lunes, 20 de febrero de 2017

Bridge over troubled water (Historia de una canción, 3)

  Cuando salió a la venta el single que da título al álbum homónimo, el 26-1-1970, The Beatles estaban pendientes de anunciar públicamente su ruptura, hecho que se sabía oficiosamente desde unos meses antes. Como les ocurriera al cuarteto de Liverpool, la convivencia del dúo era cada vez más difícil, así que tras la gira de lanzamiento de su último trabajo juntos, los neoyorkinos decidieron tomar caminos opuestos para proseguir sus carreras en solitario, añadiendo a sus afanes vocales los pinitos como actor por parte de Art Garfunkel. Meses más tarde, cuando se rompía el dúo, fallecían Jimmy Hendrix y Jonis Joplin con apenas dos semanas de diferencia. Por su parte, the Rolling Stones habían lanzado al mercado un mes antes, su álbum Let it bleed, réplica indisimulada al Let it be de The Beatles; y todo, absolutamente todo, coincidiendo con el final de década, era un puro torbellino, incluyendo el panorama musical al que no eran ajenos los máximos representantes en 1970 del folk americano, al menos a nivel comercial.

  Paul Simon, siendo como era el compositor fundamental del dúo, se había encerrado en una casa de Los Ángeles, anteriormente ocupada por George Harrison, a fin de componer una canción que debía de interpretar su compañero. Basada en cierto modo en armonías gospel tan de su agrado, Simon nunca escondió haberse inspirado en la canción Oh Mary, don't you week, de The Swan Silvertones, para dar a luz seguramente al mejor tema de los neoyorkinos en los 13 años que duró su alianza, siendo al tiempo uno de los más habituales en sus conciertos, juntos o por separado. No obstante, dejando disquisiones aparte, el tema y el álbum homónimo, se convirtieron en el canto de cisne, en el legado póstumo de una pareja que ya solo volvería a unirse esporádicamente para conciertos puntuales.

  Seguramente, el éxito rotundo de este temazo, estriba en buena parte en su letra, que es como un himno a la solidaridad en la voz seráfica de Garfunkel, además de unos arreglos orquestales muy bien traídos, que ensamblan a las mil maravillas con el inevitable muro de sonido influencia de Phil Spector. Bridge over troubled water se posicionó en el nº 1 de la lista de éxitos USA durante 10 semanas, 41 en UK. Según la controvertida lista de Rolling Stone referida a las 500 mejores canciones de la historia, la sitúa en el puesto 48. Temazo interpretado por otros artistas. Gustó particularmente a Paul Simon la versión hecha por su ídolo Elvis Prsley, pero también quedan para el recuerdo la de Aretha Flanklin, e incluso la hecha en español por Camilo Sesto.

  Tema imperecedero en el imaginario de los amantes a la buena música.

viernes, 10 de febrero de 2017

Cinefranca 2017

  A partir del próximo fin de semana, como cada año por estas fechas, la Villa volverá a acoger esta especie de homenaje al cine de verdad. Es muy encomiable y de agradecer el empeño de sus organizadores por sacar adelante durante tres días un evento de tal magnitud, ocupándose y preocupándose de transmitir a los aficionados su pasión sin límites por el séptimo arte, intentando así hacer más llevaderos los rigores invernales a  partir de una oferta cultural de peso.

  A diferencia de años precedentes, la presente edición no plantea un tema concreto alrededor del cual giren las ocho películas seleccionadas. Ni tampoco un tipo específico de narrativa o género; por el contrario, sus organizadores han preferido el eclecticismo, sin renunciar a la calidad, me parece a mí, de todas ellas -De El Cielo abierto y Los amantes del Pont-Neuf no puedo opinar al no haberlas visto-. Por ejemplo, el próximo sábado 18, a partir de las 12:00 horas, se proyecta La fiera de mi niña. Comedia clásica de 1938 de Howard Hawks a mayor gloria de actores tan enormes como Katharine Hepburn y Cary Grant, que a partir de papeles tan opuestos a primera vista, son capaces de crear una química insuperable delante de la pantalla. Aunque la hayamos visto infinidad de veces a través de la televisión, el placer de disfrutarla en la gran pantalla es impagable.

  Si encontramos algunas películas con ciertas similitudes, esas serían Te querré siempre y Carta de una desconocida. Aunque el argumento de una y otra no tengan nada en común, es indudable que ambas beben del asunto amoroso. La primera, de 1954, es fruto de la relación sentimental de entonces entre el realizador italiano Roberto Rossellini y la actriz sueca Ingrid Bergman. En cierto modo la pareja no hace otra cosa que un ejercicio sincero y descarnado trasladando su vida en común al objetivo de la cámara -George Sanders sería en la pantalla el trasunto del director-. Por su parte, en Carta de una desconocida, de 1948, obra imperecedera del director alemán Max Ophüls, la actriz Joan Fontaine no hace otra cosa que asumir una vida paralela a través de la cual y en soledad, padece por el artista y mujeriego interpretado por Louis Jourdan, sin atrever a confesarle sus sentimientos hacia él. Como ocurre con La fiera de mi niña, ambas se emiten el sábado 18, la primera a las 20:30 y la segunda a las 00:00 horas.

    Para el domingo 19 y como cierre del evento, la organización ha reservado la proyección de la película muda Seven Chances, de 1925, permitiendo que el piano de Ricardo Casas acompañe los 55 minutos de metraje, como debía de ocurrir en la edad dorada de aquel cine. En este hilarante mediometraje, su director-actor, el brillante Buster Keaton, nos plantea el absurdo de la vida hasta el extremo de que un hecho concreto pueda cambiar radicalmente la subsistencia de cualquiera. Como recuerdo imborrable, la persecución infernal de novias y piedras en pos del chico que pretende casarse a pesar del ridículo más espantoso, después de haber fracasado 7 veces en su intento desesperado de llevar a alguien al altar -ninguna de las sondeadas sabía del dinero a espuertas- antes de las 7 de la tarde para poder cobrar la herencia de su abuelo. Obra maestra del cine cómico mudo. 

  Desde un tiempo más reciente lo es también la cinta Brazil, del antiguo miembro de Monty Python, Terry Gillian, o aquí habría que decir película de culto, al menos para los incondicionales de la ciencia ficción. Fresco el estreno de la película 1984, la adaptación cinematográfica a partir de la novela de George Orwell, con la cual el escritor y periodista inglés nos informaba de un poder absoluto vigilando permanentemente nuestras vidas, esa abominable existencia del Gran Hermano, tenía que influir en la cinta que nos ocupa cogiendo prestado algo de ese universo orwelliano, si bien Terry Gillian, que nos habla de un poder estatal casi omnímodo, nos lo presente a través de su imaginación desbordante y efectos especiales convincentes para la época. El americano sitúa la acción en un futuro reciente que acaso pudiera dejar de ser ciencia ficción para volverse real; esperemos que no. La cinta se proyecta el domingo 19 a las 10:00.

    Para terminar, el sábado 18 a partir de las 10:00 horas, se pasa la película Alta fidelidad, del 2000. Tal vez no sea el trabajo más logrado de Stephen Frears; no obstante, su banda sonora es frenética y nos hará disfrutar de las imágenes mucho mejor que si estas se sustentaran únicamente en el guión. A mí, sin ser obra maestra, me parece que se deja ver; al menos quienes nos consideramos amantes de la música no deberíamos dejar de acudir. Frears nos da una imagen anterior al cambio de milenio referida a una juventud que ama la vida a través de la música.

  Como en años precedentes, la oferta complementaria de esta edición, comienza con la bienvenida a los asistentes el viernes 17 a partir de las 21:45 horas. Tras la proyección ese mismo día de la película El cielo abierto, en torno a las 00:00 horas, la organización invita a la "Tertulia en la chimenea y copas de balón", con la presencia de la escritora y guionista Elvira Lindo en la Posada Las Doñas del Portazgo. Y el día 18 sábado, con la apertura del ambigü y desayuno en el Bar Compostela. El mismo sábado a las 14:15 horas, sesión de cócteles a cargo de Federico Ysart. A renglón seguido, en torno a las 15:00 horas, botillada voluntaria en Mesón Don Nacho y El Casino (para la comida se debe tener inscripción previa en la web del Cinefranca). El mismo día tendrá lugar la cena a las 22.15 horas. A continuación, en torno a las 00:00 horas, fiesta en el Bar Pitillo.

  Creo que el fin de semana que va del 17 al 19 se presenta una ocasión única para volver a deleitarse con el cine en la gran pantalla, como ocurría con más frecuencia algunos años atrás. Propongo acudir al Teatro y disfrutar a quien pueda hacerlo, pues no saldrá defraudado al ver estos filmes, la mayoría de ellos de indudable calidad.

    

lunes, 6 de febrero de 2017

Franz Beckenbauer

Ayer nos dejaba uno de los futbolistas más laureados y brillantes de la historia. Para el recuerdo queda el duelo inolvidable que le enfrentó a Cruyff en el estadio olímpico de Munich en pos del Campeonato Mundial de Fútbol de 1974. En 2017 publicaba esta entrada en mi blog. Sirva como homenaje póstumo a su figura. 


Es posible que salvo Cruyff y Zidane no haya habido un jugador de élite tan elegante como El Káiser. En los primeros años setenta me empecé a aficionar al fútbol en serio, primero como coleccionista de cromos y a continuación viendo los partidos de liga del domingo; en cuanto a lo de jugar no era lo mío, era un perfecto zote. A Beckenbauer lo descubrí un poco tarde, en 1974, cuando el Bayern Munich conquistó su primera Copa de Europa al derrotar al Atl. Madrid, y semanas después  al proclamarse Alemania campeona mundial al vencer a Holanda. La verdad es que me quedé boquiabierto contemplando la suficiencia y autoridad de su juego. Yo no salía de mi asombro viendo su capacidad de destruir el juego enemigo, pero al mismo tiempo, con técnica depurada, inteligencia y soltura pasmosa, amén de una condición física fuera de lo normal, organizar el juego ofensivo desde atrás, pues yo pensaba que ese trabajo era exclusivo de los números 8 ó 10 de cada equipo, o sea, del interior derecho o izquierdo en el sentido clásico de aquellos años -hoy el 8 puede ser un defensa y el 10 un mediocentro u ocupar otra demarcación cualquiera-. Para entonces el alemán hacía algunos años que ejercía como líbero de la defensa. Antes había jugado en el centro del campo, dándose a conocer a nivel internacional en el mundial de Inglaterra-66 con tan solo veinte años. Con su retraso hasta posiciones defensivas, si no fue el inventor del puesto de líbero, al menos lo elevó hasta una dimensión que jamás había tenido antes, y en mi opinión no volvería a tener, a pesar de la existencia de otros grandes líberos, como Moore, Figueroa, Pasarela o Baresi. Desaparecida definitivamente la figura de hombre libre en la defensa -tal vez acelerada con la evolución de la táctica del 4-3-3 de entonces al 4-4-2 más habitual de ahora, con dos delanteros-, ya casi ni nos acordamos del juego talentoso y autosuficiente de Beckenbauer, pues era algo así como si en vez de la equipación deportiva vistiera de smoquin -esto creo que lo dijo alguien del mundillo futbolero.-


   Otra de las cosas que me llamaba poderosamente su atención, era esa "manía" suya de ir siempre con la cabeza levantada, pergueñando la próxima jugada gracias a su inteligencia y talento descomunales. Recuerdo ahora la final de la Eurocopa-76 que la desaparecida Checoslovaquia y Alemania Federal empataron 2-2, resultando vencedora la primera tras la tanda de penalties -para el recuerdo el último lanzado por Panenka-. A Alemania no le iba bien pues perdía desde el m. 25 de la primera parte por 2-1. El centro del campo germano formado por Beer, Wimmer y Bonhof no carburaba y Helmut Schön decidió cambiar a los dos primeros por Flohe y Bongartz. Para entonces el veterano seleccionador ya había adelantado la posición del Káiser para que ejerciera como cerebro. Con el 5, capitán a la postre, Alemania tuvo más fluidez en su juego, pero solo le sirvió para empatar el partido en el m. 89. Beckenbauer jugaba con una autoridad que no parecía propia de un jugador. Es muy recomendable el visionado de ese partido.

  Beckenbauer es considerado el mejor jugador alemán de la historia. El 2º mejor jugador europeo del siglo XX por detrás de Cruyff, y el 3º de la misma centuria a nivel mundial, solo superado por Pelé y el holandés, según IFFHS. Si nos atenemos a la votación oficial de FIFA, el organismo lo sitúa en el 4º puesto a nivel mundial y en el 8º en votación pública. A título individual, en su país fue elegido por 4 veces mejor jugador alemán del año; siendo elegido para el equipo ideal en los 3 mundiales que disputó, o sea: 1966, 1970 y 1974. Además ha sido elegido mejor jugador europeo en los años 1972 y 1976, convirtiéndose en el primer defensa en recibir tal distinción.

  Pero la influencia del Káiser va más allá, hasta el punto de ser uno de los responsables directos, y acaso el principal, en transformar un club de segunda línea como era el Bayern Munich a comienzos de los años sesenta, en el más laureado de su país. Por si su carrera no fuera suficientemente exitosa, ahí quedan sus logros como entrenador del Bayern en distintas etapas, y responsable de la selección germana antes, nada más colgar las botas.

viernes, 27 de enero de 2017

Rumours de Fleetwood Mac

  El próximo día 4 se cumplen 40 años de la salida al mercado de uno de los discos más brillantes de la historia, de hecho ganó el Grammy al mejor álbum de aquel 1977.  Los británicos, fundadores y que dan nombre a la banda: Mike Fleetwood y John McVie, junto a Christine McVie, además de los americanos Lindsey Buckingham y Stevie Nicks, formaban desde 1975 la que se ha convertido con el transcurso de los años en su formación más exitosa. Con cortes como el imponente The Chain que da inicio a la cara B del disco, el más pop Second hand news con que se abre el álbum, o el acústico Never going back again, conquistan los corazones de críticos y fans, concitando la unanimidad en los elogios para este trabajo AOR.

  En 1976 se encierran en los estudios de Sausalito para iniciar las sesiones de grabación de lo que sería su nuevo álbum. Las aguas de la convivencia entre sus miembros bajan turbias, ya que el bajista John McVie y su compañera sentimental, la teclista y voz Christine, han roto, lo mismo que Lindsey (guitarrista y voz) y su novia Stevie (voz). Sin olvidar que el gigante Mike, el baterista de la banda, está en trámites de divorcio de su esposa Jenny. Las mujeres de la formación pernoctan en lugares diferentes a los de sus compañeros, incluso los dos primeros no se hablaban, como no fuera para tratar asuntos de la grabación. A las rupturas sentimentales  añadía el quinteto su empeño en los excesos de las drogas y el trasnoche. Así que, desde cualquier punto de vista sensato, no parecía el momento más propicio para parir un disco de cierta entidad. Incluso la prensa especializada especula constantemente con la ruptura definitiva del grupo, de ahí el título de la obra: Rumours. A pesar de todos los inconvenientes el grupo es muy profesional y se sumerge en la creación de su obra maestra.

    Para la ocasión llaman a los productores Ken Caillat y Richard Dashut, dos minuciosos e incansables buscadores de la mejor sonoridad, que con la inestimable ayuda de un perfeccionista como Buckingham, dan sentido a través de cortes impecables, al sinsentido de aquellos meses azarosos. Las letras que hablan de las difíciles relaciones de pareja, de los chismorreos y todo lo que ello conlleva, encajan como muñecas rusas en unas músicas hipnóticas que se  quedan para siempre atrapadas en el cerebro. Las armonías vocales son difíciles de superar, como lo es el impagable trabajo de Lindsey con la guitarra o el de la base rítmica de su dúo de fundadores. El ensamblaje es perfecto y hace que cortes como Don't stop, o Go your own way tengas que escucharlos una y otra vez; "es como si cien ángeles estuvieran besándote en las mejillas constantemente" que decía algún encumbrado crítico musical de la época.

   Pero Rumours también tiene piezas más calmadas que huyen del pop. Dedicada a Mike Fleetwood por ser un poco el padre de todos y aglutinador del grupo, Oh daddy es una de ellas, como lo es la oscura Gold dust woman o la intimista Songbird, piezas que terminan de enriquecer el conjunto de la obra, una obra que 40 años después se ha convertido en el 6º disco de la historia más vendido en USA y el 12º en UK. La revista Rolling Stone lo coloca en el puesto 25 entre los 500 mejores álbumes de la historia. La revista Q lo eleva al 3º puesto de los mejores discos en los años 70, tras London Calling de The Clash y The dark side of the moon de Pink Floyd. The Guardian en 1997 lo situaba en el 78º entre los 100 primeros.

   En la carátula aparecen Mike Fleetwood y Stevie Nicks. Disco redondo y jamás superado por posteriores obras del grupo. Un disco para disfrutar y empaparse de todo lo bueno que transmite.

jueves, 19 de enero de 2017

El Sur (14)

En 2017 publicaba esta entrada sobre una de las 10 ó 12 mejores películas españolas de los últimos sesenta años. El Sur se emite hoy en Classics en el Canal Trece a las 22:00 horas, y en mi opinión, ningún cinéfilo debería de perdérsela si aún no la ha visto.


La secuencia inicial de la Película marca sin titubeos la atmósfera intimista y contenida que impregna los 93 minutos de metraje, a la vez de enfrentar al espectador ante unos sucesos conmovedores y al margen de los límites del tiempo, a pesar de que la historia tenga su punto de partida en el otoño de 1957. El Sur es un prodigio desde cualquier punto de vista, a pesar de tratarse de una obra inacabada en opinión de su director Víctor Erice. La voz en off (ya de adolescente) de Estrella, la niña protagonista de la historia, es un acierto clamoroso, como lo es también la fotografía desvaída, tímida, por parte de José Luis Alcaine, que nos invita a disfrutar de cada plano desde la compasión y el recogimiento. Sin olvidar otro de los grandes hallazgos narrativos: la quietud y silencios clamorosos que impregnan al film de un definitorio tono de amargura no exento de una esperanza que puede traer la redención: El Sur.


  Porque El Sur no es otra cosa sino un flashback a partir del suicidio de Agustín, el padre de Estrella. Desde el inicio hasta bien pasada la primera parte de la cinta, las escenas solo son fruto de la memoria de una niña y un tiempo, que no siempre coinciden con las explicaciones en off de la niña ya adolescente. Y esa niña, a través de su memoria selectiva, nos acerca secuencias prodigiosas para compartir con los cinéfilos, de gran intensidad evocadora, como la de su escondite debajo de la cama, o el pasodoble del Gran Hotel siendo ya adolescente. Aunque tal vez estas imágenes pierdan parte de su impacto al visualizarlas por separado.


  En cierto modo El Sur aborda la relación paterno-filial desde la perspectiva de una hija, cuando al padre se le adora con la misma intensidad que a un ídolo, y todavía no se tiene la edad suficiente para valorar esa relación con la distancia y sensatez que dejan el poso de los años. De ahí que la película destile magia desde el primer minuto. Y El Sur es ese territorio apenas intuido, una ilusión o metáfora en donde podría desbocarse la alegría, una esquina en los confines donde no hay espacio para la tristeza.


   La segunda película del vasco tras su clamoroso éxito con El espíritu de la Colmena, tenía previsto un rodaje de 83 días siguiendo un guión extenso a partir de la novela homónima de Adelaida García Morales (su pareja de aquel entonces). Por problemas de financiación (costó 83 millones de pesetas en 1983) la cinta se acabó en menos de 50 días. La decisión adoptada por el imprescindible Elías Kerejeta, se convirtió finalmente en un acierto, pues estaba prevista una segunda parte a partir del viaje de Estrella a Carmona con el propósito de descubrir El Sur y todo cuanto escondía con respecto a su padre. El acierto viene avalado por los premios en los festivales de Sao Paulo, de Chicago, de Burdeos, o de Cannes, donde no llegó a ganar aunque estuvo nominada; de la revista Fotogramas, Guía del Ocio que también le dio el premio al mejor director, etc.


  El Sur, es, sin ninguna duda, una de las películas imperecederas de nuestro cine que merece más de un visionado, al menos por parte de quienes gozan/padecen de una extrema sensibilidad. 




                                                                                       

sábado, 7 de enero de 2017

El reino de este mundo

  En 1949, cuando se publica El reino de este mundo, Alejo Carpentier tiene 45 años. Nacido en 1904 en Lausana, era hijo de padre francés y madre rusa, lo cual no ha sido impedimento alguno para considerarle escritor cubano por los cuatro costados.

  Los antecedentes de esta, una de sus mejores novelas sino la principal, se remontan a un viaje que Carpentier realizó en 1943 a la isla de Haití. Antes se había empapado del surrealismo europeo, además de admirar su arte barroco en todo su esplendor. Así que al pisar suelo haitiano, aquellos conocimientos adquiridos en el Viejo Continente, se transformaron/fusionaron con la realidad de un país tan cercano geográficamente a Cuba y a la vez tan desconocido. Carpentier se empapa de la cultura, la tradición y la historia del país, aflorando en su mente una nueva forma de entender, de asumir la realidad impensada; es así como inaugura un nuevo estilo narrativo denominado real maravilloso o realismo mítico, que sin ser exactamente lo mismo que el célebre realismo mágico, entronca de algún modo con algunos de sus cánones. Carpentier se deja atrapar por el sincretismo cultural y religioso -asiste a ceremonias vudús-, y al fin entrelaza la realidad y los sueños, la razón y lo imaginado, la vida y la muerte, y todo ello lo adereza con esa pasión por lo barroco.

  Maravilloso implica sentido de sorpresa frente a lo inusual e inesperado. Eso sucede a lo largo de sus más de 150 páginas. "El culo del mundo", es en el siglo XVIII una nación pobre de solemnidad, como lo es ahora. Predomina una población negra y prácticamente esclavizada que ahonda sus raíces en la tradición africana, de donde procede mayoritariamente; y una minoría de blancos que tiene el poder y las tierras. Es en esos años finales cuando la mayoría negra pone en marcha la revolución que al fin liquidará la primacía blanca. En ese espacio geográfico de miseria, analfabetismo y supersticiones, Alejo Carpentier pondrá a su protagonista, un esclavo negro capacitado para la doma de potros y que atiende por el nombre de Ti Noél, a recorrer un territorio de guerra y desamparo, pero también un espacio donde puede aflorar y de hecho lo hace, lo más sorprendente de la mano de personajes históricos como el emperador negro Henri Christophe, o el héroe y líder de la revolución Francois Mackandal.

  Fallecido en París en 1980, y galardonado tres años antes con el premio Cervantes, Carpentier nos deja para la posteridad una novela no demasiado extensa que se lee con todo interés.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Feliz Navidad

  El tiempo se nos escurre sin que seamos capaces de atenazarlo, así que de nuevo volveremos a celebrar más juntos que nunca las entrañables fiestas navideñas. Como en cada final de año haremos balance o un breve recorrido de nuestra vida, planteándonos nuevos retos y muchos propósitos de enmienda, aunque al fenecer 2017 seguramente volvamos a estar en el punto de partida que nos está marcando ahora este 2016. Yo no voy a ser muy original, así que a este año a punto de empezar le pido ventura, y que nos obsequie con salud, amor, prosperidad y también con muchas ganas de recuperar el placer de leer libros de poesía, novela, ensayo o cuentos de navidad.

  ¡¡¡Felices fiestas para todas/os y próspero Año Nuevo!!!



martes, 6 de diciembre de 2016

Comfortably numb (Historia de una canción, 2)

        Dedicado a los incondicionales del grupo Pink Floyd.  


  Para resumir diría simplemente brutal. Comfortably numb (aquí escenas de la película homónima) supone una de las más altas cotas de excelencia. El 6º corte de la 2ª parte de The Wall me marcó desde un principio, cuando adquirí la cinta cassette recién salida al mercado a finales de 1979. En cierto modo y a primer golpe de oído me aleccionó para escuchar con más atención el resto de las canciones, pues intuía que detrás de unas cuantas (difícil de digerirlas tratándose de un álbum conceptual) con atmósfera claustrofóbica y arreglos para nada convencionales, se escondía la obra maestra de los británicos tras la inigualable The dark side of the moon.

  Es sintomático que detrás de una canción sublime que termina convirtiéndose en clásica, casi siempre hay una historia previa. A comienzos 1978 David Gilmour escribió la melodía base para su primer disco en solitario en los estudios Super Bear en Francia. Lo curioso es que lo terminó descartando. Un año antes, en plena gira del grupo para promocionar su anterior obra, Animals, tocaban en el The Spectrum de Philadelphia. Roger Waters padecía intensos dolores estomacales. El médico le inyectó un analgésico muy fuerte pensando que se trataba de un virus, cuando en realidad era una hepatitis. El bueno de Roger (cerebro indiscutible de The Wall), estaba que no se sentía, con las manos agarrotadas (de hecho en los bises ya no volvió a escena). Durante 2 horas deambuló por el escenario como adormecido. 

  Desde abril a noviembre de 1979 el grupo se encierra en el estudio para parir un doble álbum muy parecido a una ópera rock. Roger Waters tenía muy clara la personalidad del protagonista de nombre Pink, una estrella del rock, que trata de aislarse, "es la dificultad para manifestar emociones a medida que nos hacemos mayores, la pérdida de la inocencia y la construcción del muro emocional que cada ser humano vamos construyendo a medida que pasan los años", o eso decía David Gilmour para describir la atmósfera del disco.

  En Comfortably numb (del directo Pulse, ya sin Roger Waters) aflora el dilema entre la obligación o la atención al enfermo. Hay un médico empeñado en mejorar al paciente para que salga a actuar (Roger Waters) para que cumpla el requisito de tocar en el concierto, y está el enfermo (David Gilmour), la estrella que debería de curarse. Al respecto de la letra, Gilmour decía que las partes que él cantaba eran el día y las de Waters la oscuridad.

  ¿Realmente cuál es el milagro que hace única Comfortably numb (de nuevo con Roger Waters y orquesta en vivo, la cual acrecienta esa profundidad sonora) Sin duda sus dos solos de guitarra de Gilmour, especialmente el segundo. Técnicamente es probable que no sean los mejores, aunque no es desdeñable su gran talento con el mástil. En mi opinión lo que hace sublime a la pieza, dándole emoción, color y un aire de épica, es el gran acierto de orquestarla. Gilmour era partidario de una guitarra incendiaria en la parte cantada por Waters, mientras este y Bob Ezrin, coproductor junto a David y Roger, preferían la orquestación, al final primó la segunda opción, contribuyendo definitivamente a que los solos de guitarra descansaran sobre los cimientos sólidos y tremendamente sonoros ideados por Michel Kamen, adquiriendo esa grandiosidad que probablemente hubiera perdido de haber imperado la idea de Gilmour.

  Según las revistas Guitar World y Rolling Stone, el guitarreo de Comfortably numb aquí con David Bowie (algo así como cómodamente insensible o adormecido) ocupa el 4º puesto del ranking entre los mejores solos de guitarra de la historia, mientras la publicación Launch Radio Networks lo eleva al primer puesto. En agosto de 2006 fue votado por los oyentes de la estación de radio Planet Rock como el mejor solo de guitarra de la historia jamás grabado. 

  Es reseñable que este clásico de hace 37 años se convirtió en la última canción escrita al alimón por Roger Waters y David Gilmour.



sábado, 3 de diciembre de 2016

Un verdadero placer

 El pasado día 30 conocíamos la gratísima noticia del otorgamiento del Premio Cervantes al escritor Eduardo Mendoza. A mí parecer justísimo galardón que viene a engordar más si cabe su extenso currículum, trufado de reconocimientos, galardones y novelas esenciales, además de situarlo al fin en lo más alto del panorama literario español. El barcelonés se ha convertido en referente indispensable de la novela en castellano a lo largo del último medio siglo.

  Para argumentar la concesión del Cervantes, el jurado dice que con su primera novela, La verdad sobre el caso Savolta (1975), "Mendoza inaugura una nueva etapa de la narrativa española en la que se devolvió al lector el goce por el relato y el interés por la historia que se cuenta, que ha mantenido a lo largo de su brillante carrera como novelista". En otro momento de su intervención dice estar "en la estela de la mejor tradición cervantina, posee una lengua literaria llena de sutileza e ironía". También nos advierte de que "siendo novelista catalán es un premio literario en castellano a toda una obra escrita en castellano", eso sí, traducida a infinidad de lenguas; o de "la incorporación constante del humor". Yo añadiría que Eduardo Mendoza (1943) ha diseccionado mejor que ningún otro a su ciudad, al menos el lado menos deslumbrante de Barcelona, el del lumpen, la ciudad del anarcosindicalismo o del nacionalismo de inicios del siglo pasado, de la burguesía y de las clases más elitistas, pero también nos lleva de la mano para que caminemos por las calles y callejos más inusitados.


   El autor con residencia actual en Londres, ha escrito nada menos que 15 novelas, 2 libros de relatos, 2 obras de teatro y 4 ensayos. Quien se iniciara en el terreno de la traducción ha tocado prácticamente todos los palos, pero es sin duda en el terreno de la narrativa de largo recorrido donde Mendoza ha destacado. Títulos imperecederos como Una comedia ligera, La aventura del tocador de señoras, El año del diluvio, Sin noticias de Gurb o Riña de gatos, lo han colocado en lo más alto del escalafón. Sin haber leído toda su obra, yo tengo especial apego a esta de "La ciudad de los prodigios", novela que de algún modo lo consagró, si ya no lo estaba. La obra describe la evolución de Barcelona entre las exposiciones universales de 1888 y 1929, fundamentalmente en el ámbito urbanístico pero también social.

  Al margen de todas las virtudes que adornan a este extraordinario escritor, yo añadiría dos que cada vez abundan menos en el territorio de las letras: para nada es estirado, y si da la sensación en algún momento de lejanía se debe a su timidez secular; y por encima de todo, no es nada vanidoso.

   Para mí es un orgullo que se le haya reconocido con el más prestigioso de los premios en lengua castellana, además de ser un verdadero placer leer a este maestro indiscutible de las letras.





 

domingo, 27 de noviembre de 2016

Hotel California


  1976 fue sin duda un año prolífico que alumbró grandes discos: Destroyer del grupo Kiss, Songs in the key of life de Stevie Wonder, Frampton comes alive de Peter Frampton, Black & Blue de Rolling Stones, Presence de Led Zeppelin, Zoot Allures de Frank Zappa, o los homónimos a grupos/artistas y óperas primas: Ramones, Boston y Tom Petty and the Heartbrealers, pero es sin duda alguna -quién no ha tarareado alguna vez la canción homónima- Hotel California ( el disco más descollante por la brillantez de los 9 cortes, por las letras que ahondan en temáticas sociales, por interpretación superlativa de cada uno de sus miembros, y porque, en cierta manera, este disco AOR de rock/soft-rock, cierra la época más floreciente de la música popular, pues el punk venía como un huracán para quedarse por un tiempo en la escena musical.


   El próximo día 8 se cumplirán 40 años de la publicación de este disco, una obra conceptual que supuso la cúspide de la carrera de los californianos. El guitarrista/teclista y compositor Joe Walsh acababa de llegar para encerrarse en el estudio por espacio de 8 meses junto al resto de la formación, puliendo día a día ese sonido tan perfecto que jamás volverían a lograr. La obra supone un cambio radical con respecto a sus anteriores álbumes. Es cierto que cortes como New kid in town o Try and love again nos retrotraen a su etapa más country, pero casi es la excepción. El disco es más rockero, más eléctrico, puro virtuosismo por parte de las guitarras de Don Felder y Joe Walsh, lo cual se puede apreciar en cortes como Life in the fast lane o Victim of love -, las letras son profundas, más complejas, abordando temas como la adicción a las drogas, el final de la inocencia, la pérdida del amor, la fugacidad del éxito y en una palabra, el lado oscuro del sueño americano. Es la resaca después de aquel lejano periodo del amor y la paz dando paso al menos romántico del hedonismo sin fronteras. La mayor parte de las canciones están interpretadas por el baterista Don Henley, ocurre también en algunas más intimistas y melancólicas, como la orquestada Wasted time o la que cierra el álbum The last resort


    La idea inicial del grupo -grupo surgido tras la reunión de algunos músicos para acompañar a Linda Ronstadt en 1971- era celebrar el 200 aniversario de la independencia USA, aunque al final eligieron California como un paréntesis o microcosmos de lo que ellos pretendían, o sea: fabricar una metáfora desesperanzada del declive americano.

    La canción homónima ocupa el puesto 49 entre las 500 mejores, mientras el grupo -ya no existe como tal desde este mismo año, cuando falleció el compositor, guitarrista y cantante Glen Frey- se coloca en el 75 de los 100 primeros.

 A este disco esencial en cualquier discografía que se precie, "easy listening", cierto, se le han colgado algunas etiquetas (siempre las etiquetas), como ser demasiado preciosista, o que el acabado de los cortes no admite otras posibilidades, sin olvidar las leyendas urbanas con mensajes ocultos de satanismo, o fantasmas que se asoman a uno de los balcones en la portada del hotel, el Beverly Hills, algo que encierra un significado poco claro. Se puede decir lo que se quiera al respecto, pero de lo que no hay duda es de encontrarnos delante de una obra excelente.

  

domingo, 13 de noviembre de 2016

Oh happy day (Historia de una canción, 1)

  A este temazo le tengo un cariño especial. Cada vez que lo escucho me devuelve a mis 13 ó 14 años, pues era la segunda canción de mi primera cinta cassette "Power & light AMÉRICA, comprada en Gijón en un verano ya inmemorial. Y a pesar de que tal vez no sea la más lograda, me emociona tanto o más que en mi primera escucha; así que ya forma parte de mi vida, hecha muchas veces de retazos musicales.

  El logro de tan precioso gospel corresponde a Edwin Hawkins, que en 1967 y a partir del texto escrito por el clérigo inglés Philip Doddridge, que se basaba a su vez en una melodía más antigua del siglo XVIII, adaptó el ritmo original, cambiando el compás de 3/4 a 4/4. Su versión contiene únicamente el estribillo de Rimbaud repetido, omitiendo el resto de los versos originales. La melodía modificada por Edward F. Rimbaud a mediados del siglo XIX se utilizaba en bautizos y ceremonias de confirmación en UK y USA. Interpretada por Edwin Hawkins Singers obtiene en 1969 el éxito internacional, ganando un año después el Grammy a la mejor interpretación de gospel soul.

  En ocasiones el mundo de la música contradice a quien piensa que un gran tema debe de tener cierta complejidad y una letra bien elaborada. Este tema dedicado a cantar sobre la buena noticia de (Dios) que eso significa grosso modo la palabra gospel, la melodía que transita a lo largo de la letra Oh happy day, oh happy day, oh happy happy day, Oh happy day, when Jesus washed, oh when he washed, oh when he washed, when Jesus washed, he washed my sins away!, reiterada más allá de lo razonable, te va impregnando de una felicidad y sosiego que inevitablemente puede empujarte a acompañar con palmas a otros muchos acompañantes de ilustres figuras que en alguna ocasión han versionado el tema, como Etta James, Ray Charles, Aretha Franklin con Mavis Staples, Whitney Houston, Mahalia Jackson y otros más, como Joan Baez o el mismísimo Elvis Presley.

  Si alguien encuentra cierta similitud entre el My sweet lord de George Harrison y Oh happy day, que sepa que no va mal encaminado, al respecto el ex beatle dijo en alguna ocasión encontrar inspiración escuchando los arreglos de Edwin Hawkins. Se mire por donde se mire, temazo clásico.

domingo, 9 de octubre de 2016

El Aleph

  La primera de las letras de los alfabetos hebreo y árabe, y de los cabalistas, es la que da título a una de las obras capitales de la literatura argentina y universal. También titula al último de los 17 cuentos que integran el libro original de poco más de 140 páginas, sin discusión el relato más estudiado y con más beneplácitos para seguir profundizando en el mundo fantástico y esotérico que plantea el autor, tanto por parte de la crítica como del común de los lectores.

  Al libro que originariamente contenía 13 cuentos en 1949, el año de su publicación, se le añadieron 4 más algunos después, formando la colección que hoy es definitiva y que ha sido traducida a infinidad de idiomas. Editado en Buenos Aires por Losada (Gonzalo Losada era el director, español exiliado en plena época franquista), el libro contenía varios cuentos que en años anteriores ya habían sido publicados en revistas. Sin ir más lejos, el propio El Aleph había salido a la luz pública en 1945 en las páginas de Sur.

 ¿Qué hace de este un libro único, además de reverenciado por el mundo literario 67 años después de su aparición? En primer lugar la maestría y perfeccionamiento -como siempre- del bonaerense Borges, que no se cansa de pulir el idioma y cultivar las frases hasta el desespero, incluso en la vertiente fantástica, donde resulta difícil ensamblar la arquitectura de las palabras adecuadas y las frases más esclarecedoras, algo que en otros terrenos como el cómico o el policial/investigación, debe de ser más propicio, o eso me parece a mí.

  Aunque por encima de cualquier otra consideración, el gran hallazgo de El Aleph -seguramente su obra más recordada junto a Ficciones- es la capacidad para que muchas de las historias que cuenta cabalguen sobre historias menores que la anteceden (al estilo de Las mil y una noches) sin que para nada se resienta la capital, muy al contrario, terminando por mejorarla. Además nos remite con sutilidad, casi imperceptiblemente, a mitos, metáforas, vidas vividas en lo etéreo; retrotrayéndonos a tiempos fantásticos y pretéritos con sabor agridulce. Borges aborda entonces la influencia de esos mitos y leyendas en su creación literaria, planteándonos la difícil disyuntiva entre lo que fue y lo que pudo haber sido, decantándose en ocasiones por esto último al considerarlo más verosímil. Y llevándolo al terreno del siglo XX, a sus cuentos de mitad de siglo, distorsionándolos por influencias arcanas que terminan por engrandecerlos hasta límites insospechados.

  Y qué decir de esas frases que muy pocos como él han edificado para que la belleza perdure hasta el infinito, también para que no dejemos de pensar un segundo en su significado, qué decir del inicio de El Aleph:

  "La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita..." Magistral ¿verdad?

  Nadie debería dejar de leer relatos como El inmortal, Los teólogos, La otra muerte, La escritura de Dios, La casa de Asterión o El Aleph; leerlos se convertirá en una aventura gratificante, debería de ser algo así como congraciarse con la vida, dura, a veces inexplicable. Explicable es porqué Borges se ha convertido en uno de los más grandes creadores universales del cuento; solo con que leyéramos esta obra imperecedera saldríamos de duda.


lunes, 26 de septiembre de 2016

¿El mejor disco en vivo de la historia?

  Si no lo es, sin duda está entre los 10 primeros de rock de todos los tiempos; si bien algunas publicaciones se decantan por colocarlo en la cúspide, no así la prestigiosa Rolling Stone que "solo" le da para el cuarto puesto.

  Admito que hasta hace bien poco no los tenía en gran estima. Pero la adquisición en el londinense Candem Town de su directo en la isla de Wight del mismo 1970 y unas cuantas audiciones del CD con mucha atención, han hecho que mudara mi poco aprecio en una gran admiración. Y no es que The Who fuera el grupo con más calidad, pero sin duda alguna, en el comienzo de aquella década, era difícil precisar quién sonaba mejor que ellos.

    Live at Leeds  fue grabado los días 14 y 15 de febrero de 1970 en la universidad de la propia ciudad, y sin dudarlo marca el momento álgido de la banda, ya que ni antes ni posteriormente alcanzaron ese nivelazo. Piezas como Young man blues, Magic bus y sobre todo My generation  con su remolino de riffs, poseen un sonido muy especial que rezuma la épica de aquella época, la prueba concluyente del "ruido" apasionado captado en vinilo, y que también representaban figuras como Jimi Hendrix, Jonis Joplin o Jim Morrison, los dos primeros fallecidos pocos meses después y el tercero en 1971.

  Hasta febrero de 1970, los británicos habían publicado algunos álbumes interesantes, tal vez la ópera rock Tommy de 1969, fuera el más significativo y el que dio pie a la gira mundial que los llevaría a Leeds un San Valentín de hace 46 años. Sin embargo, en estudio no terminaban de desmelenarse porque las productoras les imponían un mejor sonido, pero encorsetado al fin y a la postre, sin que el cuarteto diera rienda suelta a su capacidad de expresarse con más libertad.

   Publicado en mayo de 1970 como vinilo, tenía una duración de poco más de 35 minutos, siendo un recopilatorio sobre más de dos horas de grabaciones. El disco venía envuelto en una desastrada funda de cartón, conteniendo hojas de recuerdos fotocopiadas por ellos mismos, posters, fotos, su contrato para actuar en Woodstock y las etiquetas que advertían del sonido deficiente, algo subsanado con la edición completa en formato CD y la edición de lujo de 2000 en dos discos.

  Live at Leeds es rock en estado puro. Peter Townshend, infravalorado guitarrista y por otra parte pionero del feedback y la dinámica, nos obsequia con solos limpios y llenos de ideas: pura emoción. Keith Moon, uno de los mayores bateristas en competencia directa con John Bonham, no hace otra cosa que dar rienda suelta a su primaria creatividad. John Entwistle marca mejor que en ningún otro momento de su carrera el ritmo de las piezas, mientras Roger Daltrey compite de igual a igual con la voz del zeppelin Robert Plant.

  Album indispensable para los amantes del rock y que se pelea por ser el primero con otros en directo tan celebrados como Made in Japan de Deep Purple, The Allman Brothers Band - At Filmore East, Rock'n roll Animal  de Lou Reed,  Jimi Hendrix Experience "Live", o el mismo Frampton Comes Alive del propio P. Frampton.

sábado, 30 de julio de 2016

BANDA CON MAYUSCULAS

  El inicio de Elisabeth, con la cual dio comienzo la 2ª parte del concierto de ayer en la Sala Multifuncional de Canal Salat, revela con satisfacción la categoría de todos los integrantes de la Banda y de su maestro Joan Mesquida. La adaptación de la pieza de Johan de Meig pone al descubierto el trabajo meticuloso del director para transmitir a los miembros del grupo lo que realmente pretende, y a fe que lo consigue sobradamente. Huyendo de cualquier estereotipo afín a lo que conocemos por el trabajo musical de una banda en su acepción más clásica, o sea, música con límites, encorsetada, ramplona a veces, Mesquida juega con distintos tipos de música y la versatilidad que le da la atracción por los distintos ritmos que pueden utilizarse, uniendo sapiencia y buen gusto, lo cual le permite alcanzar la excelencia en determinados pasajes de una pieza. Y lo más grato de todo es que la mayoría de los ejecutantes son muy jóvenes (a algunos los he visto crecer desde que apenas podían sujetar el instrumento en sus manos), con un margen de superación difícil de cuantificar.

  Excelencia puesta de manifiesto en cortes como el Catch me if you can o Pequeña Czarda del genial Pedro Iturralde, para acompañar a la gran estrella de la noche, el fantástico saxofonista local Xavier Larsson. El de ciutadella hizo las delicias del abundante público asistente, especialmente al interpretar Sax pack, pieza compuesta por Otto M. Schwartz para lucimiento y despliegue en técnica interpretativa del saxofonista de turno con un nivel de calidad indispensable.

  La velada musical, no podía ser de otra manera, incluyó el imprescindible tributo a las Big Bands americanas a través del  gran Glenn Miller. Sin duda el público agradeció el guiño, pues las piezas (In the mood, Tuxedo Junction o la celebérrima Moonlight serenade) les son sobradamente conocidas y el swing años 30 hace buen maridaje.

  El concert d'Estiu concluyó con A tribute to Harry James, seguido nada menos que por 4 bises que reclamaron con tenacidad los asistentes. Con pasodoble repetido (algo más cercano a una banda convencional) y la repetición del Tribute concluyó la genial velada.

  Mi más sincera enhorabuena a todo el grupo de músicos. Y la advertencia a Ciutadella, por si alguien lo duda, de que aquí tenemos una banda como la copa de un pino y que debemos mimarla siempre.

  

lunes, 6 de junio de 2016

El cebo (13)

Cuando vemos a un adulto junto a una niña sin vínculo familiar que los una, sabemos que nada bueno va a ocurrir, si por añadidura ese hombre tiene una fisonomía tan peculiar como la del actor Gert Froëbe, es para echarse a temblar. El cebo podría considerarse un "remedo" del clásico del Doctor Frankenstein, observando el film desde un perfil menos deshumanizado. En cualquier caso, la película es una de las obras maestras del cine español (coproducción española-alemana-suiza) y yo me atrevería a decir que la mejor del húngaro-español Ladislao Vajda. Vajda venía de rodar éxitos imperecederos como, Carne de horca, Marcelino Pan y Vino, o Mi tío Jacinto, sin olvidar Un ángel pasó por Brooklin. Ya era por méritos propios uno de los mejores directores del momento; y pese a todo, a pesar del éxito que acompañó a la película desde su estreno, o a ser galardonada con el premio San Jorge a la mejor española, o de estar nominada al Oso de plata en Berlín, probablemente es uno de sus largometrajes menos conocido entre el público.

  El cebo es la adaptación ¡y vaya adaptación! de la novela de Friedrich Dürrenmatt. En alemán se traduciría como: sucedió a plena luz del día. Pero no nos engañemos, ésta es puro cine negro que bebe por momentos del universo Hitchcock. Y desde luego no parece una película española, entre otros motivos por el reparto casi al cien por cien foráneo, además del planteamiento bien diferente en la forma de rodar con respecto a otras películas suyas, particularmente en lo referido a la extraordinaria fotografía en blanco y negro de Enrique Guerner.


   Los acontecimientos se precipitan con la aparición de una niña degollada. El sospechoso no es otro que el buhonero que la encontró en el bosque. El comisario Mattei es quien duda de la verdadera culpabilidad del vendedor, pero se acaba de jubilar y deja el caso en manos de un compañero. Sin embargo, en el aeropuerto y a punto de volar, a Mattei le vienen al recuerdo algunos detalles contados por los niños de la escuela y decide al fin regresar al lugar del crimen para investigarlo.

  Obra maestra con toque expresionista o que recuerda a los maestros alemanes de entreguerras, delicia para cinéfilos empedernidos o simplemente seguidores fieles del cine español. Denso ambiente de intriga con una dosis apetecible de suspense. En resumidas cuentas: pieza angular y absolutamente genial del cine español.

  La cinta la pasa TV2 (Historia de nuestro cine) mañana día 7 a partir de las 21:55 h. Imperdonable perdérsela. 

sábado, 7 de mayo de 2016

Nunca pasa nada (12)

  Casi al final de la película, Julia (Julia Gutiérrez Caba), una mujer de su tiempo, o sea, casi sometida a la autoridad del marido, es quien se viste de audaz y propone a su marido, Enrique (Antonio Casas en el film) que dé un paso adelante aunque sea a costa de romper el matrimonio, si en ello va la felicidad futura, o eso se deduce de las palabras, más atrevidas que en ninguna otra de sus brillantes escenas ( de los mejores papeles que le ha tocado en suerte). Porque, como ocurre en otras películas del madrileño, son finalmente las mujeres las que muestran más fuerza y coraje, a pesar de una secular dependencia del otro sexo que se acentúa con el advenimiento del franquismo.

   Junto a Muerte de un ciclista (1955) y Calle Mayor (1956), seguramente Nunca pasa nada (1963) forma el trío de obras capitales del maestro Juan A. Bardem, y eso a pesar de que al exhibirse en Italia, allí la bautizaron como Calle Menor, por considerarla un trasunto o copia inferior a la de 7 años antes. Es cierto que la crítica de entonces se mostró desorientada con el nuevo planteamiento narrativo del director, a lo cual ayudó la denuncia atroz de los sectores más reaccionarios, que para nada participaban de la mirada crítica hacia el matrimonio en la España de inicios de los 60, con sus dificultades para convivir en armonía. El sector más a la derecha consideraba una ficción el planteamiento de Bardem, pues en su opinión el matrimonio era el estado perfecto de estar en la sociedad de ese momento. Por todo ello, Nunca pasa nada no llegó a gozar del reconocimiento unánime de sus predecesoras, si bien en la actualidad sí se la acredita como se merece. 

  El argumento es de lo más convencional, pero solo al principio. Jacqueline (Corinne Marchand), una corista francesa  perteneciente a una compañía de revista que hace gira por distintas localidades de provincia, se ve obligada a permanecer en Medina del Zarzal (Aranda de Duero y Peñafiel) tras ser operada de apendicitis por el doctor Enrique. El hombre de 51 años que toda su vida la ha dedicado en cuerpo y alma a su vocación y vive casado desde tiempos remotos, siente una sacudida en sus entrañas a medida que se relaciona con la jovencita. Lo que al comienzo podía ser una agradable novedad en su rutinaria vida, se vuelve codicia y celos, pues termina por darse cuenta de que junto a ella podría reinventar el amor, algo por otra parte inaudito a tenor de la disparidad de edades, de la imposibilidad de entenderse -ella solo habla francés-, además del escándalo que supondría en la localidad una huida a la francesa.

  La proliferación de planos largos, atmósfera lluviosa y fría, secuencias nocturnas, paseos vespertinos, el acierto indudable de la N-I que pasaba por en medio de Aranda, además de un excelente ritmo narrativo, sin olvidar la magnífica fotografía a cargo de Juan Julio Baena, y las extraordinarias interpretaciones de Julia Gutiérrez Caba, Antonio Casas, Corinne Marchand y Jean-Pierre Cassel, hacen de la película una experiencia reflexiva y visual única. De añadido, escenas excelentes que pueden dejar al espectador noqueado.

    Resumiendo, Nunca pasa nada, además de un retrato fidedigno de una época ya pasada, deja la sensación en quien la ve de una sugestión antigua, o más bien yo diría que se convierte en un vehículo que amplifica un alarmante trasfondo de opresión de una sociedad rígida, y más en una ciudad o pueblo de provincias donde nunca pasaba nada.


lunes, 4 de abril de 2016

El túnel

  La novela El túnel, publicada en 1948, no deja de ser en cierto modo un ensayo previo a la redacción de su obra más ambiciosa, Sobre héroes y tumbas, aparecida 13 años después. Y aún siendo así, la primera trasciende por darle al texto una agilidad inusitada, a pesar de tratarse de una confidencia: esa aceptación por parte de Juan Pablo Castel de ser el asesino de María Iribarne, la única admiradora que se ha sumergido de veras en su exposición, descubriendo a través de un ventanuco en uno de los cuadros, la verdadera idiosincrasia o significado de su pintura. El desafío de Sábato es de campanillas teniendo en cuenta que desde el primer párrafo al protagonista lo proclama criminal, y que en el resto de páginas no hay espacio para intrigas o suspenses policiales, tan del agrado de los lectores. Entonces, ¿por qué la maestría de esta novela breve y su éxito a nivel mundial? El argentino no ha hecho otra cosa que meterse a fondo en la piel del protagonista, respirar como lo haría una persona fuera de lo común en el peor sentido, y sondear en esa psiquis traumatizada.

  Juan Pablo Castel es un hombre solitario, traumatizado y casi casi misántropo; se siente un incomprendido que desprecia a los críticos de su pintura, a pesar de ensalzarlo. Entonces descubre a una bella mujer por la que se interesa de inmediato, a pesar de su timidez. Cree que puede ser la última esperanza de amar y se aferra a ella como si se tratara de un salvavidas, porque también intuye que ella, María Iribarne, es su alma gemela, alguien que sí es capaz de entender la trascendencia de su talento. Castel intuye primero y cree más tarde, que ambos piensan lo mismo y por ello pudieran ser dos miembros de un mismo ente, hasta que por fin, así lo cree, se percata de que él y María transita por túneles paralelos que nunca llegan a confluir.

  A través de la exploración profunda dentro de una mente perturbada, Sábato dibuja con precisión analítica, textos memorables que destilan pesimismo y el aprendizaje de la destrucción. De manera que esta obra nos puede dar muchas pautas para entender lo que hoy se da en llamar violencia de género.

  Como ocurre en Sobre héroes y tumbas, Sábato explora de manera más tenue el mundo de la ceguera a través de Allende, el marido de María Iribarne. Como también las posibilidades inmensas que da el territorio infinito que es Buenos Aires, una ciudad donde todo es posible. Y por supuesto vuelve a jugar de manera intencionada con el universo femenino, dotándolo de una supuesta ambivalencia que provoca en el género masculino acciones poco sensatas.

  Esta novela que acabo de releer tras muchos años, es una verdadera obra maestra que bebe de la fuente del existencialismo, y que mereció de muchos de sus más reconocidos representantes, elogios unánimes.