Marco Mezquida, el triunfo de la constancia, (y el ingenio)

Hubo un tiempo, allá por los años dorados de Miles Davis, más o menos, o incluso antes; cuando las madrugadas entre copas y humos, la sobredosis de experimentaciones, las luces mortecinas con el añadido de barmans experimentados en el trato con los clientes y los sueños volando con la música a la estratosfera, eran el denominador común. En ese tiempo antiguo, los clientes sabían sin la mínima vacilación, quiénes eran artistas de verdad y quiénes farsantes atados a un instrumento para sobrellevar la presunción de creadores. Todos, o casi todos, sabían que Art Tatum, Thelonious Monk, Oscar Petersen, Herbie Hancock, Bill Evans, Joe Zawinul, o el mismo Count Basie, además de otros muchos, eran creadores natos de magia y estímulos nuevos cuando se sentaban frente al piano. Esa suerte de estar viviendo la historia más apasionante e inesperada del jazz, se fue diluyendo conforme transcurrieron los años, si bien siempre ha habido las excepciones (Michel Petrucciani, Keith Jarrett, Brad Mehldau, Diana Krall, etc.) que de un modo u otro mantienen a flote la esencia musical de sus predecesores. Hoy es más difícil dar con ese pianista capaz de llamar la atención, de agitarte las neuronas hasta perder el sentido del yo de diario; y sin embargo, en Menorca tenemos la enorme fortuna de contar con alguien capaz de atraparte sin necesidad de recurrir a trucos, por lo general de escaso alcance.
Marco Mezquida (Maó 1987) es esa suerte de mago capacitado para hacerte volar la cabeza por culpa de su enorme capacidad de sincronizar con quienes asisten a sus conciertos, siempre a partir de un extraordinario ingenio y agudeza para amalgamar distintos estilos musicales, convirtiendo cada una de sus interpretaciones en una experiencia única, en parte gracias a su sólida formación y a una técnica depurada que le permite experimentar más allá de los formalismos, digamos clásicos.
A pesar de sus treinta y nueve años, Mezquida tiene tras de si una extensísima carrera musical plasmada en infinidad de discos (alrededor de cien, treinta de ellos como líder o colíder), cientos de conciertos en España y en unos cuarenta países más, además de contar con veinte premios. Con ese bagaje no es raro que sus proyectos hayan ido desde colaboraciones con Chicuelo (guitarrista de prestigio), Salvador Sobral, o Lina, la cantante de fado, hasta proyectos más ambiciosos y personales a partir de trios, cuartetos, quintetos o sextetos.

Táctil (2026) es un claro ejemplo de la preocupación del artista por sintonizar de inmediato con su público. Mezquida lo necesita a su lado, en comunión constante, para que la música fluya y se eleve hasta cotas ilimitadas. A cada uno de nosotros nos pide un poquito de esfuerzo para fundirnos con él y así poder disfrutar con su deslumbrante oficio de improvisador nato en concierto. En este álbum de Marco Mezquida trío, la música fluye compacta y rica en matices (gracias en gran medida al buen hacer de dos músicos excepcionales como son Martín Meléndez (chelo) y Aleix Tobías (batería y percusión). Es tal la compenetración del trío en directo, que a veces da la sensación de estar viajando sin contratiempos a través de una especie de cortina sónica insonorizada. Martín Meléndez -lo ignoraba hasta la fecha-, es capaz de tocar el violonchelo como si se tratase de un contrabajo, no solo marcando el ritmo de cada pieza, también siendo protagonista a ratos. Y de Aleix Tobías solo se puede decir que es un percusionista de primer nivel que le va como anillo al dedo al estilo musical tan ecléctico de este el último trabajo del trío.
En Táctil, la pieza homónima, el trío plasma sus reales intenciones, que no son otras que las de advertir que la música no solo debe de ser escuchada, hay que agarrarla, sentirla. ¿Estamos ante música clásica, Granados tal vez; jazz mediterráneo? Es un poco de todo, pero de lo que no cabe duda es de estar escuchando al trío de Marco Mezquida. Felice es otro de esos temas que navega entre la música latina ¿tal vez Bebo Valdés?, y el jazz más reciente ¿influencias de Chick Corea? Tempus fugit (plor per Pelestina) es el homenaje y compromiso con los palestinos por cuanto de malo les está ocurriendo sin que nadie alce la voz ante la barbarie. Cuando vienes, como el anterior tema, se desenvuelven en una suerte de quietud más convencional. No así Cavalcanti, un tema más cercano al jazz , o Constantine, que también discurre por derroteros idénticos. ¿Y el tema Cádiz?
Escuchar a Marco Mezquida Trío en vivo es una gozada impagable. He tenido la inmensa fortuna de disfrutar de su música en directo, y francamente, muy pocos conciertos me han impactado tanto como el del pasado domingo en el Teatre d'es Born en Ciutadella. Dos horas de música ininterrumpida de muchos quilates, fueron suficientes para rendir al público que lo abarrotaba, haciendo desde las 20:30 a las 22:30 que el escenario se cubriera de magia y sensibilidad a partes iguales.
Si alguien no conoce a este menorquín de oro, os invito a escucharlo, no os va a decepcionar. Es tal su versatilidad y manejo del teclado que no os va a decepcionar. Por si os puede orientar en cuanto a la valía de Mezquida, os diré que en el próximo mes y medio tendrá quince conciertos en lugares tan dispares, como Barbastro, Sofía, PollenÇa, Stuttgart, Monza, Girona, Alicante, etc.
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