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domingo, 24 de mayo de 2020

Los miserables (1862)

LOS LIBROS DEL CONFINAMIENTO (9)


Párrafo correspondiente al Libro Sèptimo: "La última gota del cáliz de la amargura".


  <<Todos hemos tenido momentos así; momentos de confusión en que las ideas se dispersan, y en que decimos lo primero que se nos ocurre, y que no es siempre lo más oportuno. Hay revelaciones repentinas que no se pueden resistir, y que embriagan como un vino funesto. Mario estaba atónito con la nueva situación que ante él surgía, y se puso a hablar a aquel hombre como si se tratase de una persona impulsada por el odio a hacerle tal confesión.


  >-Pero, en fin -exclamó-, por qué me decís todo esto? ¿Quién os obligaba a descubrir el arcano de vuestra vida? Podíais guardároslo. Nadie os ha denunciado. No se os persigue. No se sabe de vuestro paradero. Sin duda tenéis alguna razón que os mueve a poneros así de manifiesto. Acabad. Hay más aquí de lo que aparece. ¿Por qué me habéis hecho esa revelación? ¿Qué motivo os ha inducido a ello?


  >-¿Qué motivo? -respondío Juan Valjean con una voz tan baja y tan sorda, que se hubiera dicho hablaba consigo mismo más bien que con Mario-. ¿Qué motivo ha obligado al presidiario a decir: soy un presidiario? Pues bien, el motivo es extraño, en efecto. Me ha inducido a ello la honradez. Mi mayor desgracia, sabedlo, es un hilo que está prendido en mi corazón, y con ligadura fuertísima. Esos hilos nunca son más sólidos que cuando uno es viejo. Toda la vida se quiebra en derredor; ellos resisten. Si hubiera podido arrancar ese hilo, romperlo, desatar el nudo o cortarlo...>>

(Traducción de Nemesio Fernández Cuesta)



  Los miserables es la obra cumbre del francés Víctor Hugo, una novela escrita en 1862 y que refleja como muy pocas, el estado de postración y miseria en que permanecía buena parte de la sociedad francesa de la primera mitad del Siglo XIX. Los miserables es muchas cosas, pero fundamentalmente es un alegato en contra de la pena capital. A lo largo y ancho de las más de 1300 páginas, Hugo nos cuenta de manera pormenorizada, las gracias y desventuras, abundando más estas últimas, de la vida de Jean Valjean, desde los episodios iniciales, cuando se hace cargo de la manutención de la niña Cossette, hasta el fin de sus días, cuando en el lecho de muerte se reconcilia con ella y con Marius.


  La novela es un prodigio narrativo de primer orden, haciendo que el lector sienta una compasión inusitada por el protagonista y un desprecio absoluto por quienes le hacen la vida imposible. Llena de una gran dosis de reflexiones y filosofía, el final me parece sublime y acorde a los cánones del periodo romántico, con la redención, si a la muerte se le puede dar ese calificativo, del protagonista Jean Valjean.

domingo, 17 de mayo de 2020

El Conde de Montecristo (1844)


LOS LIBROS DEL CONFINAMIENTO (8)


<<El 24 de febrero de 1815, el vigía de Nuestra Señora de la Guardia dio la señal de que se hallaba a la vista el bergantín Pharaon procedente de Esmirna, Trieste y Nápoles. Como suele hacerse en tales casos, salió inmdiatamente en su busca un práctico, que pasó por delante del castillo de If y subió a bordo del buque entre la isla de Rion y el cabo Morgiou. En un instante, y también como de costumbre, se llenó de curiosos la plataforma del castillo de Saint-Jean, porque en Marsella se daba gran importancia a la llegada de un buque y sobre todo si le sucedía lo que al Pharaon, cuyo casco había salido de los astilleros de la antigua Phocée y pertenecía a un naviero de la ciudad.



   >Mientras tanto, el buque seguía avanzando; habiendo pasado felizmente el estrecho producido por alguna erupción volcánica entre las islas de Calasareigne y de Jarós, dobló la punta de Pòmegue, hendiendo las olas bajo sus tres gavias, su gran foque y la mesana. Lo hacía con tanta lentitud y tan penosos movimientos, que los curiosos, que por instinto presienten la desgracia, preguntábanse unos a otros qué accidente podía haber sobrevenido al buque. Los más peritos en navegación reconocieron al punto que, de haber sucedido alguna desgracia, seguía éste avanznado con todas las condiciones de los buques bien gobernados.


  >En su puesto estaba preparado el ancla, sueltos los cabos del bauprés, y al lado del piloto, que se disponía a hacer que el Pharaon enfilase la estrecha boca del puerto de Marsella, hallábase un joven de fisonomía inteligente que, con mirada muy viva, observaba cada uno de los movimientos del buque y repetía las órdenes del piloto...>>


(Párrafo correspondiente al I Capítulo, Marsella. La llegada)


   ¿Quién no ha leído alguna vez la vida y milagros de Edmond Dantès, uno de los personajes más apasionante y  universal de la historia de la literatura? Alejandro Dumas padre escribió este clásico del Siglo XIX -al alimón con Auguste Maquet, si bien el primero hizo lo indecible para que su colaborador no apareciese en la novela como coautor- siendo un escritor consagrado. La novela se publicó como folletín a lo largo de 18 entregas, un procedimiento muy frecuente en aquellos años, y de inmediato tuvo el reconocimiento unánime del público. Hoy se puede decir que nos encontramos ante una de las novelas más clásicas y leídas de todos los tiempos, y casi con seguridad, ante la mejor de Dumas. 


    Novela digna de leerse más de una vez, y que como muchas otras grandes obras de la literatura, nos muestran una visión real de lo que supone un encierro y/o confinamiento en una prisión infame, desde luego nada comparable a lo que nosotros soportamos a día de hoy por culpa del COVID-19. Una iniciativa perfecta para olvidar el estado actual es volver a leer El Conde de Montecristo, una verdadera gozada, la dosis perfecta para abstraernos de la realidad.

domingo, 10 de mayo de 2020

Pabellón de reposo (1943)

LOS LIBROS DEL CONFINAMIENTO (7)


  Camilo José Cela había tenido un triunfo clamoroso con su primera novela, La familia de Pascual Duarte. Una historia tan devastadora como brutal, parecía en la obligación de tener una continuidad; sin embargo, Cela optó para su siguiente narración, por una historia más pausada, sin apenas acción o argumento, más allá de seguir los pasos de un grupo de mujeres y hombres que se ven obligados a confinarse en sanatorios para intentar superar la enfermedad de la tuberculosis, tan frecuente aún en la España de la primera mitad del Siglo XX. A medida que avanza la novela, los pacientes, que viven en permanente angustia, y que se cambiarían encantados por el más humilde de los cocineros, o por la más servicial de las enfermeras, ante la incertidumbre del futuro, se vuelven más transparentes, sin la artificiosidad de los primeros días.


  A partir de su propia estancia en 1931 en el sanatorio de Navacerrada, y en 1942 en el de Hoyo de Manzanares, a fin de superar ese mal tan común mientras no fue descubierta la estreptomicina en 1943, Cela se sumerge en la vida de los internos, profundizando en episodios pasados por los pacientes en contraste con las vicisitudes del día a día, esa mirada parcial que se vislumbra cuando uno se ve obligado a pasar las horas muertas tumbado sobre el chaise longue.


   La novela salió publicada por entregas entre los meses de marzo y agosto de 1943 en el diario El Español, publicándose en formato libro al año siguiente. Es posible, digo yo, que la lectura de las obras completas de Ortega mientras se reponía del mal en el sanatorio próximo a la Sierra de Guadarrama, influyeran decisivamente en la concepción y carpintería de la obra, completamente opuestas a la novela precedente, aunque también me inclino a pensar que, seguramente, había leído antes La montaña mágica, de Thomas Mann; no obstante, y a pesar de ciertas similitudes, las diferencias son abrumadoras. Es de destacar que, a pesar de su experiencia como paciente tubercoloso, en la narración predomina más la inventiva que una presunta autobiografía. 


  <<Lo daba todo, mi título universitario, mis treinta y dos años, la casa que me dejaron mis padres en la costa, con su emparrado que llega hasta la misma orilla, mis libros, mis amigos...

  >...Y se queda pensativa, haciendo inauditos equilibrios para creerse, ella también, que aquella sangre salía, efectivamente, de la garganta...

  >...No puedo, sin embargo, apartar de mí la idea de un cadáver, encerrado en esa funda enternecedora del ataúd. Cuando vine, ahora hace año y medio, estaba la puerta de la bodega abierta, bien me acuerdo. Al pasar se veían los ataúdes amontonados cuidadosamente, puestos en fila, esperando su trágico turno. Los había aún sin pintar, aún con la fresca madera de pino al aire, eran los que todavía no estaban preparados, los que tenían aún un respiro...>>


(Párrafos extraidos de un estudio exhaustivo sobre Cela, a cargo de Alonso Zamora Vicente)


                        

lunes, 4 de mayo de 2020

Luciérnagas (1993)

LOS LIBROS DEL CONFINAMIENTO 6


     <<A medida que ascendían, Sol se familiarizaba con las calles y las anchas avenidas que le eran habituales, con sus árboles mutilados para hacer leña. No tardarían mucho en bajar de la montaña grupos de gente con brazadas de rama. El Tibidabo, alto y gris recortaba su joroba grande, oscura, en la mañana. No parecía la misma montaña que viera de niña, desde los balcones de su casa. Ahora las gentes que descendían por la ladera extendían sobre las aceras grandes pañolones llenos de algarrobas y raíces más o menos comestibles. Sol recordó las hileras de luces en la noche, las raudas estelas luminosas reflejadas en el asfalto brillante. Eran las noches de sus esperadas vacaciones, pero ya no había vacaciones para ella. Qué distinta era esta ciudad despojada, cubierta de letreros rojos y verdes, negros, blancos, con signos de exclamación en todas las tapias, con toscos monumentos de cartón despellejados por la lluvia y el viento, con crujidos rítmicos de pisadas en el asfalto y voces de mando rompiendo el silencio de las plazas. Qué distinta de aquella ciudad, recordada desde la blanca ausencia de Saint-Paul. Espléndida y luminosa, le dolía haberla soñado  de otro modo a como ahora la veía: desmantelada, sucia, pobre, vencida por un enemigo que aún le parecía impreciso, pero cierto. Deseó reencontrar aquella belleza en su abandono como en su misma vida, y amarla con aquel dolor de manos vacías que hacía tiempo la abatía. Y se contempló a sí misma con una sonrisa: el vestido, estrecho y usado, sus viejas e inadecuadas sandalias veraniegas. Un viento duro, rojo de sangre y de tierra, había arrasado pasados y luces, todo parecía dormido o sumido en la muerte...>>


(Párrafo correspondiente al capítulo VIII)


    La novela fue escrita en 1949 y no se publicó hasta 1955 por problemas con La Censura, con el título de, En esta tierra. De aquella primera redacción fueron mutilados varios fragmentos, de ahí que para la edición definitiva, ya con el título de Luciérnagas, de 1993, Matute los recuperara. En la contracubierta de esta edición de Austral, se dice que: "Ana María Matute nos enfrenta a las experiencias de un grupo de jóvenes, casi niños, a quienes la guerra civil ha despojado de cualquier resto de su anterior universo infantil. El escenario escogido es una Barcelona de soldados y mujeres mal pintadas, de refugiados y mendigos, de gentes ocultas que intentan sobrevivir día a día en medio de los escombros, la luz blanquecina de los reflectores, los bombardeos y la amenazada espera. Pero más allá de un tiempo y un espacio concretos, el propósito de la escritora es presentar a unos muchachos que conviven con el temor y la muerte y ahondar en las emociones de una joven que, desde la carencia y la provisionalidad, hallará en el amor el verdadero significado de la paz...>> 


  Posiblemente no sea la novela más redonda de la barcelonesa, pero es, en mi opinión, una de las obras que mejor refleja el vacío, la intranscendencia de la vida, el absurdo de un ser humano atrapado en el sinsentido de la barbarie; lo que supone la quiebra en el ánimo y la personalidad de chicos o adolescentes enfrentados a un acontecimiento tan calamitoso como es la guerra. El libro abunda sobre los horrores, la fiereza y la sinrazón de una contienda, sin ir más allá, sin tomar partido por unos u otros; no obstante, y aunque de modo directo no lo sea, Luciérnagas, trata, sobre el confinamiento interior de miles y miles de desdichados seres humanos que no pueden abstraerse de una nueva, insospechada y cruenta realidad, incapaces de discernir entre lo conveniente y el estorbo, entre lo estúpido y lo sensato, o entre la vida y la muerte. Un acontecimiento brutal, en resumidas cuentas, da un vuelco a la vida de niños que obligatoriamente dejaron de jugar y tener los sueños propios de su condición, para ocuparse únicamente de subsistir en medio del caos, sin ser conscientes de haberse convertido en seres adultos.




domingo, 26 de abril de 2020

La metamorfosis (1917)


LOS LIBROS DEL CONFINAMIENTO (5)     


 "Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto. Estaba echado de espaldas sobre un duro caparazón y, al alzar la cabeza, vio su vientre convexo y oscuro, surcado por curvadas callosidades, sobre el que casi no se aguantaba la colcha, que estaba a punto de escurrirse hasta el suelo. Numerosas patas, penosamente delgadas en comparación con el grosor normal de sus piernas, se agitaban sin concierto.


  ¿Qué me ha ocurrido?


  No estaba soñando. Su habitación, una habitación normal, aunque muy pequeña, tenía el aspecto habitual. Sobre la mesa había desparramado un muestrario de paños -Samsa era viajante de comercio-, y de la pared colgaba una estampa recientemente recortada de una revista ilustrada y puesta en un marco dorado. La estampa mostraba a una mujer tocada con un gorro de pieles, envuelta en una estola también de pieles, y que, muy erguida, esgrimía un amplio manguito, asimismo de piel, que ocultaba todo su antebrazo.

  

  Gregorio miró hacia la ventana; estaba nublado, y sobre el cinc del alféizar repiqueteaban las gotas de lluvia, lo que le hizo sentir una gran melancolía.


  <<Bueno -pensó-; ¿y si siguiese durmiento un rato y me olvidase de todas estas locuras?>> Pero no era posible, pues Gregorio tenía la costumbre de dormir sobre el lado derecho, y su actual estado no le permitía adoptar tal postura. Por más que se esforzara volvía a quedar de espaldas. Intentó en vano esta operación numerosas veces; cerró los ojos para no tener que ver aquella confusa agitación de patas, que no cesó hasta que notó en el costado un dolor leve y punzante, un dolor jamás sentido hasta entonces."


Comienzo de la obra. Traducción de Julio Izquierdo



  La metamorfosis, novela corta o relato, según se quiera, es probablemente la obra más conocida de Franz Kafka, una perfecta metáfora de lo que nos está ocurriendo a nosotros ahora mismo. De un día para otro, tras una noche agitada, Gregorio Samsa se transforma en un insecto -presumiblemente una cucaracha, aunque nada se diga al respecto-, lo que le obliga a confinarse en un espacio tan reducido como es su alcoba. Aislado en un nuevo cuerpo con múltiples patas y duro caparazón, nos confiesa sus vivencias a partir de su nueva identidad, repulsiva se mire por donde se mire, y que le impide relacionarse con su familia de una forma digamos convencional, como era antes del acontecimiento. A partir de lo improbable, Gregorio Samsa actúa como lo haría un insecto, y nos habla del ejercicio que supone adaptarse a un cuerpo nuevo que no atiende a los mandatos de su cerebro -el de un ser humano- por pura y natural fisiología.


    Franz Kafka, nacido en Praga en 1883, es uno de los escritores más reconocidos universalmente. Personaje para una novela humilde, ¡o no!, fue un escritor de vida compleja, incapaz de creer en su propia capacidad creadora -a su amigo Max Brod le ordenó que destruyera toda su obra escrita, algo que por fortuna no acometió-, apenas sí publico algunos relatos en vida. Kafka es hoy por hoy uno de los escritores más analizados en profundidad, por varios motivos, pero a mí particularmente me llama la atención su obsesión casi enfermiza por escribir historias que en cierto modo no dejan de ser variados confinamientos tratados desde distintas ópticas, y ahí están novelas suyas tan claustrofóbicas e inacabadas como es El castillo  o El proceso, por no citar la misma América, hoy conocida como El desaparecido, que a pesar de proyectarse en espacios más abiertos, no deja de ser en cierto sentido otra especie más de confinamiento. La metamorfosis es, o al menos lo fue en mi etapa de estudiante, de lectura obligada. Una obra universal y que se lee de un tirón con mucho agrado. 


martes, 21 de abril de 2020

Diario de Ana Frank (1947)

LOS LIBROS DEL CONFINAMIENTO (4)

    

     <<Ya te he contado alguna vez que mi alma está dividida en dos, como si dijéramos. En una de esas dos partes reside mi alegría extrovertida, mis bromas y risas, mi alegría de vivir y sobre todo el no tomarme las cosas a la tremenda. Eso también incluye el no ver nada malo en las coqueterías, en un beso, un abrazo, una broma indecente. Ese lado está generalmente al acecho y desplaza al otro, mucho más bonito, más puro y más profundo. ¿Verdad que nadie conoce el lado bonito de Ana, y que por eso a muchos no les caigo bien? Es cierto que soy un payaso divertido por una tarde, y luego durante un mes todos están de mí hasta las narices. En realidad soy lo mismo que una película de amor para los intelectuales: simplemente una distracción, una diversión por una vez, algo para olvidar rápidamente, algo que no está mal pero que menos aún está bien. Es muy desagradable para mí tener que contártelo, pero ¿por qué no habría de hacerlo, si sé que es la pura verdad? Mi lado más ligero y superficial siempre le ganará al más profundo, y por eso siempre vencerá. No te puedes hacer una idea de cuántas veces he intentado empujar a esta Ana, que sólo es la mitad de todo lo que lleva ese nombre, de golpearla, de esconderla, pero no lo logro y yo misma sé por qué no puede ser.>>

                 Traducción de Diego Puls


      Esto lo escribía Ana Frank el martes, 1 de agosto de 1944, y corresponde a uno de los párrafos anotados en su última anotación, sin saber que solo 3 días más tarde, entre las 10 y 10:30 de la mañana del 4 de agosto, la Gestapo iba a detener a la familia Frank. Ana y su hermana Margot serían enviadas a finales de octubre a Bergen-Belsen, donde ambas encontrarían la muerte muy poco antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial. En la presente edición de Círculo de Lectores de los primeros años noventa se dice: "Ana Frank, que poco antes de entrar en el refugio había cumplido 13 años, recoge en su diario los avatares de la vida cotidiana de estas ocho personas, y a través de sus observaciones, anhelos e inquietudes, su propio paso por la pubertad hacia una maduración acelerada por su peculiar circunstancia. Pero su voz narrativa, llena de inteligencia y ternura ofrece además el encanto de otro proceso paralelo, el de la propia evolución como escritora, que en su corta vida, truncada por el holocausto nazi, alcanza una fuerza y un genio indudable".



     ¿Quién no ha leído -probablemente el diario más celebre de la literatura contemporánea-, o cuando menos ha oído hablar de él? En el transcurso de poco más de dos años, la adolescente Ana plasma en su diario todo cuanto ocurre a la familia en un contexto de dificultad extrema que les obliga a un confinamiento atroz, y sin embargo, la niña alemana -judía para su desgracia-, emigrada a Amsterdam en 1933, vive llena de esperanza, plasmando sus ganas de vivir sin que por momentos se sienta ese estado claustrofóbico y la amenaza permanente de ser descubiertos y enviados finalmente a algún campo de exterminio. En 1947, el único superviviente, su padre, Otto Frank, consiguió que el Diario fuera publicado, un testimonio impagable del holocausto judío, con más de un millón de niños exterminados. ¿Qué mejor homenaje, en una situación como la actual, que leer su diario completo y entender el significado de un confinamiento extremo como el de la familia Frank?

viernes, 17 de abril de 2020

Papillon (1969)

LOS LIBROS DEL CONFINAMIENTO (3)


       PRIMER CUADERNO: EL CAMINO DE LA PODREDUMBRE (AUDIENCIA DE LO CRIMINAL)


      <<La bofetada fue tan fuerte, que solo he podido recobrarme de ella al cabo de trece años. En efecto, no era un guantazo corriente, y, para sacudírmelo, se habían juntado muchas personas.


  >Estamos a 26 de octubre de 1931. A las ocho de la mañana, me sacan de la celda que ocupo en la Conciergerie desde hace un año. Voy recién afeitado, bien vestido; mi traje impecablemente cortado me da un aspecto elegante; camisa blanca y corbata de lazo de color azul claro, que da la última pincelada al conjunto.


  >Tengo veinticinco años y aparento veinte.  Los gendarmes , un poco frenados por mi aspecto de gentleman, me tratan con cortesía. Hasta me han quitado las esposas. Estamos los seis, cinco gendarmes y yo, sentados en dos bancos en una sala desmantelada. Fuera, la luz es gris. Frente a nosotros, una puerta que debe comunicar, seguramente, con la sala de audiencia, pues estamos en el Palacio de Justicia del Sena, en París>>.


   Así se inicia el libro Papillon, o lo que es lo mismo, la vida de Henri Cherrière recluido en el presidio de Cayena de la Isla del Diablo, en la Guayana Francesa. Papillon (Mariposa) fue condenado en régimen extremo de trabajos forzados por un crimen que nunca llegó a cometer. El hilo argumental gira en torno a las durísimas condiciones de supervivencia de los presos, al tiempo que lanza un grito de denuncia por la ausencia de cualquier tipo de humanidad. Al tiempo es un canto de esperanza en el futuro si finalmente logra salir vivo de aquella especie de infierno terrenal. A lo largo de las más de 300 páginas de la novela, Henri Charrière va proyectando su fuga, algo que finalmente conseguirá más de 10 años después de su encierro. 28 años más tarde, salió a la luz este superventas que tuvo su continuidad con la publicación de Banco. Para su desgracia, Henri Cherrière falleció al poco de obtener el reconocimiento mundial, a la edad de 66 años. No obstante, y aunque algunos especialistas pongan en entredicho la verosimilitud de la historia, para  mí, su lectura -mientras hacía el Servicio Militar-, supuso una auténtica gozada, y puede ser que cierta comprensión y empatía con alguien que había sufrido lo indecible sin merecerlo.


    Este libro es un estupendo ejercicio de comprensión hacia quienes padecen o han padecido una especie de confinamiento atroz, sin haberlo merecido, y me estoy refiriendo a aquellas personas que han sido condenadas a pena de muerte o a cadena perpetua por delitos que no han cometido. Más allá de algo tan injustificable, queda ese poso de humanidad del prisionero, a pesar del régimen atroz al que es sometido. Una novela más que amena para sobrellevar esta reclusión. Una novela, por cierto, que tuvo sus adaptaciones cinematográficas. La más significativa la de 1973, llevada a la pantalla grande por Franklin J. Schaffner, y que contó con la presencia estelar de Steve McQueen y Dustin Hoffman, una película, por otro cauce, digna de verse.    

lunes, 13 de abril de 2020

La montaña mágica (1924)

     LOS LIBROS DEL CONFINAMIENTO (2)                        

  Intenciones del Autor


   <<Queremos contar la historia de Hans Castorp, no por él mismo (pues el lector ya llegará a conocerle y verá que es un joven sencillo aunque simpático), sino porque su historia, por ella misma, nos parece muy digna de ser contada (aunque en favor del muchacho recordaremos que ésta es su historia, su peripecia, y que no cualquier historia le ocurre a cualquiera). Esta historia se remonta a un tiempo muy lejano; por así decirlo, ya está completamente cubierta de una preciosa pátina, y, por tanto, es accesorio contarla bajo la forma del pasado más remoto.


    >Esto, en principio no es un inconveniente, sino más bien una ventaja, pues para contar una historia es necesario que haya pasado; y podemos decir que , cuanto más tiempo hace que pasó, más adecuada resulta para ser contada y para el narrador, esa voz que murmurando, evoca lo que érase una vez sucedió. Sin embargo, ocurre con ella lo que ocurre hoy en día con los hombres, y por supuesto también con los narradores de historias: es mucho más antigua que la edad que tiene; es más, su edad no puede medirse por días, como tampoco el tiempo que pesa sobre ella puede medirse por las veces que la Tierra ha girado alrededor del Sol desde entonces. En una palabra, en realidad no debe su grado de antiguedad al tiempo; y ésta es una observación que pretende aludir y señalar la extraña dualidad natural de este elemento>>.

                                                    (Traducción de Isabel García Adánez)


             

              Así comienza La montaña mágica, una de las novelas fundamentales del siglo pasado y probablemente la mejor del escritor alemán Thomas Mann, Premio Nobel de 1929. Esta monumental novela la leí en diciembre de 2008 y me dejó impactado. Pertenece al estilo realista tan de moda en el siglo XIX, y a partir de sus primeras páginas nos informa  del viaje que emprende el joven ingeniero Hans Castorp con destino a Davos (Suiza) para visitar a un primo suyo, militar, afectado de tuberculosis y que permanece internado en un sanatorio. Lo que parecía un viaje de cortesía, se convierte en un confinamiento eterno, pues él mismo termina contrayendo la enfermedad. Hans acaba por adaptarse a la vida tranquila y desalentadora de la institución, incluso experimenta por vez primera la atracción hacia una mujer que le hace percibir la vida de otro modo más  emocionante, dentro de la fatalidad. Además, entre reposo y reposo, asiste entusiasta a las discusiones diarias entre dos personajes opuestos: el italiano Settembrini, de conversación amena y liberal convencido, y el ex jesuita Naphta, muy culto e inteligente, convencido de que el totalitarismo de un color u otro es la mejor opción. 


          En resumidas cuentas, nos encontramos ante una novela redonda contada con cierta dilación, al tiempo de impregnarnos del aire puro que circula entre las montañas, y donde apenas hay episodios de acción desbocada y mucho ejercicio para la reflexión. Una novela maestra.

       

lunes, 16 de marzo de 2020

La peste (1947)

LOS LIBROS DEL CONFINAMIENTO (1) 


   <<A pesar de este brusco e inesperado retroceso de la enfermedad, nuestros conciudadanos no se apresuraron a estar contentos. Los meses que acababan de pasar, aunque aumentaban su deseo de liberación, les habían enseñado a ser prudentes y les habían acostumbrado a contar cada vez menos con un próximo fin de la epidemia. Sin embargo, el nuevo hecho estaba en todas las bocas y en el fondo de todos los corazones se agitaba una esperanza inconfesada. Todo lo demás pasaba a segundo plano. Las nuevas víctimas de la peste tenían poco peso al lado de este hecho exorbitante: las estadísticas bajaban. Una de las nuevas muestras de que la era de la salud, sin ser abiertamente esperada, se aguardaba en secreto, sin embargo, fue que nuestros ciudadanos empezaron a hablar con gusto, aunque con aire de indiferencia, de la forma en que reorganizarían su vida después de la peste.

 

                           

        >Todo el mundo estaba de acuerdo en creer que las comodidades de la vida pasada no se recobrarían en un momento y en que era más fácil destruir que reconstruir. Se imaginaban, en general, que el aprovisionamiento podría mejorarse un poco y que de este modo desaparecería la preocupación más apremiante. Pero, en realidad, bajo esas observaciones anodinas una esperanza insensata se desataba, de tal modo que nuestros conciudadanos no se daban a veces cuenta de ello y afirmaban con precipitación que, en todo caso, la liberación no sería para el día siguiente>>.


       (Fragmento de inicio del último capítulo del libro, La peste)




            La peste (1947), es probablemente la mejor novela de Albert Camus junto a El extranjero (1942). Esta obra escrita tras el final de la Segunda Guerra Mundial, describe con minuciosidad lo que puede suponer una epidemia y lo que cuesta convivir con ella durante meses. De ahí la actualidad de ella, redescubierta estos días por lectores voraces como consecuencia de la pandemia del Covid-19. En todo caso, una novela universal digna de ser leída ahora y en cualquier circunstancia.