El Mundial (Mis charlas con Fermìn)
- Cada vez hablamos menos.
- Pero seguimos en contacto por teléfono.
- Desde enero no has vuelto a publicar de nuestras charlas.
- ¿Qué quieres? Entre la publicación de mi libro y tus viajes frecuentes a Madrid por tu hija... ¿Está mejor?
- Está estabilizada, que ya es bastante. El tiempo dirá cómo evoluciona el mal. Por cierto: te veo menos flaco.
- Y yo a ti más joven.
Se ha quitado la barba, está en forma (se notan sus horas de gimnasio), y encima le han quitado años de encima con la mejoría temporal de su hija. Nadie diría que le queda un año, o a lo sumo dos para jubilarse.
- Pues será por el fútbol y sus beneficios terapeúticos.
- ¡No me digas que has visto los partidos del mundial!
- Al principio no le presté mucha atención, pero después, con las eliminatorias y España en plan mandón, empecé a ver los partidos de Francia, Argentina, Inglaterra, y los de nuestro país. Creo que el fútbol tiene un innegable efecto placebo, y sirve para olvidarse de cualquier mal, incluyendo el que padecen los hipocondriacos.
Fermín nunca fue futbolero, y como yo, éramos unos negados dándole patadas al balón en los campos de tierra del convento de los Padres Paúles. No obstante, mientras a mí siempre me ha gustado ver los partidos por la tele, Fermín se desentendió de las retransmisiones cuando se fue a estudiar a la universidad. Para él ese esparcimiento se traducía en una pérdida de tiempo irreparable.
- O sea que has renunciado a tu principio de: El tiempo es oro.
- Algo así, pero no por emocionarme de repente con las filigranas de Messi o Lamine; o por el despliege multicolor en cada partido. Tampoco es que reniegue del juego bonito de algunas estrellas. No es eso. Te mentiría si dijese que no he disfrutado con el juego coral de nuestra selección. Admito que a ratos me ha gustado, y mucho. No sé. Me ha llamado mucho la atención otras cosas colaterales.
- ¿Otras cosas colaterales? No te pillo.
- ¿Por qué hay una emoción palpable en el ambiente cuando la afición escucha el himno antes del partido de España?
- ¿Ya estamos con las preguntitas de marras? No lo sé. Dilo tú.
- ¿Y por qué muchos aficionados se envuelven en la bandera española cuando el resto del tiempo no lo hacen?
- A saber.
- He pensado mucho últimamente. A mí se me ocurren cosas al respecto, y que hablan muy a las claras en cuanto al momento presente. La gente en su mayoría no se siente concernida cuando detrás de un político aparece una bandera, o más de una; ni tampoco le toca la fibra sensible cuando escucha el himno nacional en honor a no sé qué dirigente nacional. Sin embargo ese desprecio, por decirlo de algún modo, en cuanto a los dirigentes actuales, sean del color que sean, se transforma en emoción y vítores cuando la gente comienza a sentirse representada por nuestros futbolistas, o el tenista de turno, o la nadadora del momento. Es algo sintomático y preocupante.
- En cuanto a nuestra bandera yo tengo mi tesis, si bien, puedo estar equivocado. Durante muchos años, en el régimen anterior, quienes cortaban el bacalao se apropiaron de ella, dándole todo uso. Eso, los casi cuarenta años de dictadura, han derivado en una cierta aversión hacia nuestra enseña, principalmente por parte de la izquierda radical, y los nacionalismos periféricos. Algo parecido ocurre con el himno, aunque haya desaparecido la letra que se cantaba en tiempos de Franco.
- Pero eso no ocurría hace casi el medio siglo.
- No estoy seguro de que tengas razón.
- Al menos en Villafranca y en los pueblos de alrededor, había un respeto que hoy se ha perdido por culpa de la clase política actual. Y no hago distingos entre unos u otros.
- Vamos a dejar el tema. Y hablando de mundiales. ¿Te acuerdas de Argentina-78?
-¡Cómo no me voy a acordar! Vimos casi todos los partidos en el Sevilla. Tú ibas con Argentina. Kempes jugaba en tu querido Valencia y era la figura rutilante de aquel mundial.
- Pero también me fastidió un poco que Holanda volviera a perder por segunda vez, auqnue ya no jugase Cruyff. Seguían siendo los que practicaban mejor fútbol.
- Creo que fue el último gran acontecimiento futbolero que seguí a través de la tele hasta este último. Y a propósito, ¿tú te acuerdas qué tomábamos para pasar las dos horas sentados frente al televisor?
- Supongo que algún café, o cerveza.
- Sí. Yo sí. Tú por el contrario no parabas de beber tónica Schweppes, al tiempo de mirar a la tele, y a cada poco bajar la vista para visualizar la Plaza, por si aparecía tu madre antes de que acabase el partido al ser tarde, porque al día siguiente teníamos que madrugar para volver al Colegio de los Paúles, pocos días antes de acabar el curso. Menos mal que de aquella solo disputaban el torneo dieciséis selecciones, y por tanto el número de partidos era mucho menor.
Nos despedimos con un fuerte abrazo tras meses sin vernos. Eso sí: mientras me palmeaba la espalda, y para que no le oyese el camarero de la terraza que casi una hora antes nos había servido sendas tónicas, me susurró al oído que a ver si no esperaba tantos meses para volver a escribir sobre nuestros encuentros, a lo cual accedí de buen grado, faltaría más.
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