magnífico y memorable ensayo sobre la irreverencia, pero controlado en todo momento para no implosionar, algo que ocurre con alguna asiduidad cuando los excesos se salen de madre por el entusiasmo del autor. Este Memorias de un sacristán podría considerarse el comienzo de una novela corta -si no lo es-, donde la ironía y el sarcasmo se dan la mano, y donde el tono mordaz rivaliza con los escritos más insolentes de D. Francisco de Quevedo. 


  Las dos últimas narraciones entroncan con el carácter reivindicativo. Como ocurre en El Sil, testigo de la historia, Hernán reclama la autenticidad, el valor y la pervivencia de la tierra en esta, Un día por la Somoza del Bierzo. Con el autor viajamos por parajes preciosos tras muchos años de ausencia. Prendido por la fuerza de las palabras y de un lenguaje primoroso, apenas me cuesta nada acompañarlo, imaginándome fuera del tiempo presente. Y la otra, la última, Este Bierzo soy yo, me parece a mí el compromiso total del autor con ese pedazo de tierra leonesa que linda con Galicia, y que se siente única. Es una soberbia crónica con sones de arrebato y que en cierto modo ya prefigura la precedente. 


  En resumidas cuentas nos encontramos ante historias muy lindas y variadas, donde el sello del autor es inevitable. Un libro que recomiendo para ser leído en estos días otoñales, ¿por qué no al calor del fuego que va calentando el tambor en donde con estrépito se abren las castañas? 





                                                              

      

 

domingo, 27 de abril de 2014

La CIUDEN en riesgo de liquidación


   En las últimas semanas se vienen agolpando las malas noticias en cuanto a la viabilidad de la Ciudad de la Energía, una entidad que bien podría llegar a su liquidación si no se remedia con la fuerza y unidad de todos los bercianos; algo por lo demás en entredicho a tenor de la baja participación de ciudadanos en la última manifestación organizada por la Plataforma en defensa de la CIUDEN, en torno a 200 ó 300.  

  El proyecto de envergadura cuya culminación sería la captura y almacenamiento de CO2 nacía tras un Consejo de Ministros del año 2006, a la postre una de las promesas electorales del sr. Zapatero para desarrollar en el Bierzo. Nacía así la Fundación tras una inversión considerable de dinero y con la firme intención de ponerse a la vanguardia europea en lo concerniente a la generación de energía limpia a partir de productos altamente contaminantes como el carbón, uno de los fósiles más nocivos para el medio ambiente. El plan global contemplaba en sus estatutos fundacionales una fuerte apuesta por el desarrollo social y económico de nuestra comarca, además del proyecto del Museo de la Energía y otras muchas vías de exploración expuestas por ejemplo en informes referidos al ahorro energético en municipios, o la recuperación de escombreras, cuando no puesta en marcha de terrenos deportivos. Todas las finalidades ideadas en tiempos del dinero a espuertas entrando en el erario público merced a la pujanza desmedida del sector del ladrillo, hicieron que el proyecto inicial se sobredimensionara, eso es cierto, como también que en los tiempos que corren el proyecto se debe readaptar con rigor; pero de ahí a minimizar su actividad hasta convertirla en residual hay un trecho enorme.

  Dicen los más pesimistas que el actual director de la CIUDEN y estrecho colaborador del ministro Soria -hoy ya disuelta la Fundación como ente jurídico propio-, sr. Castiñeiras, tiene encomendada la misión de eliminar los fragmentos del antiguo proyecto global de la Fundación, hoy repartida su gestión entre diversos organismos públicos, lo cual ha venido a desdibujar sustancialmente su cometido.

  No hay que ser un lince para darse cuenta de que el actual gobierno siempre ha renegado del carbón. No se necesita retroceder muchos años para escuchar al sr. Rajoy, entonces en la Oposición, condenando su consumo. Concretamente, el 18-11-2009, en sede parlamentaria decía: <<mientras otros países europeos apuestan por reducir la dependencia energética y el uso del carbón, aquí hacemos lo contrario>>. La contradicción es manifiesta, pues son ellos quienes han abjurado clamorosamente de las energías alternativas -carísimas, dicen ellos-; y en lo referido al carbón, en el Bierzo hay mucho, otra cosa es el coste de extraerlo, las huellas que deja en la tierra y el daño causado a la atmósfera. Ahí es donde tenía o tiene su razón de ser la CIUDEN, porque si finalmente se resuelve felizmente la captura del dióxido de carbono -en 2012 se culminó con éxito dicho procedimiento- y su complejo almacenamiento a un precio razonable, tal vez el carbón tendría futuro más allá del año 2018. A lo que se ve, los actuales mandatarios y particularmente el sr. Soria sí apuestan por la exploración de nuevos yacimientos de petróleo en aguas marítimas, siendo como es el principal elemento contaminante mundial e inductor esencial del cambio climático presente.                    

  En manos de los bercianos está hacer frente común contra un gobierno que jamás ha creído en el proyecto y por descontado en todo aquello que huela a I+D+i, no hay nada más que ver cuántos científicos e investigadores han tenido que abandonar de nuevo España. Los mandamases de Madrid, no obstante, debieran de saber que todo lo que no sea invertir en aquello, educación y también cultura, por qué no, aboca al país a la miseria y al embrutecimiento intelectual. Sigo creyendo posible un cambio del modelo productivo cimentado en inversión, desarrollo, educación, lo cual, es una obviedad, conlleva el invertir un porrón de dinero -lo caro finalmente suele salir barato-, además de sacrificios ingentes que terminarán dando su fruto. Si no se cambia la dinámica actual, en donde lo más socorrido es montar un bar, una tienda de ropa o de comestibles, el restaurante de marras, el hotelito de temporada o hacerse autónomo sin actividad conocida (ojo, yo también haría lo mismo ante una situación límite pues el intelecto no me da para más), ahondaremos en hacer a la nación más vieja, con más necesidades, materiales y espirituales; con menos población activa por la emigración y la disminución de la natalidad; y una economía de subsistencia por las rebajas salariales que hará de la clase media, antes predominante y musculosa, algo residual y en riesgo de extinción. El sino del tiempo presente es el de la glorificación del capitalismo sin alma, ese que no le importa dejar a millones de seres humanos tirados en la cuneta para mayor satisfacción de los mercados.

  Los bercianos deberíamos dejarnos de rencillas, de luchas políticas absurdas, de discusiones en cuanto a la funcionalidad o no del plan y unirnos todos para defender con uñas y dientes algo que es nuestro y que en su momento tuvo y tiene el respaldo de la UE. El no está ahí y cruzarnos de brazos sería la peor solución, al menos se debe intentar hasta el último momento.