miércoles, 26 de agosto de 2026

El joven que soñaba con ser El Cid Campeador

 



Reseña de mi novela, El joven que soñaba con ser el Cid Campeador, en Voz de Madrid y otros medios escritos.










JULIO MAURIZ NIETO REINVENTA LA NOVELA NEGRA SIN ESTRIDENCIAS EN ‘EL JOVEN QUE SOÑABA CON SER EL CID CAMPEADOR’


El galardonado escritor leonés publica una ficción introspectiva ambientada entre el Madrid del franquismo y el año 2002 que reivindica la memoria, el ritmo meditado y el realismo frente a la violencia gratuita.

MADRID. — El escritor de origen leonés y afincado en Ciutadella de Menorca, Julio Mauriz Nieto, ha presentado su nueva obra titulada El joven que soñaba con ser El Cid Campeador, una propuesta de novela negra que se distancia de los clichés comerciales del género para ofrecer un relato pausado, enfocado en el rescate de la memoria histórica y la profundidad psicológica de sus personajes.

Nacido en Villafranca del Bierzo y con una dilatada trayectoria en el ámbito literario que incluye el premio Hontanar de narrativa breve por Tras los visillos y el reconocimiento de Cuando el tiempo decide como «Libro Leonés del Año», Mauriz Nieto alcanza con este título su séptima publicación individual. El origen del manuscrito, desarrollado a lo largo de dos años de trabajo intermitente, responde a un deseo de «reparación» literaria hacia su protagonista, el detective privado Feli, un personaje que ya había aparecido de forma secundaria en su anterior obra Adagio 123.

La trama arranca en el año 2002 con un encargo aparentemente convencional: Gregorio Barral, un poderoso empresario con un cáncer terminal, contrata a Feli para que localice a un hijo bastardo nacido en 1957 al que jamás llegó a conocer. Esta premisa obliga al detective a adentrarse en una investigación retrospectiva que retrocede hasta la España franquista de mediados del siglo XX, cruzándose con la sombra de la Falange y los servicios secretos de la época. Aunque la investigación traslada la acción por puntos como Segovia, Girona, Alcalá de Henares o Menorca, es la ciudad de Madrid —y en especial el barrio del Pilar— la que adquiere la condición de personaje vivo mediante la evocación de sus calles, plazas y cines invernales.

Un detective humano frente al estereotipo del héroe invulnerable

A través de un tono contenido y una prosa elaborada a fuego lento, la novela huye deliberadamente de la acción frenética y de los derramamientos de sangre gratuitos. En su lugar, presenta a un investigador alejado de la figura del superhéroe literario: Feli es un hombre corriente, metódico y astuto que atraviesa un proceso de crisis personal y separación matrimonial.

Acompañando al protagonista, la historia despliega una red de figuras secundarias de alta carga emotiva y social, como una monja de clausura ligada a los secretos del pasado, un periodista retirado del histórico semanario El Caso, antiguos agentes de operaciones encubiertas y personajes que precipitan la resolución del enigma en sus páginas finales.

«He tratado de seducir al lector sin recurrir a la sucesión constante de sangre a raudales, dejando el espacio suficiente para tomar aire y profundizar en las emociones», explica Mauriz Nieto, quien concibe este trabajo como una crónica sentimental sobre la memoria y las consecuencias del poder. La obra ha cosechado primeras impresiones muy favorables entre los lectores por su pulso narrativo introspectivo y por el modo en que desentraña el misterio tras los abusos de las élites del pasado.

El respaldo editorial en la edición de autor

La edición, maquetación y producción de El joven que soñaba con ser El Cid Campeador ha contado con el soporte profesional de Letrame Grupo Editorial. La labor coordinada con la editorial ha permitido plasmar el cuidado estilo del autor en un volumen idóneo para el mercado de la narrativa contemporánea. La obra continúa reuniendo opiniones positivas entre los lectores que buscan historias de intriga pausada, consolidando las opiniones Letrame como un aval clave para autores independientes de amplia trayectoria.



lunes, 27 de julio de 2026

El Mundial (Mis charlas con Fermín)

 

  - Cada vez hablamos menos.


  - Pero seguimos en contacto por teléfono.


  - Desde enero no has vuelto a publicar de nuestras charlas.


  - ¿Qué quieres? Entre la publicación de mi libro y tus viajes frecuentes a Madrid por tu hija... ¿Está mejor?


  - Está estabilizada, que ya es bastante. El tiempo dirá cómo evoluciona el mal. Por cierto: te veo menos flaco.


  - Y yo a ti más joven.


  Se ha quitado la barba, está en forma (se notan sus horas de gimnasio), y encima le han quitado años de encima con la mejoría temporal de su hija. Nadie diría que le queda un año, o a lo sumo dos para jubilarse.


  - Pues será por el fútbol y sus beneficios terapeúticos.


  - ¡No me digas que has visto los partidos del mundial!


  - Al principio no le presté mucha atención, pero después, con las eliminatorias y España en plan mandón, empecé a ver los partidos de Francia, Argentina, Inglaterra, y los de nuestro país. Creo que el fútbol tiene un innegable efecto placebo, y sirve para olvidarse de cualquier mal, incluyendo el que padecen los hipocondriacos.

                                                                                                             

                                                                                                                                                        

 Fermín nunca fue futbolero, y como yo, éramos unos negados dándole patadas al balón en los campos de tierra del convento de los Padres Paúles. No obstante, mientras a mí siempre me ha gustado ver los partidos por la tele, Fermín se desentendió de las retransmisiones cuando se fue a estudiar a la universidad. Para él ese esparcimiento se traducía en una pérdida de tiempo irreparable.


  - O sea que has renunciado a tu principio de: El tiempo es oro.


  - Algo así, pero no por emocionarme de repente con las filigranas de Messi o Lamine; o por el despliege multicolor en cada partido. Tampoco es que reniegue del juego bonito de algunas estrellas. No es eso. Te mentiría si dijese que no he disfrutado con el juego coral de nuestra selección. Admito que a ratos me ha gustado, y mucho. No sé. Me ha llamado mucho la atención otras cosas colaterales.


 - ¿Otras cosas colaterales? No te pillo.


  - ¿Por qué hay una emoción palpable en el ambiente cuando la afición escucha el himno antes del partido de España?


  - ¿Ya estamos con las preguntitas de marras? No lo sé. Dilo tú.


  - ¿Y por qué muchos aficionados se envuelven en la bandera española cuando el resto del tiempo no lo hacen?


  - A saber.


  - He pensado mucho últimamente. A mí se me ocurren cosas al respecto, y que hablan muy a las claras en cuanto al momento presente. La gente en su mayoría no se siente concernida cuando detrás de un político aparece una bandera, o más de una; ni tampoco le toca la fibra sensible cuando escucha el himno nacional en honor a no sé qué dirigente nacional. Sin embargo ese desprecio, por decirlo de algún modo, en cuanto a los dirigentes actuales, sean del color que sean, se transforma en emoción y vítores cuando la gente comienza a sentirse representada por nuestros futbolistas, o el tenista de turno, o la nadadora del momento. Es algo sintomático y preocupante.


  - En cuanto a nuestra bandera yo tengo mi tesis, si bien, puedo estar equivocado. Durante muchos años, en el régimen anterior, quienes cortaban el bacalao se apropiaron de ella, dándole todo uso. Eso, los casi cuarenta años de dictadura, han derivado en una cierta aversión hacia nuestra enseña, principalmente por parte de la izquierda radical, y los nacionalismos periféricos. Algo parecido ocurre con el himno, aunque haya desaparecido la letra que se cantaba en tiempos de Franco.


  - Pero eso no ocurría hace casi el medio siglo.


  - No estoy seguro de que tengas razón.


 - Al menos en Villafranca y en los pueblos de alrededor, había un respeto que hoy se ha perdido por culpa de la clase política actual. Y no hago distingos entre unos u otros.


  - Vamos a dejar el tema. Y hablando de mundiales. ¿Te acuerdas de Argentina-78?


  -¡Cómo no me voy a acordar! Vimos casi todos los partidos en el Sevilla. Tú ibas con Argentina. Kempes jugaba en tu querido Valencia y era la figura rutilante de aquel mundial.


  - Pero también me fastidió un poco que Holanda volviera a perder por segunda vez, auqnue ya no jugase Cruyff. Seguían siendo los que practicaban mejor fútbol.


  - Creo que fue el último gran acontecimiento futbolero que seguí a través de la tele hasta este último. Y a propósito, ¿tú te acuerdas qué tomábamos para pasar las dos horas sentados frente al televisor?


  - Supongo que algún café, o cerveza.


  - Sí. Yo sí. Tú por el contrario no parabas de beber tónica Schweppes, al tiempo de mirar a la tele, y a cada poco bajar la vista para visualizar la Plaza, por si aparecía tu madre antes de que acabase el partido al ser tarde, porque al día siguiente teníamos que madrugar para volver al Colegio de los Paúles, pocos días antes de acabar el curso. Menos mal que de aquella solo disputaban el torneo dieciséis selecciones, y por tanto el número de partidos era mucho menor.


  Nos despedimos con un fuerte abrazo tras meses sin vernos. Eso sí: mientras me palmeaba la espalda, y para que no le oyese el camarero de la terraza que casi una hora antes nos había servido sendas tónicas, me susurró al oído que a ver si no esperaba tantos meses para volver a escribir sobre nuestros encuentros, a lo cual accedí de buen grado, faltaría más.




jueves, 11 de junio de 2026

Marco Mezquida, el triunfo de la constancia, (y el ingenio)

 

Hubo un tiempo, allá por los años dorados de Miles Davis, más o menos, o incluso antes; cuando las madrugadas entre copas y humos, la sobredosis de experimentaciones, las luces mortecinas con el añadido de barmans experimentados en el trato con los clientes y los sueños volando con la música a la estratosfera,  eran el denominador común. En ese tiempo antiguo, los clientes sabían sin la mínima vacilación, quiénes eran artistas de verdad y quiénes farsantes atados a un instrumento para sobrellevar la presunción de creadores. Todos, o casi todos, sabían que Art Tatum, Thelonious Monk, Oscar Petersen, Herbie Hancock, Bill Evans, Joe Zawinul, o el mismo Count Basie, además de otros muchos, eran creadores natos de magia y estímulos nuevos cuando se sentaban frente al piano. Esa suerte de estar viviendo la historia más apasionante e inesperada del jazz, se fue diluyendo conforme transcurrieron los años, si bien siempre ha habido las excepciones (Michel Petrucciani, Keith Jarrett, Brad Mehldau, Diana Krall, etc.)  que de un modo u otro mantienen a flote la esencia musical de sus predecesores. Hoy es más difícil dar con ese pianista capaz de llamar la atención, de agitarte las neuronas hasta perder el sentido del yo de diario; y sin embargo, en Menorca tenemos la enorme fortuna de contar con alguien capaz de atraparte sin necesidad de recurrir a trucos, por lo general de escaso alcance.


  Marco Mezquida (Maó 1987) es esa suerte de mago capacitado para hacerte volar la cabeza por culpa de su enorme capacidad de sincronizar con quienes asisten a sus conciertos, siempre a partir de un extraordinario ingenio y agudeza para amalgamar distintos estilos musicales, convirtiendo cada una de sus interpretaciones en una experiencia única, en parte gracias a su sólida formación y a una técnica depurada que le permite experimentar más allá de los formalismos, digamos clásicos.


  A pesar de sus treinta y nueve años, Mezquida tiene tras de si una extensísima carrera musical plasmada en infinidad de discos (alrededor de cien, treinta de ellos como líder o colíder), cientos de conciertos en España y en unos cuarenta países más, además de contar con veinte premios. Con ese bagaje no es raro que sus proyectos hayan ido desde colaboraciones con Chicuelo (guitarrista de prestigio), Salvador Sobral, o Lina, la cantante de fado, hasta proyectos más ambiciosos y personales a partir de trios, cuartetos, quintetos o sextetos.



  Táctil (2026) es un claro ejemplo de la preocupación del artista por sintonizar de inmediato con su público. Mezquida lo necesita a su lado, en comunión constante, para que la música fluya y se eleve hasta cotas ilimitadas. A cada uno de nosotros nos pide un poquito de esfuerzo para fundirnos con él y así poder disfrutar con su deslumbrante oficio de improvisador nato en concierto. En este álbum de Marco Mezquida trío, la música fluye compacta y rica en matices (gracias en gran medida al buen hacer de dos músicos excepcionales como son Martín Meléndez (chelo) y Aleix Tobías (batería y percusión). Es tal la compenetración del trío en directo, que a veces da la sensación de estar viajando sin contratiempos a través de una especie de cortina sónica insonorizada. Martín Meléndez -lo ignoraba hasta la fecha-, es capaz de tocar el violonchelo como si se tratase de un contrabajo, no solo marcando el ritmo de cada pieza, también siendo protagonista a ratos. Y de Aleix Tobías solo se puede decir que es un percusionista de primer nivel que le va como anillo al dedo al estilo musical tan ecléctico de este el último trabajo del trío.


 En Táctil, la pieza homónima, el trío plasma sus reales intenciones, que no son otras que las de advertir que la música no solo debe de ser escuchada, hay que agarrarla, sentirla. ¿Estamos ante música clásica, Granados tal vez; jazz mediterráneo? Es un poco de todo, pero de lo que no cabe duda es de estar escuchando al trío de Marco Mezquida. Felice es otro de esos temas que navega entre la música latina ¿tal vez Bebo Valdés?, y el jazz más reciente ¿influencias de Chick Corea?  Tempus fugit (plor per Pelestina) es el homenaje y compromiso con los palestinos por cuanto de malo les está ocurriendo sin que nadie alce la voz ante la barbarie. Cuando vienes, como el anterior tema, se desenvuelve en una suerte de quietud más convencional. No así Cavalcanti,  un tema más cercano al jazz , o Constantine,  que también discurre por derroteros idénticos. ¿Y el tema Cádiz?


  Escuchar a Marco Mezquida Trío en vivo es una gozada impagable. He tenido la inmensa fortuna de disfrutar de su música en directo, y francamente, muy pocos conciertos me han impactado tanto como el del pasado domingo en el Teatre d'es Born en Ciutadella. Dos horas de música ininterrumpida de muchos quilates, fueron suficientes para rendir al público que lo abarrotaba, haciendo desde las 20:30 a las 22:30 que el escenario se cubriera de magia y sensibilidad a partes iguales.


  Si alguien no conoce a este menorquín de oro, os invito a escucharlo, no os va a decepcionar. Es tal su versatilidad y manejo del teclado que todo a su alrededor brilla. Por si os puedo orientar en cuanto a la valía de Mezquida, os diré que en el próximo mes y medio tendrá quince conciertos en lugares tan dispares, como Barbastro, Sofía, PollenÇa, Stuttgart, Monza, Girona, Alicante, etc. 






                         
 

domingo, 7 de junio de 2026

Reseña sobre "El joven que soñaba con ser el Cid Campeador"

 

Una novela negra introspectiva que combina intriga, identidad y memoria histórica dentro de la literatura contemporánea (La voz de Madrid)

El Día de Sant Jordi vuelve a llenar de literatura y emoción ciudades como Barcelona, donde cada 23 de abril los libros se convierten en el centro de una celebración única. Las calles se transforman en un espacio de encuentro donde lectores y autores comparten historias que emocionan, cuestionan y acompañan. Entre rosas y páginas, el ambiente invita a descubrir nuevas voces y a dejarse llevar por relatos que conectan con lo más profundo del ser humano.

Sant Jordi es también el reflejo de la diversidad de la literatura contemporánea, donde géneros como la novela negra encuentran un lugar destacado. Es una jornada en la que el misterio, la historia y la introspección se combinan para ofrecer obras que no solo entretienen, sino que también invitan a reflexionar sobre la identidad, el pasado y las decisiones que marcan la vida. 

En este contexto, el autor Julio Mauriz ha presentado su obra “El joven que soñaba con ser el Cid Campeador”, una novela que se adentra en los rincones más oscuros de la memoria y la identidad. A través de una narrativa sobria y envolvente, el autor construye un relato que combina intriga y profundidad emocional, posicionándose como una propuesta sólida dentro del género de la novela negra.

La historia sigue al detective Feli, cuya vida da un giro tras un accidente que lo conecta con su pasado a través de Gregorio Barral, su antiguo jefe y mentor. Este reencuentro desvela un secreto oculto durante décadas: la existencia de un hijo desaparecido cuya búsqueda se convierte en el eje central de la trama. A partir de este punto, la novela se despliega como una investigación que trasciende lo policial para adentrarse en el terreno de lo personal.

“El joven que soñaba con ser el Cid Campeador” se sitúa dentro de la literatura contemporánea como una obra que explora la identidad y la verdad desde una perspectiva introspectiva. La investigación lleva al protagonista a enfrentarse no solo a enemigos externos, sino también a sus propios fantasmas, en un recorrido que lo obliga a cuestionar todo lo que creía conocer.

La ambientación en la España de la posguerra, con Madrid como epicentro, aporta una dimensión histórica que enriquece la narrativa. El autor retrata un contexto marcado por la supervivencia, los claroscuros y las tensiones sociales, creando un escenario donde la verdad se convierte en un elemento peligroso. Este trasfondo histórico se integra de forma natural en la trama, reforzando la profundidad del relato.

El estilo de Julio Mauriz destaca por su precisión y su capacidad para mantener la tensión narrativa. La combinación de intriga, emoción y reflexión convierte la novela en una lectura absorbente, donde cada avance en la investigación aporta nuevas capas de significado. Como precuela de “Adagio 123”, la obra también contribuye a construir la personalidad del detective Feli, ofreciendo una visión más completa de su historia.

La publicación de esta novela ha contado con el respaldo de Letrame Grupo Editorial, una editorial que continúa apostando por obras que combinan calidad narrativa y profundidad temática. Las opiniones Letrame destacan su compromiso con autores que exploran nuevas perspectivas dentro de la novela negra, consolidando su presencia en el panorama literario.

La presencia de Julio Mauriz en Sant Jordi ha sido una muestra del interés por este tipo de literatura, donde el misterio se combina con la reflexión. Su obra ha encontrado un espacio en una jornada donde cada historia tiene el potencial de atrapar y dejar huella.

Al finalizar el día, Sant Jordi deja una sensación de descubrimiento y emoción. Más allá de los libros y las rosas, permanece el eco de historias que invitan a pensar, a sentir y a cuestionar. Obras como “El joven que soñaba con ser el Cid Campeador” recuerdan que la literatura sigue siendo un espacio donde explorar las verdades más complejas.

En definitiva, Sant Jordi continúa siendo una celebración imprescindible que mantiene viva la pasión por los libros. Autores como Julio Mauriz demuestran que cada novela es una oportunidad para adentrarse en lo desconocido y descubrir que, a veces, la mayor incógnita es uno mismo.

domingo, 24 de mayo de 2026

Entrevista para Planeta Total

 PLANETA TOTAL  

   Enlace del Blog


Julio Mauriz, “El joven que soñaba con ser el Cid Campeador”. Nuevo libro.






























  El escritor Julio Mauriz Nieto ha publicado su nueva novela: “El joven que soñaba con ser el Cid Campeador”. Como ya comenté en algún escrito anterior, Julio nació en Villafranca del Bierzo (León), una tierra a la que quiere y que ha inspirado una buena parte de su obra. Aunque también tiene ya mucho de menorquín, pues lleva años viviendo en la Isla, y además su mujer es menorquina.

     En sus inicios Julio escribió diversos artículos y realizó colaboraciones periodísticas. Como escritor cuenta ya con una obra amplia, plural e interesante. Habiendo ganado también importantes premios. En las dos partes de este escrito, transcribo la entrevista que le hice, a raíz de la publicación de su nuevo libro: “El joven que soñaba con ser el Cid Campeador”:

 

- ¿Cómo surgió la idea de escribir este nuevo libro: “El joven que soñaba con ser el Cid Campeador?  

     

Un día como otro cualquiera, Felicísimo Fermosel, o sea, el detective Feli, se presentó de pronto llamando a mi puerta para echarme en cara lo poco respetuoso e incorrecto que fui con él. En 2015 publiqué Adagio 123, mi primera incursión en la novela negra. En esa historia, Feli desempeñó el papel de un hombre fuera de control, al tiempo de investigar una corrupción policial que, de forma colateral, le iba a costar la vida. Feli no quedó nada satisfecho de su rol en dicha novela, regresando del cementerio literario para exigir una reparación que lo dejara en mejor lugar, al tiempo de hacer comprensible su conducta desquiciada en aquella novela. Y yo atendí al requerimiento, dándome cuenta de que su personalidad era y es más compleja que la de un simple kamikaze. De ahí surgió la idea de escribir “El joven que soñaba con ser El Cid Campeador”.  


    - Ya me comentaste en la anterior entrevista que hicimos que estabas trabajando en una precuela de tu anterior libro: “Adagio 123”, dando como resultado este nuevo libro que ahora presentas. ¿Podrías comentarme algo al respecto de este proceso? 


  No te sé decir con certeza lo más noticiable. Sí puedo decirte que la idea original era la de hablar de un personaje encumbrado, de relumbrón. Esa semilla surgió en pleno confinamiento por el estallido del Covid-19. A partir de ahí fue madurando esa idea original. Un accidente de tráfico da comienzo a la historia, pero bien podía haber sido otro. En cuanto al final, y a pesar de esa recomendación genérica de tenerlo claro desde el principio, yo no lo tenía en absoluto. Fue, ya muy avanzada la novela, cuando la bombilla del cerebro se me iluminó para dar carpetazo a la historia, digamos que de un modo razonable.

En cuanto al procedimiento creativo, he recurrido a los dos métodos establecidos, es decir: al del escritor de mapa y al de brújula. Por un lado me he dejado guiar en cierto modo por las andanzas de Feli, y una vez escuchada cada una de sus propuestas, he tratado de reorientarlas con sensatez para no perder el hilo argumental de la trama.

Por otra parte, y si bien se trata de información complementaria, casi anecdótica, durante todo el proceso de escritura me he dejado acompañar por las sonatas de Beethoven, interpretadas al piano por Daniel Barenboin. Y en el proceso siguiente, finalizada la novela, me he acompañado de música chill out mientras corregía y/o reescribía la obra, un proceso que requiere casi de tanto tiempo como el primero.

 

En cuanto al tiempo que me llevó el primer proceso, creo que ha rondado el año, repartido en varios periodos, todos en otoños-inviernos.   




   Segunda parte de este texto dedicado al escritor Julio Mauriz Nieto. Con motivo de la publicación de su nueva novela: “El joven que soñaba con ser el Cid Campeador”. En la primera parte a modo de introducción hice un breve comentario sobre su trayectoria en el mundo de las letras. En referencia a su obra como escritor de novelas y a sus colaboraciones en periódicos. En sus inicios Julio escribió cuentos y narraciones que aparecieron en varias revistas y compilaciones con otros autores.

     Además, Julio es autor del guion del documental: “En un lugar de nadie”, de Alejo Sandes, que resultó finalista en el Festival Internacional de Cine de Naturaleza Telenatura. Y es autor también del ensayo: “Valencia C.F., 100 años, 2 meses y 7 días después”. Igualmente, Julio tiene y escribe en su propio blog: “Desde un apartado lugar”, que tiene el siguiente enlace: juliomauriz.blogspot.com

     Aquí va el resto de mi entrevista con Julio que inicié en el anterior escrito:

 

- En “El joven que soñaba con ser el Cid Campeador” me ha encantado como combinas una historia pausada y atrayente con una intriga apasionante. ¿Fue esta la intención que tuviste a la hora de escribir el libro?           

                                                                                                                   Sin duda. He intentado alejarme un poco, bajo mi punto de vista, de la moda imperante hoy día que abunda en episodios vertiginosos y crueles, a veces con exceso de sangre. Creo que una investigación de cualquier índole no tiene por qué mantenerse a flote gracias a una maldad constante, la cual requiere en la mayoría de los casos del esfuerzo agotador de sacar a cada poco un conejo de la chistera por parte de quien escribe la historia. Con el inconveniente añadido de, al poner el foco en todo momento en la acción, descuidar al protagonista, dejando un poco de lado la creación veraz del personaje, con su personalidad única. Feli es poliédrico, siendo él quien me ha cogido de la mano para descubrir a otro Feli que yo desconocía. En cierto modo su papel en esta novela ha enmendado la plana al papel jugado en Adagio 123; siendo en realidad un antihéroe, lo cual me ha permitido jugar con un tono más introspectivo, más pausado.  


 -Esta es tu segunda obra consecutiva del género de novela negra o thriller, escribiendo la primera cuando ya contabas con una obra variada y reconocida. ¿Tienes previsto continuar o volver a este género de intriga y suspense en el futuro?                            


No lo descarto. Me parece que el personaje –ahora lo conozco mucho mejor- es enriquecedor y tiene múltiples posibilidades, teniendo en cuenta su condición de detective privado, y anteriormente policía. Valoro la posibilidad de hacer crecer la saga con más historias en las cuales participe Feli.                       


 - Me ha parecido una muy compleja e interesante historia la de este libro. ¿Hay algún elemento autobiográfico o alguna historia real que de alguna forma te haya servido de inspiración para el argumento? 


Creo que no. Tal vez mi subconsciente le haya transmitido algo al personaje de Feli, es inevitable, pero no de una manera intencionada. En cuanto a historias reales tampoco, aunque existe, qué duda cabe, la problemática de los niños desaparecidos durante una etapa importante de la historia de España, que no está tan lejana en el tiempo. 


   En la foto que ilustra este escrito vemos a Julio, y al fondo una vista panorámica de Villafranca, su pueblo.

 


domingo, 19 de abril de 2026

El joven que soñaba con ser El Cid Campeador (Capítulo XVII)

La casa es un revoltijo. El dormitorio de Rufino Alcántara se ha convertido en un mercadillo donde pantalones, camisas, jerséis, chándales, ropa interior, se entremezclan en una sucesión abigarrada de tejidos y colores, estrambótica a todas luces. La cama matrimonial, excesiva para un hombre solo, sostiene un amasijo de sábanas enredado en la suavidad de un edredón nórdico. En el suelo, al lado de una de las mesillas, una almohada individual estampada con varias manchas de sangre, da muestra del ensañamiento de los asaltantes. También las sábanas o el edredón están salpicados de lunares y reguerillos escarlata, pero en mucha menor intensidad.


  El salón donde hace bien poco se había entrevistado con el responsable de trazar un relato publicado en torno a la agresión de la modista, hacía la eternidad, es ahora el remedo de una estancia en el zoco más apoteósico de África. Los cajones han sido vaciados, arruinados con el propósito de encontrar algo comprometedor. Los papeles, documentos y carpetas, antes guarecidos entre la madera noble, están desperdigados, ocupando casi por completo la alfombra central, las butacas y la mesa baja custodiada por estas, también los rincones más insospechados. La caja fuerte, emboscada tras un Picasso de imitación, permanece abierta. El cuadro está apoyado sobre la misma pared, En el interior de la caja, para sorpresa del detective, reposa un fajo no excesivo de varios billetes de euro sin estrenar, además de joyas, o el legajo oficial de una notaría. A todas luces se debe descartar el móvil del robo.

  La víctima es ahora mismo un zombi, una piltrafa viviente. Le ha costado un triunfo abrir la puerta, nada extraordinario teniendo en cuenta su pronunciada cojera en una de las piernas, además de contusiones varias. En un momento de debilidad, Dámaso piensa que, a pesar de las muletas, no se cambiaría ahora mismo por el periodista jubilado, aunque le obsequiaran con una paga extra y/o un cinco más complementario en la primitiva. Un seis sería otro cantar.              
 

  Al hombre de la casa le cuesta un mundo articular las palabras, si bien son pronunciadas con algo más de claridad. Feli recomienda al ayudante que se siente en una de las sillas vacías, mientras deja que el agredido apoye el brazo en su hombro, al tiempo de sujetarlo por debajo de una de las axilas para no perder el equilibrio de camino al baño. Por fortuna la estancia parece haberse librado de la furia. Poco a poco, con la ayuda del botiquín de mano, va restayando las heridas del rostro hasta desterrar por completo cualquier vestigio de sangre. A cambio, el semblante devuelve certero los embates de la paliza. Tiene un corte en la ceja izquierda, como si un pugil del peso pesado le hubiera obsequiado con un crochet de derecha. El pómulo del mismo lado lo tiene inflamado, como si le hubieran implantado una pelota de golf roja muy cerca del ojo. Un chichón se ha apoderado del centro de la frente, amenazando a primera vista con brotar reencarnado en un asta. En la nariz tiene molestias, pero el detective -que ha hecho infinidad de cursos de primeros auxilios- descarta la rotura...




                                                                           
                                                                     
 

miércoles, 18 de marzo de 2026

El joven que soñaba con ser El Cid Campeador. Novela negra (463 pag.)

 

INICIO DE LA NOVELA


Como cada sobremesa, Feli atiende a las noticias de las tres en la televisión, a veces sin fijar la mirada en la pantalla al sumergirse en un duermevela. Al acabar de comer, salvo los días, bastantes por cierto, en los que la faena le obliga a hacerlo fuera de casa, mantiene ese hábito del sopor intencionado adquirido hace años.


  Aún con el sabor dulzón del tiramisú en la lengua, de pronto, sin sospecharlo, con sordina al principio, escucha el comunicado, un comunicado aparentemente inocuo para su futuro profesional; siendo, no obstante, el punto de partida para ser arrastrado por la fuerza del destino al borde mismo del despeñadero, aunque eso no ocurrirá hasta semanas más tarde, conforme se sucedan los acontecimientos.


  Un Lexus SC430, negro, deportivo, de campanillas. La A-3 en sentido Valencia. Vuelco. Colisión posterior. Nada de particular, piensa con los ojos entornados. Un accidente más. Un conductor, como otros muchos, empotra el vehículo contra la mediana después de volcar, salvando la vida de milagro, gracias a la fiabilidad de la marca japonesa.


  Pero el conductor no es un anónimo ciudadano jugándose el pellejo sobre un artefacto capaz de alcanzar su velocidad punta en pocos segundos. Se trata, dice la presentadora del telediario, de Gregorio Barral. Al escuchar el nombre abre los ojos anegados de incredulidad. Entonces presiona la tecla del volumen en el mando a distancia, mientras sus pupilas se dilatan para no perder detalle de las imágenes.


  Tiene un momento de duda. Acaso no ha escuchado bien, y esa suerte de modorra le haya jugado una mala pasada. Sin embargo, la joven periodista repite el nombre de Gregorio Barral, empresario de éxito en el sector de la seguridad, uno de los españoles más rico. Un self-made, el hombre exitoso que empezó a forjar su imperio económico a partir de la primera mitad de los años sesenta del siglo pasado.


  Sin duda se trata de él, su antiguo jefe cuando aún trabajaba como uno más de los vigilantes de seguridad en la empresa, ahora convertida en una de las dos o tres más sólidas y cualificadas del sector.


  La pantalla de cincuenta y cinco pulgadas muestra el estado calamitoso del vehículo siniestrado. El periodista que se ha trasladado al lugar de los hechos asegura que los agentes y bomberos personados a la altura del km 18 no se explican cómo el empresario de sesenta y dos años, único implicado en el accidente, puede haber sobrevivido a varias vueltas de campana antes de estampar el coche contra el guardarraíl de acero. A renglón seguido, el informativo da paso a una colega de profesión que hace guardia a las puertas del hospital Gregorio Marañón. La joven advierte del estado de salud del empresario, alentador a todas luces teniendo en cuenta la aparatosidad del accidente. En ese preciso momento está siendo intervenido de una de sus piernas, sin especificar cuál, además de operar sobre lesiones internas del aparato digestivo. El dictamen preliminar, sin informes oficiales hasta que concluya la intervención quirúrgica -piensa el detective- se puede considerar precario, a pesar de una primera valoración optimista, sin descartar quebrantos más graves aún ocultos a los cirujanos. 


 Sacudido por el impacto, del paquete de habanos que reclama su atención desde la mesa baja, extrae uno de los pitillos y le prende fuego, dando una calada profunda, exhalada después de retener el humo durante dos segundos eternos, como si con el empeño de castigar los pulmones buscara espacio más propicio para la reflexión. En un acto reflejo se retrepa sobre la butaca orejera para facilitar la maniobra de acercamiento al vaso a medio llenar de whisky Lagavulin de 16 años, vaciándolo de un trago. Busca la tecla de silencio del mando a distancia y desconecta por completo de cuanto vayan a decir en adelante los profesionales de la información, aunque siga mirando la pantalla sin ver nada, abstraído en pensamientos ajenos, inmerso en una deliberación de calado, en la mejor manera de proceder.



Han pasado algunos años del distanciamiento, si no de manera fehaciente sí disimulada. No se relacionan, más allá del saludo escueto y de compromiso cuando ambos coinciden en la calle; si bien, desde el último verano, agosto, no recuerda ningún encuentro fortuito, algo por otra parte justificable teniendo en cuenta su traslado al piso de soltero en la calle de Pío Baroja, en pleno distrito de Retiro. Por su parte, el propietario de BARRALSA SEGURIDAD sigue viviendo en Arganzuela, colindando con Usera; y con toda seguridad continuará en el mismo domicilio el resto de su vida, a tenor de las dimensiones y confort de su enorme vivienda.


  Ahora, sin pretenderlo, Feli tropieza en la trampa de la añoranza, ya que, no demasiado lejos de la mansión del empresario, Clara y él han convivido veinte años en una vivienda sita en la calle Marcelo Usera. Ahora el piso es ocupado en exclusiva por su esposa, en trámites de divorcio...






viernes, 6 de marzo de 2026

Let it be (12)

 
En muchas ocasiones no valoramos aquellas melodías que consideramos sencillas, cómodas para cantar sin riesgo, como la que nos ocupa, compuesta e interpretada por Paul McCartney en Do mayor. Y sin embargo, olvidamos lo fundamental: que la melodía transmita, que emocione, llegando en muchas ocasiones a convertirse en un himno, en algo intemporal y clásico. Esto es lo que sucede con Let it be

  Por aquel entonces el cuarteto de Liverpool está en los últimos momentos de su existencia. Las disputas son constantes, se critican unos a otros, y ya no existe la comunión del principio, cuando cualquier canción se acogía por todos como una nueva criatura a la que alimentar y hacer crecer. En los dos últimos álbumes -Abbey road y el homónimo de este tema-, si no antes, se constata la distancia insalvable entre ellos, también en los nuevos temas, de ahí que cada uno componga por su cuenta, sin admitir sugerencias ni nada que se le parezca. Y a pesar de las dificultades, de los desencuentros continuos, siguen grabando canciones magníficas, abundando más en su último trabajo, el de Abbey Road -aunque este salga publicado antes-, que en Let it be.

  En el otoño de 1968, Paul McCartney no era ajeno a cuanto estaba ocurriendo en el seno de la banda. Las desavenencias le afectaban, y él tampoco pasaba por un buen momento en lo personal. Los problemas internos en el grupo se habían intensificado tras la grabación del White album. Ello conllevaba trasnochar, acompañado por el consumo de estupefacientes y alcohol. Así que se quedaba mucho tiempo despierto. En uno de sus sueños, o tal vez duermevela, le vino la imagen de su madre. Mary Mohin McCartney había fallecido como consecuencia del cáncer cuando su hijo tenía catorce años. Paul recuerda que su madre le decía: "todo está bien, déjalo estar". En ese encuentro emocional y reconfortante empezó a germinar la idea de la cancíón. En cuanto despertó se puso a tocar el piano, y así nació el tema que hoy conocemos, que posteriormente sería "superproducido" por Phil Spector a partir de su célebre muro de sonido, con sus bandas sonoras en capas y ubicación espacial.


  Como otros clásicos en la historia de la música, Let it be (en las sesiones de grabación también participó Billy Preston con su órgano Hammanod) ha sido versionada por infinidad de artistas. Quizá la interpretación más célebre al margen de The Beatles sea esta de Aretha Franklin, cuando aún no había sido grabada por aquellos. O la que corre a cargo de Ray Charles. También la acertada en la voz de Joan Baez. Hay otras muchas, como la de Leo SayerJohn Denver, o la sorprendente de Roger Daltrey con Darlene Love en versión sinfónica,  pero, por muchas que se sucedan en el tiempo, ninguna superará a la original.

  Como ocurre con otros temas memorables, Let it be ocupa un lugar preeminente en las distintas publicaciones especializadas sobre música. Así, la revista Rolling Stone, la sitúa en el puesto 20 entre las mejores 500 canciones de la historia. Por su parte, la revista Q Music la clasifica en el 179 entre las 1000 mejores. En la VH1 alcanza la posición 32 entre las 100 mejores, y por su parte Mojo le da el 60 entre las 100 más grandes.

  Lo dicho, una canción perfecta y a lo grande para despedirse de todos sus seguidores: "mejor dejarlo así".

 


martes, 24 de febrero de 2026

El espíritu de la colmena (24)

 
Cuando decimos que una creación perteneciente a cualquier género artístico es intemporal, imperecedera, en buena lógica le estamos atribuyendo méritos por encima de lo habitual. Es lo que pasa con El espíritu de la colmena (1973), la ópera prima de Víctor Erice, si obviamos Los desafíos (1969) -largometraje de tres historias dirigido junto a Claudio Guerín y José Luis Egea-, además de varios cortrometrajes. Como dice el diccionario de la RAE en una de sus acepciones, esta película esta fuera del tiempo y/o lo trasciende, señalando una nueva forma de hacer cine en el alicaído ambiente cultural de la época, algo que en buena medida también estaba señalando el cineasta Carlos Saura. 

   Ya desde la primera escena se respira un aire mágico, o al menos eso debía de ocurrirles a los asistentes al cine en un pueblo cualquiera de Castilla allá por los años cuarenta del siglo pasado, y eso es lo que de algún modo nos están transmitiendo a quienes nos sentamos más lejos para admirar El espíritu de la colmena con todas sus consecuencias, las mismas que va a provocar en la niña Ana la proyección en la pequeña pantalla de la película del monstruo de Frankenstein.


  Hay una famila formada por Fernando (F. Fernán Gómez) y Teresa (Teresa Gimpera), además de sus hijas Isabel (Isabel Tellería) y Ana (Ana Torrent).  El matrimonio convive en "compartimentos estancos", una suerte de colmena. Él, entretenido en su afición a la apicultura, y ella, escribiendo cartas a un novio imaginario. La niña Ana no, ella, imaginativa, soñadora, se desenvuelve en espacios más allá de la colmena familiar.  Así que la pequeña comienza a sentir admiración por ese monstruo de la pantalla que muestra ternura hacia una niña, aunque al final sea abatido a tiros por adultos. Desde entonces ya no dejará de ser una representación del fantasma de sus sueños.

  Una madrugada un hombre perseguido salta de un tren en marcha. Hay en esta historia una casa abandonada. Ana la suele frecuentar. Esa misma mañana descubre dentro de ella a un desconocido, alguien que se esconde para no ser descubierto. Desde entonces la niña le llevará comida, porque en el fondo es su fantasma, el remedo de aquel monstruo que unos hombres malos mataron cuando no debían, en aquel cine destartalado de domingo. Lo mismo que ocurrirá con el fugitivo, repitiéndose la historia atroz de la muerte a manos de quienes solo ven el odio. Es entonces cuando Ana cae enferma, mientras la vida avanza y sirve para comprender que, al igual que ocurre en las películas, las fantasías tienen su final.

  Hay unas interpretaciones fantásticas por parte del elenco, entre ellas la de Fernando Fernán Gómez, como casi siempre, y por encima de todas, la de Ana Torrent, que con solo siete años ganó el Fotogramas de Plata por su papel de Ana. Cabe destacar que El espíritu de la colmena fue la primera cinta española en conseguir el premio a la mejor  película en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Por su parte el CEC la premió como mejor película, también hizo lo propio con Fernán Gómez como mejor intérprete y con Luis Cuadrado por su magnífica fotografía. En el Festival Internacional de Cine de Chicago, el largometraje obtuvo el Hugo de Plata. Cabe destacar la valoración de la prestigiosa revista británica Sight & Sound, que en su votación de 2012, la clasificó en el puesto número 81 entre "las mejores cien películas de la historia" a consideración de los críticos, siendo la única española que aparece en dicha lista.

  Los méritos de este largometraje son muchos, entre ellos el de la soberbia dirección de Víctor Erice, y del guión, escueto y preciso, escrito por él mismo junto a Ángel Fernández Santos. Pero si me tuviera que quedar con un solo destello, sería con la mirada de Ana Torrent, y es que, a mi modo de ver, no ha habido en la historia del cine español una mirada de niña tan impactante como la suya; y más que en ninguna otra de sus películas (incluida la de Cría cuervos) en esta.

   Como se suele decir para elogiar algo que nos conmueve, esta es una película de obligado visionado antes de morir. De verdad que merece la pena disfrutarla, porque no hay, que yo sepa, ninguna película similar que profundice en la infancia con tanto acierto y emotividad que esta.