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viernes, 6 de marzo de 2026
Let it be (12)
viernes, 29 de noviembre de 2024
My sweet lord (Historia de una canción, 11)
¿Es posible que alguien no haya tarareado jamás esta canción de George Harrison, o cuando menos no la haya escuchado? Creo que en cualquier rincón del mundo, hasta en el más remoto, sus habitantes se han aventurado alguna vez a emular con sus voces al que fuera uno de los cuatro miembros de The Beatles. Y es que la melodía es tan sencilla, y a un tiempo arrebatadora (como lo puede ser la contemplación del ir y volver de las olas de un mar plácido, aunque la imagen sea casi siempre la misma), que se hace difícil renunciar a la satisfacción de escucharnos a nosotros mismos versionando este himno a traves de la propia voz.
Es diciembre de 1969. The Beatles siguen unidos, si bien es de dominio púbico su próxima disolución. George Harrison se encuentra en Copenhage en compañía de Billy Preston y Eric Clapton. Asisten como invitados a la gira europea de Delaney & Bonnie. De por medio hay una conferencia, y tras concluir, Harrison se recluye en una habitación, componiendo los primeros compases de lo que sería My Sweet Lord. Por entonces no había barajado la oportunidad de publicar una nueva obra en solitario, algo que al final ocurriría con All things must past (1970), su tercer álbum al margen de The Beatles, un triple, considerado a día de hoy, uno de los tres o cuatro mejores trabajos en solitario que jamás haya compuesto por separado alguno de los de Liverpool. My Sweet Lord, que previamente había sido grabado por Billy Preston (en este directo se le puede ver con algunas celebridades) un par de meses antes, fue uno de los treinta temas incluidos en el triple disco, convirtiéndose a instancias del coproductor Phil Spector, en el primer sencillo de su carrera en solitario. A pesar de las reticencias de Harrison, por temor a que el mensaje de la letra jugara en su contra, el single (lanzado al mercado el 23/11/1970 en USA y el 15/01/1971 en UK) fue un éxito rotundo, alcanzando de inmediato el nº 1 en infinidad de países.
Por medio de la letra, a medio camino del gospel y de las oraciones védicas de la India, Harrison (el más espiritual de los ex beatles) pretende el conocimiento y la unión con Dios (en este caso Krishná, uno de los dioses del panteón hindú), aunque sin renunciar al Dios de Occidente (de ahí la intercalación de palabras, Hallelujah y Hare Krishna), pretendiendo con ello huir de la exclusividad religiosa (¿algo así como apostar por el ecumenismo?). Ciertamente Harrison hacía años que se había empapado de la cultura y religión de la India, a donde viajaba con asiduidad para profundizar en sus costumbres, además de seguir tomando lecciones de sitar, instrumento del cual se había servido para componer alguno de sus temas. Y sin embargo, en este, con reminiscencias tan orientales, renunció a tocarlo en beneficio de la guitarra, el instrumento protagonista de la canción en sus diversas variedades.
En 1976, Harrison tuvo que hacer frente a la demanda por plagio interpuesta por Bright Tunes, una compañía de NY, alegando que la melodía se parecía una enormidad a la de He's so fine (1962) del grupo femenino Chiffons. El Tribunal dio en parte la razón a la Compañía, asegurando que el artista británico la había plagiado de un modo inconsciente. No obstante, Harrison argumentó que en realidad era, Oh happy day el gospel que le había inspirado.
Como todos los temas que trascienden más allá del tiempo (y del espacio), My Sweet Lord ha contado con infinidad de versiones. Así, artistas tan dispares como U2, Eric Clapton, el mencionado Billy Preston, Megadeth, Ray Conniff, Julio Iglesias, Family & friends, etc., no han dejado pasar la oportunidad de poner su sello con el firme propósito de lograr que transmita, si bien, creo que nadie lo ha logrado con tanto acierto como su genuino compositor.
sábado, 20 de enero de 2024
Raindrops keep falling on my head (Historia de una canción 10)
A veces nos ocurre: en el cerebro hay una espita que deja libre una melodía, y uno no deja de tararearla. Si eso sucede, se debe a una desconexión transitoria de nuestras neuronas, o bien la melodía ha escalado hasta la inmortalidad. Esto es lo que le sucede a la canción Raindrops keep falling on my head. En 1969, a Burt Bacharach (música) y Hal David (letra), les encargaron el trabajo musical para la película Dos hombres y un destino, cuyos protagonistas iban a ser Paul Newman, Katharine Ross y Robert Redford. La exitosa pareja de músicos dio de lleno en la diana con esta melodía, premiada con el Oscar a la mejor canción en 1970.
La elección del intérprete no fue sencilla. En un principio -se comenta- Burt Bacharach había pensado en Bob Dylan; vamos, que la canción estaba compuesta para el de Mimnesota, pero este rehusó. La segunda opción era Ray Stevens, con el mismo resultado de renuncia. Por tanto, fue a la tercera, cuando B. J. Thomas aceptó de buen grado interpretarla. B. J. no era ni mucho menos un desconocido en aquellos años, si bien iniciaba su carrera en solitario. Al parecer fue Dionne Warwick quien convenció a Bacharach para elegirlo. En aquel momento, B. J. padecía una laringitis, así y todo se puso en faena, grabando cinco tomas. Fue la última, con la garganta hecha trizas, la elegida por Bacharach para subrayar la inolvidable escena del paseo de Newman y Ross sobre una bici. En la grabación previa se puede apreciar esa aspereza en la voz que todos aprobaron por su espontaneidad, nada que ver con la voz recuperada de unos meses después al grabar de nuevo Gotas de lluvia siguen cayendo sobre mi cabeza como single
El tema es un canto a la vida, a la esperanza. Un antídoto contra todo lo negativo. Es tal la dimensión alcanzada por el tema que, en 2004, treinta y cinco años después de su publicación, Sam Raimi lo recuperó para su película Spider-man 2, dando realce a la caminata feliz de Peter Parker por las calles de Nueva York, una vez perdidos sus poderes. Bacharach siguió cosechando otros importantes éxitos musicales, pero me parece a mí que ninguno llegó a superar a este.
Raindrops keep falling on my head fue el primer tema de Bacharach en superar el millón de ventas. Ocupó el primer puesto de la lista Billboard durante las primeras cuatro semanas de 1970, además de encabezar durante siete semanas consecutivas la lista Adult Contemporary. Es, no me cabe la menor duda, un clásico indiscutible del Siglo XX, y uno de los hitos musicales del Sèptimo Arte.
sábado, 28 de enero de 2023
Sunny (Historia de una canción, 9)
Como le ha ocurrido a infinidad de artistas, Bobby Hebb no tuvo una vida sencilla, pero gracias a la música se salvó. De familia humilde, con carencias físicas -sus padres eran ciegos, y tocaban, él el trombón y ella el piano, además de la guitarra-, le inculcaron desde muy joven la pasión por la música. A los pocos años aprendió a tocar la guitarra, y a mantener la esperanza en un futuro mejor. Como la música era su vida y al tiempo su sustento, en 1961 se instala en Nueva York, ciudad con más oportunidades para triunfar. Los días 22 y 23 de noviembre de 1963 marcarían para siempre a Bobby Hebb, pues durante la mañana del primero era asesinado en Dallas el presidente John F. Kennedy y al día siguiente, a la salida de un club nocturno, era apuñalado su hermano Hall. Abatido por la tragedia recurrió al alcohol para ahogar el desespero.
Según parece, de regreso a su casa de Harlem tras una madrugada de trasnoche y excesos, mientras miraba con atención el amanecer, le llegó la inspiración redentora, componiendo su tema más conocido, Sunny. La canción es, como diría el propio autor, una plegaria, un himno de acción de gracias por la alegría de vivir esperanzado. Sin embargo, aún pasarían más de dos años ( grabada 21 de febrero de 1966) hasta salir publicada como single. De hecho existe una grabación anterior de este tema de Hebb, cantado por la japonesa Mieko Horita con el soporte del Billy Taylor Trio, siendo probablemente la primera versión en vinilo.
Con el éxito del momento -a Bobby Hebb le permitió acompañar a The Beatles ese mismo año en la gira por EE.UU.-, infinidad de antistas interpretaron el tema (uno de los más versionados de la historia), como el vibrafonista Dave Pike, Cher, Stevie Wonder en una versión a su estilo inconfundible, Marvin Gaye, Johnny Rivers, el puertorriqueño Luis Miguel o Boney M, tal vez en la versión más conocida y comercial de todas ellas. Hoy, cincuenta y seis años después, BMI, acrónimo de Broadcast Music Incorporated, situaba en su momento a Sunny en el puesto veinticinco de las cien mejores canciones del Siglo XX.
sábado, 4 de diciembre de 2021
Smoke on the water (Historia de una canción, 8)
Cuando Deep Purple empieza a plantearse la grabación de su sexto álbumo de estudio, Machine head, la banda británica está en boca de todos. Consagrada como una de las formaciones más grandes de rock duro, sus dos últimos trabajos: In rock (1970) y Fireball (1971), han conquistado a miles de fans para la causa. En ese mismo año de 1971 son capaces de girar por EE.UU. media docena de veces -algo impensable a día de hoy-, así que en cierta manera estaban saturados del trabajo incansable sin descanso alguno. Para entonces y como figuras indiscutibles del directo, querían que su siguiente trabajo se pareciera lo más posible a sus actuaciones delante del público.
El inconveniente eran los horarios en los estudios, así que alquilaron el archiconocido estudio móvil de The Rolling Stones y se fueron a Montreux (Suiza), para eludir el pago de impuestos. El lugar elegido fue el Casino. La víspera de empezar a trabajar en el nuevo material, Frank Zappa y sus Mothers of invention daban un concierto. Los miembros de la banda también estaban presentes. Todo iba bien hasta que a un cretino le dio por disparar una bengala al aire. El techo comenzó a arder y muy pronto el edificio fue pasto de las llamas. Así que la formación más clásica de Deep Purple, la Mark II, o sea: Blackmore (guitarra), Glover (bajo), Paice (batería), Gillan (vocales) y Lord (teclados), debieron cambiar la ubicación del estudio móvil y desplazarse al Gran Hotel de la localidad; pero, para entonces, los británicos ya tenían la idea para desarrollar lo que después sería el tema más famoso de su discografía, y uno de los riffs más universales que se conozcan.
Smoke on the water abría la cara B del Lp publicado en abril de 1972. El grupo tenía tan poca confianza en el tema que fue desechado en los primeros momentos para ser lanzado como single, aunque finalmente saldría como tal pero ya en mayo de 1973, cuando la grabación original correspondía a diciembre de 1971, y sus incontables seguidores la conocían sobradamente. Eran precisamente sus incondicionales los que la pedían reiteradamente para ser tocada en directo, ya que la banda era muy remisa a la hora de echar mano de ella. Hoy, 50 años después de que Smoke on the water narrara el incendio del Casino, y se haya convertido en un himno del rock -la revista Rolling Stone la sitúa en el primer puesto de las mejores 50 canciones heavies-, ha sido versionada por infinidad de grupos, entre ellos Iron Maiden, Metalica, Black Sabbath, Sepultura, Crash, Nirvana, el propio Deep Purple con un toque de jazz al comienzo, The Coultrane Quartet, Sinfónico o el supergrupo formado por nada menos que David Gilmour, Brian May, Paul Rodgers, Ritchie Blackmore, Ian Gillan, Chris Squre, Keith Emerson, Bryan Adams, Roger Taylor, etc.
sábado, 11 de abril de 2020
Garota de Ipanema (Historia de una canción, 7)
Es desconcertante y llamativo a un tiempo, que los seres humanos nos dejemos seducir por el texto de una letra y la melodía de una canción, hasta el extremo de situar sin titubeo alguno a la playa de Ipanema en la ciudad de Rio de Janeiro; y por el contrario, muchos no atinemos a ubicar, aun en nuestro propio país, las playas tan populares de San Lorenzo, San Juan, de Samil, de los Cristianos, del Rinconcillo, etc. Es lo que tiene la universalidad de la música, capaz por si sola de hacernos soñar, disfrutar y hasta de aprender geografía con más facilidad que si asistiéramos a clase.
En 1962, en la ciudad de Río, el compositor Antonio Carlos Jobim y el letrista Vinicius de Moraes, pasaban buena parte de los días en el Bar Veloso (hoy lleva el nombre de Garota de Ipanema), acompañados de güisquis y unas ganas enormes de concluir decenas de canciones acordes al nuevo estilo imperante de la Bossa Nova, una corriente que había dado sus primeros pasos apenas 4 años antes, buscando una identidad propia al margen de la samba, la música más popular de la nación brasileña. En la recién estrenada década de los 60, Brasil se había repuesto del "maracanazo", aquella desgracia nacional que supuso la derrota del Equipo Nacional en el Mundial 1950 a manos de Uruguay, además de cientos de suicidios por no haber soportado tamaña afrenta, una afrenta que supuso la renuncia a su indumentaria tradicional hasta entonces, la del blanco, para vestir tras la desgracia, la canarinha: camiseta amarilla y pantalón azul. Por lo acontecido no les fue mal, pues levantaron la copa del mundo de 1958 y 1962. Pero si el fútbol era el fenómeno del momento, no lo era menos la nueva música aún por recibir el reconocimiento internacional. En aquellos días luminosos, Vinicius había empezado a escribir la letra de un nuevo tema, pero no le terminaba de convencer por completo, hasta que reparó en las idas y venidas de una joven de 17 años camino de la playa, y que a veces entraba en el Bar a comprar cigarrillos para sus padres. Ambos amigos la piropeaban por su belleza y cadencia al andar, incluso la invitaban a tomar algo, pero ella, tímida aunque halagada, nunca se plegó a los deseos de ambos. Con la irrupción de la musa, Vinicius concluyó con éxito los versos que hoy son tan reconocibles. Le enseñó la letra a su compañero y Jobim no tardó en componer la melodía que hoy es muldialmente conocida y que terminó por darle el espaldarazó definitivo a la Bossa Nova, pues había nacido Garota de Ipanema, o sea: Heloísa Eneida Menezes Paes, una perfecta desconocida entonces, y desde 1965, cuando Vinicius admitió su identidad, un personaje público, especialmente en Brasil, y que atiende por el nombre de Helo Pinheiro.
El 2 de agosto de 1962 fue presentado ante el público el nuevo tema que tuvo de inmediato su favor; no obstante, no sería hasta 1964, con la grabación hecha por el cantante, compositor y guitarrista Joao Gilberto, el saxofonista Stan Getz y la vocalista Astrud Gilberto, de dicho tema, rebautizado por Norman Gimbel en 1963 como The girl from Ipanema, tras haber adaptado su letra al inglés, cuando la canción traspasó todas las fronteras, y en nuestro planeta se tuvo conocimiento de un nuevo estilo musical marcado por la dulzura y peculiar disonancia de sus melodías que pretendía independizarse de su hermana mayor la Samba. Brasil ya podía presumir de ser la nación que daba al mundo un estilo musical inconfundible y que ha inspirado, no ya solo al saxofonista americano, sino a infinidad de intérpretes de los rincones más insospechados.
El bar, entonces Veloso, puede presumir en cierta manera de haber alumbrado la segunda canción más interpretada de toda la historia. La primera grabación en estudio la hizo Pery Ribeiro en 1963, y como se puede apreciar poco tiene que ver con la del trío formado por los Gilberto y Getz. De todos modos es a partir de la grabación de 1964 cuando las versiones se suceden a ritmo vertiginoso. Las más célebres son las de: Frank Sinatra, Sammy Davis Jr., Cher, Sepultura, Nat King Cole, Herb Alpert's Tijuana Brass, Madonna, Maroon 5, Diana Krall, Petula Clark, Amy Winehouse, Sarah Vaugh, Ella Fitgerald, The Supremes, Shirley Bassey y muchas otras figuras, algunas de ellas cambiando el término de girl por boy.
Mi primer contacto con la música brasileña fue a partir de una cinta cassette que compré a los 14 ó 15 años en Gijón. Os Maracatu, era o es un grupo o dúo, nunca lo he sabido con certeza, y que interpretaba temas populares como: Voce abusou, Marina, Birimbau, María vai com as outras, etc., que llamaron poderosamente mi atención, y que me empujaban a indagar en esa música brasileña de nuevo cuño. Pero he de admitir que no fue hasta escuchar este disco Getz/Gilberto, en el cual colaboraban, ademas de Joao Gilberto y Stan Getz, el propio Antonio Carlos Jobim al piano y Astrud Gilberto en el tema de marras y Corcovado, cuando fui verdaderamente consciente de que me entusiasmaba por su belleza y la tremenda adaptabilidad a otros estilos, especialmente el Jazz. Desde entonces no he dejado de escuchar bossa nova, algo que me ha permitido descubrir a figuras de la talla de Chico Buarque, Maria Bethânia y su hermano Caetano Veloso, Toquinho, Sergio Mendes, Toninho Horta, y otros muchos, algunos de ellos más enfocados hacia otros géneros como el Jazz, pero sin perder esa esencia tan característica de la música popular brasileña. Una verdadera delicia escuchar una y cien veces esta Garota de Ipanema que convirtió a Ipanema en una de las playas más célebres del orbe.
martes, 24 de julio de 2018
We will rock you (Historia de una canción, 6)
Para entender la intrahistoria de este himno imperecedero, antes habría que escuchar con atención You'll never walk alone, canción original de Richard Rogers y Oscar Hammerstein para el musical de 1945 Carousel, que el Liverpool adoptó como himno propio desde la década de los 60. Y es que Brian May, guitarrista y compositor de los Queen -enorme en los dos sentidos, también en estatura- además de doctor en astronomía, siempre ha admitido que buscaba componer algo así como un himno eterno, como el del equipo rojo, aunque no sé si es aficionado de los Reds.

En 1977, Queen se disponía a sacar su sexto álbum de estudio que llevaba por título, News of the world, y la pieza que debía de abrir el trabajo no podía ser una nadería. Manos a la obra, y haciendo caso a las palabras de Brian May, el corte lo compuso el solito en ¡10 minutos! A partir de los archiconocidos efectos percusivos creados sobreponiendo los sonidos de pisotear el suelo y hacer palmas, con el soporte de coros rotundos marca de la casa, y la entrada final de la guitarra, el gigante británico legó para la historia We will rock you, que curiosamente antecede al segundo corte del álbum, el no menos famoso We are the champions. El videoclip fue grabado en el patio trasero de la casa del baterista Roger Taylor.
Esta pieza magistral construida a partir de un resorte percusivo tan sencillo, que, según un estudio realizado en la Universidad de Saint Andrews, es la canción más pegadiza de la historia, y que Brian May la grabó pensando en el show de la BBC que capitaneaba John Peel, ha sido, es y probablemente seguirá siendo utilizada en los grandes eventos deportivos como animación por los clubes triunfadores en finales, particularmente de fútbol y baloncesto. Es, qué duda cabe, uno de los temas más versionados, con toques tan variopintos como los que le dan Max Raabe, Britney Spears, Beyonce & Pink, Five, Why Mona, etc. Pero, indudablemente, yo me quedo con el original o el directo de los Queen.
sábado, 27 de enero de 2018
Over the rainbow (Historia de una canción, 5)
Con 17 años la joven actriz Judy Garland fue encumbrada a la fama al interpretar el papel de Dorothy en la película El mago de Oz, un papel pensado en principio para la niña prodigio Shirley Temple. Lo que jamás pudo imaginar es que La canción ganadora del Oscar y perteneciente a la banda sonora del film, Over the rainbow, la marcaría para el resto de su vida, hasta el punto de interpretarla en todas sus actuaciones en directo a petición del público. Ella explicaba en las entrevistas sobre el asunto, deberle mucho profesionalmente al tema, además de no querer defraudar las peticiones de sus fans.
Se mire por donde se mire, el tema compuesto en 1938 por Harold Arlen y Yip Harburg, la melodía el primero y el segundo la letra, es fascinante, eterno, redondo de principio a fin; seguramente uno de los tres o cuatro más famosos de la historia del cine, y sin duda más perdurables en el imaginario de los cinéfilos. Un tema que curiosamente estuvo a punto de descartarse para la banda sonora por ser demasiado pausado en contraposición a la acción del film. Finalmente se mantuvo, ganó la estatuilla en 1940 y ayudó a que la banda sonora original conquistase otra estatuilla más.
Si de las canciones que se convierten en clásicas se suelen mencionar a los artistas que las han versionado, en este caso concreto casi se deberían de nombrar a aquellos que no se han aventurado en la tarea. No obstante, enumeraré a algunos de los más grandes que sí se atrevieron, como: Glenn Miller, Cliff Richard, Frank Sinatra, Gene Vincent, su hija Liza Minnelli, Barbra Streisand , Céline Dion, Mariah Carey, Beyonce, Brandi Carlile, Elvis Presley, David Bowie, Deep Purple, Queen, Bruce Dickinson, Eric Clapton, Jeff Beck, el mismísimo Bob Marley, Louis Armstrong, Ray Charles, Miles Davis, Chet Baker, Aretha Flanklin, Art Tatum, Ella Fitzgerald, Keith Jarrett, Kenny G, Plácido Domingo, Il Divo, Jennifer Hudson, Lady Gaga, Leon Russell, Norah Jones, Nana Mouskouri, Nina Hagen, Phil Collins y un infinito etc.
De esta canción (elegida por la Recording Industry Association of América como la mejor del siglo XX) solo puedo decir que al escucharla, la cante y/o toque quien sea, me embarga la emoción, trayéndome muy buenos recuerdos. Y es que la música, sea clásica, rock, popular, si es buena, se convierte en imperecedera, como es esta Over the rainbow.
sábado, 14 de octubre de 2017
My my, hey hey...Hey hey, my my... (Historia de una canción, 4)
Que Neil Young es una de las figuras indispensables y más influyentes de la historia del rock, nadie lo pone en duda. Como tampoco, a un año de cumplirse los cincuenta de su primer álbum como Neil Young, de su extraordinaria capacidad para la composición -casi medio centenar de obras en solitario-, pues a pesar de la abundancia y variedad de estilos en sus temas, jamás ha dejado de crear "himnos" para la posteridad.
En 1979 el canadiense sacaba a la luz, Rust never sleeps (en ese preciso momento supe de su existencia gracias a mi amigo Alejo, pues lo desconocía), uno de sus mejores discos y de los capitales a lo largo de la década. Repleto de buenas canciones, para el recuerdo quedaría el primer corte, la imperecedera My my, hey hey (out of the blue), una canción que me marcó desde la primera escucha. Un temazo acústico con letra ambigua, rayando en algunos versos el surrealismo, que iba a ser algo parecido a un alegato, o mejor, reivindicación de un rock eterno (también hacia la figura del rey Elvis Presley, muerto dos años antes), y una condena sin paliativos al punk, (incluyendo a Johnny Rotten o Sid Vicious) movimiento que hacía furor por entonces y amenazaba con engullirlo todo. Como Young es un artista poliédrico, versátil y capacitado para todo tipo de composición, quiso cerrar el disco de 1979 con Hey hey, my my (into the black), el reverso de la primera, una versión más rockera y desgarrada, posible gracias a sus acompañantes en directo de casi toda su vida: los Crazy Horse.
Hoy, casi 40 años después, convertido en dos versiones clásicas, reseñado por Kurt Cobain en su nota de despedida, My my, hey hey..., o Hey hey, my my..., son piezas que el de Toronto suele incluir en su repertorio de conciertos. También la han versionado, y no en pocas ocasiones, gentes tan variopintas como Oasis, Negative, Fjord, Battleme, Close Lobsters, sus paisanos Billy Tallent, e incluso el propio Sid Vicious.
Definitivamente el "joven" Neil tenía razón: el rock sigue tan vivo como entonces, ¿o no?
lunes, 20 de febrero de 2017
Bridge over troubled water (Historia de una canción, 3)
Cuando salió a la venta el single que da título al álbum homónimo, el 26-1-1970, The Beatles estaban pendientes de anunciar públicamente su ruptura, hecho que se sabía oficiosamente desde unos meses antes. Como les ocurriera al cuarteto de Liverpool, la convivencia del dúo era cada vez más difícil, así que tras la gira de lanzamiento de su último trabajo juntos, los neoyorkinos decidieron tomar caminos opuestos para proseguir sus carreras en solitario, añadiendo a sus afanes vocales los pinitos como actor por parte de Art Garfunkel. Meses más tarde, cuando se rompía el dúo, fallecían Jimmy Hendrix y Jonis Joplin con apenas dos semanas de diferencia. Por su parte, the Rolling Stones habían lanzado al mercado un mes antes, su álbum Let it bleed, réplica indisimulada al Let it be de The Beatles; y todo, absolutamente todo, coincidiendo con el final de década, era un puro torbellino, incluyendo el panorama musical al que no eran ajenos los máximos representantes en 1970 del folk americano, al menos a nivel comercial.
Paul Simon, siendo como era el compositor fundamental del dúo, se había encerrado en una casa de Los Ángeles, anteriormente ocupada por George Harrison, a fin de componer una canción que debía de interpretar su compañero. Basada en cierto modo en armonías gospel tan de su agrado, Simon nunca escondió haberse inspirado en la canción Oh Mary, don't you week, de The Swan Silvertones, para dar a luz seguramente al mejor tema de los neoyorkinos en los 13 años que duró su alianza, siendo al tiempo uno de los más habituales en sus conciertos, juntos o por separado. No obstante, dejando disquisiones aparte, el tema y el álbum homónimo, se convirtieron en el canto de cisne, en el legado póstumo de una pareja que ya solo volvería a unirse esporádicamente para conciertos puntuales.
Seguramente, el éxito rotundo de este temazo, estriba en buena parte en su letra, que es como un himno a la solidaridad en la voz seráfica de Garfunkel, además de unos arreglos orquestales muy bien traídos, que ensamblan a las mil maravillas con el inevitable muro de sonido influencia de Phil Spector. Bridge over troubled water se posicionó en el nº 1 de la lista de éxitos USA durante 10 semanas, 41 en UK. Según la controvertida lista de Rolling Stone referida a las 500 mejores canciones de la historia, la sitúa en el puesto 48. Temazo interpretado por otros artistas. Gustó particularmente a Paul Simon la versión hecha por su ídolo Elvis Prsley, pero también quedan para el recuerdo la de Aretha Flanklin, e incluso la hecha en español por Camilo Sesto.
Tema imperecedero en el imaginario de los amantes a la buena música.
martes, 6 de diciembre de 2016
Comfortably numb (Historia de una canción, 2)
Dedicado a los incondicionales del grupo Pink Floyd.
Para resumir diría simplemente brutal. Comfortably numb (aquí escenas de la película homónima) supone una de las más altas cotas de excelencia. El 6º corte de la 2ª parte de The Wall me marcó desde un principio, cuando adquirí la cinta cassette recién salida al mercado a finales de 1979. En cierto modo y a primer golpe de oído me aleccionó para escuchar con más atención el resto de las canciones, pues intuía que detrás de unas cuantas (difícil de digerirlas tratándose de un álbum conceptual) con atmósfera claustrofóbica y arreglos para nada convencionales, se escondía la obra maestra de los británicos tras la inigualable The dark side of the moon.
Es sintomático que detrás de una canción sublime que termina convirtiéndose en clásica, casi siempre hay una historia previa. A comienzos 1978 David Gilmour escribió la melodía base para su primer disco en solitario en los estudios Super Bear en Francia. Lo curioso es que lo terminó descartando. Un año antes, en plena gira del grupo para promocionar su anterior obra, Animals, tocaban en el The Spectrum de Philadelphia. Roger Waters padecía intensos dolores estomacales. El médico le inyectó un analgésico muy fuerte pensando que se trataba de un virus, cuando en realidad era una hepatitis. El bueno de Roger (cerebro indiscutible de The Wall), estaba que no se sentía, con las manos agarrotadas (de hecho en los bises ya no volvió a escena). Durante 2 horas deambuló por el escenario como adormecido.
Desde abril a noviembre de 1979 el grupo se encierra en el estudio para parir un doble álbum muy parecido a una ópera rock. Roger Waters tenía muy clara la personalidad del protagonista de nombre Pink, una estrella del rock, que trata de aislarse, "es la dificultad para manifestar emociones a medida que nos hacemos mayores, la pérdida de la inocencia y la construcción del muro emocional que cada ser humano vamos construyendo a medida que pasan los años", o eso decía David Gilmour para describir la atmósfera del disco.
En Comfortably numb (del directo Pulse, ya sin Roger Waters) aflora el dilema entre la obligación o la atención al enfermo. Hay un médico empeñado en mejorar al paciente para que salga a actuar (Roger Waters) para que cumpla el requisito de tocar en el concierto, y está el enfermo (David Gilmour), la estrella que debería de curarse. Al respecto de la letra, Gilmour decía que las partes que él cantaba eran el día y las de Waters la oscuridad.
¿Realmente cuál es el milagro que hace única Comfortably numb (de nuevo con Roger Waters y orquesta en vivo, la cual acrecienta esa profundidad sonora) Sin duda sus dos solos de guitarra de Gilmour, especialmente el segundo. Técnicamente es probable que no sean los mejores, aunque no es desdeñable su gran talento con el mástil. En mi opinión lo que hace sublime a la pieza, dándole emoción, color y un aire de épica, es el gran acierto de orquestarla. Gilmour era partidario de una guitarra incendiaria en la parte cantada por Waters, mientras este y Bob Ezrin, coproductor junto a David y Roger, preferían la orquestación, al final primó la segunda opción, contribuyendo definitivamente a que los solos de guitarra descansaran sobre los cimientos sólidos y tremendamente sonoros ideados por Michel Kamen, adquiriendo esa grandiosidad que probablemente hubiera perdido de haber imperado la idea de Gilmour.
Según las revistas Guitar World y Rolling Stone, el guitarreo de Comfortably numb aquí con David Bowie (algo así como cómodamente insensible o adormecido) ocupa el 4º puesto del ranking entre los mejores solos de guitarra de la historia, mientras la publicación Launch Radio Networks lo eleva al primer puesto. En agosto de 2006 fue votado por los oyentes de la estación de radio Planet Rock como el mejor solo de guitarra de la historia jamás grabado.
Es reseñable que este clásico de hace 37 años se convirtió en la última canción escrita al alimón por Roger Waters y David Gilmour.
domingo, 13 de noviembre de 2016
Oh happy day (Historia de una canción, 1)
A este temazo le tengo un cariño especial. Cada vez que lo escucho me devuelve a mis 13 ó 14 años, pues era la segunda canción de mi primera cinta cassette "Power & light AMÉRICA, comprada en Gijón en un verano ya inmemorial. Y a pesar de que tal vez no sea la más lograda, me emociona tanto o más que en mi primera escucha; así que ya forma parte de mi vida, hecha muchas veces de retazos musicales.
El logro de tan precioso gospel corresponde a Edwin Hawkins, que en 1967 y a partir del texto escrito por el clérigo inglés Philip Doddridge, que se basaba a su vez en una melodía más antigua del siglo XVIII, adaptó el ritmo original, cambiando el compás de 3/4 a 4/4. Su versión contiene únicamente el estribillo de Rimbaud repetido, omitiendo el resto de los versos originales. La melodía modificada por Edward F. Rimbaud a mediados del siglo XIX se utilizaba en bautizos y ceremonias de confirmación en UK y USA. Interpretada por Edwin Hawkins Singers obtiene en 1969 el éxito internacional, ganando un año después el Grammy a la mejor interpretación de gospel soul.
En ocasiones el mundo de la música contradice a quien piensa que un gran tema debe de tener cierta complejidad y una letra bien elaborada. Este tema dedicado a cantar sobre la buena noticia de (Dios) que eso significa grosso modo la palabra gospel, la melodía que transita a lo largo de la letra Oh happy day, oh happy day, oh happy happy day, Oh happy day, when Jesus washed, oh when he washed, oh when he washed, when Jesus washed, he washed my sins away!, reiterada más allá de lo razonable, te va impregnando de una felicidad y sosiego que inevitablemente puede empujarte a acompañar con palmas a otros muchos acompañantes de ilustres figuras que en alguna ocasión han versionado el tema, como Etta James, Ray Charles, Aretha Franklin con Mavis Staples, Whitney Houston, Mahalia Jackson y otros más, como Joan Baez o el mismísimo Elvis Presley.
Si alguien encuentra cierta similitud entre el My sweet lord de George Harrison y Oh happy day, que sepa que no va mal encaminado, al respecto el ex beatle dijo en alguna ocasión encontrar inspiración escuchando los arreglos de Edwin Hawkins. Se mire por donde se mire, temazo clásico.
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