viernes, 30 de diciembre de 2022

Todos los nombres

Todos los nombres, como bien nos induce a pensar el título, es el ensayo concluyente que José Saramago lleva a efecto para situarnos en el Registro Civil de la Conservaduría General, un organismo público encargado de que ninguno de los habitantes del lugar quede sin ser controlado, al menos en lo concerniente a fechas y acontecimientos de cada cual, o sea: nacimiento, matrimonio, divorcio, etc. Saramago se sirve de José, el protagonista de la novela, para cincelar el retrato de uno de sus empleados, un ser solitario, insignificante, de cincuenta años que, sobrevive a la férrea disciplina impuesta por el Conservador, y al hermetismo del negociado, un establecimiento de dimensiones insospechadas en constante crecimiento, coleccionando recortes de prensa de personajes famosos, para así disfrutar de un entretenimiento inocuo y salvador.

   José Saramago escribe Todos los nombres (1997), con el propósito de poner en entredicho los excesos de la burocracia, aunque estos permanezcan en un segundo plano por la cerrazón de Don José, el protagonista, dispuesto a llegar hasta el final en la investigación de una mujer anónima, maestra de matemáticas en la misma escuela donde había estudiado de chica, y que acaba de suicidarse. La casualidad de ponerse a indagar en la vida y milagros de una mujer a la que no conoce de nada, sucede porque sí. La burocracia ciega ha obrado el antojo al mezclarse la ficha de esta mujer con otras, llamando la atención del escribiente. Este Don José, para hacer realidad su fin último, no duda en entrar en la Conservaduría a las horas que no queda nadie para distraer material necesario para su objetivo, o falsificar credenciales, e incluso explorar en los archivos infinitos para sustraer fichas oficiales; o allanar la escuela donde se había formado la profesora.
    
  A partir de un hecho simple, el Premio Nobel de 1998 urde una historia llena de sucesos pintorescos que no pueden dejar indiferente a ninguno de sus lectores. A lo largo de sus páginas, a ratos claustrofóbicas, a ratos surrealistas, se advierte una cierta influencia del Franz Kafka de sus obras inconclusas, en particular, me parece a mí, de El castillo. Un buen divertimento, en resumidas cuentas, para el disfrute de estos días, de la mano maestra del autor de Ensayo sobre la ceguera.

 

sábado, 24 de diciembre de 2022

¡Feliz Navidad!

El tiempo se nos escurre sin que seamos capaces de retenerlo, por tanto y para aliviar la pérdida irreparable de otro año más, volveremos a celebrar juntos estas entrañables fiestas. Como a cada fin de curso haremos balance, o un breve inventario de nuestra vida a lo largo de los últimos 365 días, marcándonos objetivos nuevos y el propósito de modificar hábitos nocivos. No obstante, lo más probable es que al final de 2023 estemos de nuevo en el punto de partida de este 2022, que ya da sus últimos estertores. Como no puedo ni debo ser muy original, os deseo a tod@s para el nuevo año, salud, amor y ventura, además de unas ganas inmensas de leer libros. Aquí os dejo el enlace del cuento navideño para la ocasión, por si alguien lo quiere leer. 

¡Feliz Navidad 2023!!!

  
 

sábado, 23 de abril de 2022

FELIZ DÍA DEL LIBRO

 



                                                                                           









































sábado, 16 de abril de 2022

El sello de los menorquines

 

El sello de los menorquines (2021), es la última obra publicada por Luis Soler. Esta novela histórica con espacio para el género de aventuras, representa un salto cualitativo con respecto a su obra, Se traspasa. Si en la novela de 2014 el hilo argumental pasa por una tienda de ropa y su propietario, un hombre casado que baraja ilusiones juveniles para sobrellevar su matrimonio, y con desenlace imprevisto pero satisfactorio, en esta, el autor hace una prospección de calado en la historia de Menorca, y más en concreto en ese periodo poco conocido de los isleños que concierne a aquellos pioneros de la aventura, lejos de su tierra, y con final abierto, aunque esperanzador, con resolución definitiva para cerrar el círculo en un próximo libro que dé continuidad a este; ojalá. 


  En la primavera de 1768 -todavía no existía como nación lo que hoy se denomina Estados Unidos-, en torno a 1400 menorquines emprenden viaje desde el puerto de Mahón con destino a una especie de nueva Arcadia en el sureste americano: La Florida. Es el segundo periodo de dominación británica en la Isla, y los súbditos de su Graciosa Majestad pretenden colonizar una parte de la península al otro lado del Atlántico. Aunque en un principio el reclutamiento de personas lo pretenden hacer con habitantes de otras naciones, Italia o Grecia, dicho propósito naufraga, así que persuaden a muchos menorquines para embarcarse en busca de nuevas oportunidades y porvenires más halagüeños que el de ser esclavos del trabajo duro y mal remunerado, sin ser conscientes de que allá se convertirán en esa condición, o algo peor, pues no solo deberán hacer frente al engaño mayúsculo de terratenientes sin escrúpulos o gobernadores conniventes con aquellos, sino a enfermedades que provocan la muerte de centenares de ellos. Hasta que al fin, los más valientes, los más afortunados, también los más aventureros, logran evadirse del yugo impuesto por los colonos británicos, asentándose al fin en San Agustín, los poco más de un centener de supervivientes que quedaban de la gran odisea.


  Los cimientos de esta novela que deberíamos de leer todos los menorquines, nativos y adoptados,  sienta sus bases en el tiempo presente. A Jack Towers, nuevo jefe de proyectos de AMHIWA, su superior, por orden del Secretario de Estado, le encarga buscar algún hecho trascendente de la historia del País para publicar una nueva edición de El Libro Blanco de la Historia de los Estados Unidos. Por casualidad da con un filón que puede y debe dar un giro a esa historia ya escrita.  Con la colaboración de una historiadora local de Florida, emprende la ardua y apasionante tarea de desentrañar lo que realmente ocurrió en la segunda mitad del Siglo XVIII, y que supuso un antes y un después en la historia local de Menorca.  La espita que abre de par en par la tumba del pasado es el hallazgo de un manuscrito auténtico de uno de aquellos emprendedores que se asentaron en terrenos abruptos y salvajes de New Smyrna.


  Esta novela, El sello de los menorquines, supone un fructífero trabajo a cargo del autor, sustentado en una ímproba actividad investigadora que ha dado como resultado el texto de 195 páginas amenas y esclarecedoras en lo referido a la historia contemporánea de Menorca.
    

miércoles, 30 de marzo de 2022

Personajes de allá (8)

El recuerdo más remoto que guardo de R. es el de una mujer joven, desenvuelta, muy educada. Tampoco era algo insólito, lo de la urbanidad, teniendo en cuenta su quehacer diario. Casi siempre se acompañaba de un pequeño maletín negro donde guardaba el muestrario de los productos de Avon. En realidad reparé en ella al hacerme muy amigo de su hijo.


  Anteriormente, según contaban, había emigrado más allá del Manzanal recién estrenada la madurez, aunque yo, por entonces, no sabía cuándo había adquirido ese privilegio, supongo que al poco de superar la mayoría de edad. Allí se instaló, según algunos, en una casa del Barrio Húmedo, para cuidar de una anciana de posibles. Cuando la anciana pasó a mejor vida, y sin familiares cercanos, todos sus bienes los dejó a su cuidadora. Finalmente el peculio de la vieja se limitaba a una cuenta corriente con trescientas mil pesetas, de las de entonces, que no era moco de pavo; pero poco más, porque la casa era de alquiler, y las joyas hacía tiempo que las había vendido nada más enviudar.


  Al poco, sin trabajo, aunque con una cuenta corriente saneada, regresó a Villafranca, si bien de ello no supe nada hasta que corrieron los años. Supongo que cuando ella volvió yo ni siquiera estaba en este mundo; en realidad reparé en ella unos cuantos años después, cuando su hijo M.A. y yo nos conocimos estudiando E.G.B.


  Un día, paseando alrededor del jardín me dijo: ahí viene mi madre. Vestía con elegancia, siempre falda y zapatos de tacones altos. Yo le estreché la mano desocupada, la otra transportaba a su compañero inseparable. Nos dijo que acababa de hacer la turné -con esa palabra- por diferentes casas de la Villa, y que apenas le quedaban productos ahí -señalando al maletín suspendido de su mano izquierda-. Se la veía satisfecha por las ventas. Entonces, no sé, tal vez medió una invitación para merendar, acabé en su casa, pasado el puente sobre el Burbia, donde la pendiente se hace más pronunciada y mira de soslayo al Valcarce.


  Desde aquella tarde de otoño dando vueltas entre mirtos y negrillos, las visitas a su casa se hicieron más frecuentes. Allí supe de su padre, trabajador de Aceros Roldán, y de lo mucho que él quería a R., aunque en realidad yo no los llegué a ver juntos ni una sola vez. A ella sí, en su casa, y caminando por cualquier espacio, particularmente a lo largo de la Calle de Arén y de la Plaza, que era donde vivían la mayor parte de sus clientes más fieles.


  Le gustaba conversar con cualquiera. Se notaba que le encantaba su oficio como repartidora de la firma americana. En cuanto tenía oportunidad y si el tiempo no apremiaba, pegaba la hebra con cualquiera de las villafranquinas, incluidas aquellas que le hacían perder el tiempo vaciando el maletín para probar de todas las muestras y luego no compraban ni un triste lápiz de ojos.


  Quería y se hacía querer, contribuyendo activamente a retardar el ocaso comercial de la Villa, que allá por los primeros años setenta comenzaba a dar muestras de un tenue abatimiento, presagiando la atonía mayor que vendría lustros después.


  Una mañana como otra cualquiera, casi a mitad de curso, M.A. dejó por sorpresa la escuela. Ninguno de los maestros nos dijo nada sobre el asunto. Fue un compañero quien nos relató la verdadera razón de su ausencia. Una noche el marido le había propinado una zurra a su esposa. Al día siguiente, aprovechando su ausencia por haberse ido a trabajar, R y su hijo se fueron de Villafranca en un autobus de la Empresa Fernández. Ni mis compañeros ni yo entendimos muy bien cómo podía ser que alguien abandonara la casa por haberle zurrado un familiar, al fin y al cabo, quien más y quien menos recibíamos algún pescozón, bofetada o algo mucho peor por parte de nuestros enseñantes, y no por eso nos planteábamos una huida a la francesa.  Claro que eran otros tiempos y yo era muy joven para comprender.


  Ni R. ni mi amigo M.A. volvieron a Villafranca, que yo tenga constancia. Jamás los volví a ver. Pero en mi recuerdo se dibuja con nitidez aquel chaval que amenazaba con hacerse ingeniero de postín, y por supuesto, la estampa inconfundible de una mujer joven, desenvuelta y muy educada que se hacía acompañar de un maletín negro. ¿Qué habrá sido de ellos?

  

 

viernes, 25 de marzo de 2022

Antes de los años terribles

 
¿Quién se esconde tras el nombre de Víctor del Árbol? Muchos diréis que es el autor de la novela, La víspera de casi todo, (Premio Nadal de 2016), yo ni eso, pues nada había leído de él, hasta ahora. 

  Si digo que sus padres eran inmigrantes y pobres, que entró a estudiar en un seminario a los catorce años, que abandonó el arrebato de ser cura por amor, que cursó Historia en la Universidad de Barcelona, que se desempeñó durante casi veinte años como mosso d'escuadra y que además tiene publicadas once novelas, casi todos estaremos de acuerdo en su capacidad de abarcar múltiples tareas. Pero seguramente ninguna mejor que la de escribir narrativa.

 

  Antes de los años terribles yo era un niño feliz en ese lugar. La felicidad parecía el estado natural de la vida, algo tan obvio como que cada mañana salía el sol. Los primeros rayos de luz se colaban entre las ramas de palma del techo aquella mañana en la que todo empezó a cambiar. (Fragmento de la novela).


  Este pasaje nos da un poco la pista de las dramáticas vivencias por las que el narrador nos introduce en el universo de Isaías, un emigrante ugandés, asentado en la Barcelona de 2017, viviendo en pareja con una española, y propietario una tienda para reparar bicicletas. No obstante, a pesar de disfrutar de una vida normal, esconde en lo más recóndito de su ser el secreto de una supervivencia milagrosa y nada edificante; un secreto oculto también a la mujer embarazada. Pero esa etapa en la África más profunda, durante la Guerra Civil en Uganda, aún no se ha cerrado, o se ha cerrado en falso.

  La excusa para regresar a su país de origen es la celebración de una conferencia. En el fondo su discurso no deja de ser un señuelo para que se adentre de nuevo en las tinieblas de los años terribles. Como otros muchos chavales de aquel entonces, él es capturado a los doce años para convertirlo en uno más de los niños soldado del Ejército de Resistencia del Señor, comandado por el sanguinario Joseph Kony. El grupo terrorista paramilitar borraba de un plumazo los años felices del niño, adiestrándolo por la fuerza en la barbarie de la sangre, hasta transformarlo en un criminal más sin ser consciente por completo de ello debido a su corta edad.


  A pesar de la dureza de algunos de sus pasajes, Víctor del Árbol nos describe con maestría y un lenguaje directo, las peripecias de un niño arrebatado por la fuerza en un tiempo no tan lejano y que aún es presente en Uganda, si bien de manera residual; una etapa inenarrable donde las huestes de Kony han llegado a secuestrar a 30.000 niños y niñas -otras fuentes hablan incluso de más de 60.000- para convertirlos en soldados y/o esclavos sexuales.


  La novela no tiene desperdicio y es una enorme oportunidad, no ya solo de disfrutar con la narrativa del barcelones nacido en 1968, sino de conocer otras realidades, como es la de Uganda en los últimos tiempos.  


miércoles, 2 de febrero de 2022

Pupilas de escarcha

 

<<Estás ahí, en la sala de los abuelos, sentada sobre la alfombra con las piernas cruzadas; el sol de la tarde se cuela por la puerta acristalada abierta que da al jardín; te sientes muy feliz, aunque tú no sepas expresarlo.>>


  De esta manera da inicio Ana María Campelo a su primera novela, Pupilas de escarcha. Un inicio brillante  para la historia paralela de Nadia. Por cierto, un magnífico recurso el de rastrear en el pasado de la protagonista, algo que da solidez y sentido a toda la estructura de la trama. Y además con el refuerzo de estar narrada en segunda persona, algo no tan frecuente.


  El territorio donde se desarrolla la otra historia, la principal <<En una villa de la Ruta Jacobea...>> delata la atracción de la villafranquina por su terruño, aunque la acción violenta nos dé repelús a sus paisanos si tratamos de situar el lugar exacto de la agresión sufrida por Nadia.


  Nadia no es villafranquina, pero como si lo fuera. Cosmopolita del mundo, vive una especie de retiro tratando de coser los jirones de su vida azarosa. Es una mujer de posibles, y ahí afuera siempre hay alguien al acecho para apoderarse de los bienes ajenos. Un médico ambicioso que trabaja en el Hospital de la Reina de Ponferrada, ve la oportunidad de engrosar su pecunio. Entonces pone en marcha todos los mecanismos a su disposición para... Pero mejor no avanzar en el argumento, pues esta novela merece ser leída y disfrutada como yo lo he hecho.


  

 Mi más sincera enhorabuena por esta historia apasionante. Se aprecia que detrás de la trama hay una planificación ideal, una estructura narrativa muy bien labrada y, a partir de un conflicto que puede parecer sencillo (nada rocambolesco, gracias a Dios), todas las piezas del puzle encajan correctamente a la conclusión del libro. Y eso a pesar del arranque de la historia paralela que se inicia en Junio de 1985, porque con lo que le sucede a la niña Nadia, mi paisana Ana María ha tratado de despistar a sus lectores -al menos a mí-, no sé si de manera deliberada o no a la hora de señalar a alguno de los sospechosos como el autor material. Sea de una u otra manera, reitero, esta novela merece ser leída.

  Gracias Ana María por tu novela, la he disfrutado muchísimo.

viernes, 24 de diciembre de 2021

¡Feliz Navidad!


 









El tiempo se nos escurre sin que seamos capaces de atenazarlo, así que de nuevo volveremos a celebrar -tal vez menos juntos que en años anteriores por culpa de la variante Omicrom- las entrañables fiestas navideñas. Como a cada final de año haremos balance o un breve recorrido de nuestra vida, planteándonos nuevos retos y muchos propósitos de enmienda, aunque al fenecer 2022 seguramente volvamos a estar en el punto de partida que nos está marcando ahora este 2021, ojalá que no. Yo no voy a ser muy original, así que a este año a punto de empezar le pido sosiego, y que nos obsequie con salud, amor, prosperidad y también con muchas ganas de recuperar el placer de leer libros de poesía, novela, ensayo o cuentos de Navidad como este que os dejo a través de este enlace.


  ¡Felices fiestas navideñas y venturoso 2022 os deseo a tod@s!

sábado, 4 de diciembre de 2021

Smoke on the water (Historia de una canción, 8)

 Cuando Deep Purple empieza a plantearse la grabación de su sexto álbumo de estudio, Machine head, la banda británica está en boca de todos. Consagrada como una de las formaciones más grandes de rock duro, sus dos últimos trabajos: In rock (1970) y Fireball (1971), han conquistado a miles de fans para la causa. En ese mismo año de 1971 son capaces de girar por EE.UU. media docena de veces -algo impensable a día de hoy-, así que en cierta manera estaban saturados del trabajo incansable sin descanso alguno. Para entonces y como figuras indiscutibles del directo, querían que su siguiente trabajo se pareciera lo más posible a sus actuaciones delante del público.


  El inconveniente eran los horarios en los estudios, así que alquilaron el archiconocido estudio móvil de The Rolling Stones y se fueron a Montreux (Suiza), para eludir el pago de impuestos. El lugar elegido fue el Casino. La víspera de empezar a trabajar en el nuevo material, Frank Zappa y sus Mothers of invention daban un concierto. Los miembros de la banda también estaban presentes. Todo iba bien hasta que a un cretino le dio por disparar una bengala al aire. El techo comenzó a arder y muy pronto el edificio fue pasto de las llamas. Así que la formación más clásica de Deep Purple, la Mark II, o sea: Blackmore (guitarra), Glover (bajo), Paice (batería), Gillan (vocales) y Lord (teclados), debieron cambiar la ubicación del estudio móvil y desplazarse al Gran Hotel de la localidad; pero, para entonces, los británicos ya tenían la idea para desarrollar lo que después sería el tema más famoso de su discografía, y uno de los riffs más universales que se conozcan.


  Smoke on the water abría la cara B del Lp publicado en abril de 1972. El grupo tenía tan poca confianza en el tema que fue desechado en los primeros momentos para ser lanzado como single, aunque finalmente saldría como tal pero ya en mayo de 1973, cuando la grabación original correspondía a diciembre de 1971, y sus incontables seguidores la conocían sobradamente. Eran precisamente sus incondicionales los que la pedían reiteradamente para ser tocada en directo, ya que la banda era muy remisa a la hora de echar mano de ella. Hoy, 50 años después de que Smoke on the water narrara el incendio del Casino, y se haya convertido en un himno del rock -la revista Rolling Stone la sitúa en el primer puesto de las mejores 50 canciones heavies-, ha sido versionada por infinidad de grupos, entre ellos Iron Maiden, Metalica, Black Sabbath, Sepultura, Crash, Nirvana, el propio Deep Purple con un toque de jazz al comienzo, The Coultrane Quartet, Sinfónico o el supergrupo formado por  nada menos que David Gilmour, Brian May, Paul Rodgers, Ritchie Blackmore, Ian Gillan, Chris Squre, Keith Emerson,  Bryan Adams, Roger Taylor, etc.


  Ritchie Blackmore, el inventor del riff tan sencillo y que terminó por detestar el tema, decía que las cuatro notas podían equipararse a las cuatro notas del comienzo de la 5ª Sinfonía de su idolatrado Beethoven. La ocurrencia de un genio de la guitarra.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

GEMA

Ahora no recuerdo qué escritor dijo alguna vez que en el mundo de las publicaciones existían libros para saborear después de un banquete frugal, para leer tras acudir a un entierro, para ojear sobre el mullido de una butaca de casa, o para liquidar de una sentada en la terminal de un aeropuerto. Nunca me lo llegué a creer del todo. Intuia que tras la hipérbole el autor trataba de concitar la atención de los lectores -creo recordar que lo había escrito en el suplemento cultural de algún periódico-, por si el resto del argumentario no era considerado de relieve y abandonábamos antes de tiempo aquella lectura dominical.


         Milena Busquets (Barcelona,1972) es la afortunada autora de Gema, novela publicada en febrero de este año con el sello Anagrama. Y sí, con su lectura entre aeropuerto y aeropuerto, he de reconocer que tal vez aquel escritor no exageraba para nada al plantear un axioma tan arriesgado como resultón. 


  Gema es el nombre de una compañera de estudios de la protagonista, una escritora de cuarenta y tantos -alter ego de la propia Busquets-. Gema falleció cuando no le tocaba, a los quince años, de leucemia. Últimamente es recurrente su recuerdo y trata de que sus piezas inconexas encajen en el rompecabezas. Pero, en realidad, Gema, o casi mejor decir el fantasma de aquella niña desdichada, es la excusa perfecta para hilvanar, con una aparente facilidad, el entramado mucho más complejo de las relaciones humanas. A partir de un lenguaje sencillo, sin ampulosidades ni palabras accesorias, Milena Busquets va tejiendo con mano diestra los diferentes episodios de la protagonista hasta concebir la historia de una mujer con muchos pliegues e incertidumbres.

  Pues eso: una novela ideal para saborear la espera en la terminal del aeropuerto, o incluso volando a 35.000 pies de altura.



lunes, 29 de noviembre de 2021

Presentación del libro Valencia C.F., 100 años, 2 meses y 7 días después

 

El pasado jueves día 25, presentaba en la Agrupación de Peñas del Valencia C.F., mi obra Valencia C.F., 100 años, 2 meses y 7 días después. El libro estaba destinado a ser presentado mucho antes, en los primeros meses del año pasado, pero la Covid-19 se cruzó en el camino desbaratando cualquier intento de ser mostrado en sociedad. Afortunadamente, y aprovechando que la Agrupación volvía a organizar un acto/cena prepartido después de 21 meses sin hacerlo (el último se había producido en febrero de 2020, antes del confinamiento), tuve la inmensa fortuna de dar a conocerlo a todos los peñistas que se congregaron en la nueva sede sita en C/Islas Canarias, 20, bajos.  



 El libro es un minucioso recorrido por la historia del Valencia C.F., pero única y exclusivamente a través de estadísticas y/o datos numéricos, algo que hasta ahora no se había hecho con tanta profusión. En el acto estuve arropado por Fede Sagreras, presidente de la Agrupación, y por el ex jugador che Robert Fernández.   


Enlace página web Agrupación de Peñas (con más fotos del acto)





                                          


miércoles, 17 de noviembre de 2021

Led Zeppelin IV

Cuando los miembros de Led Zeppelin renunciaron a poner título o a escribir sobre la portada cualquier palabra o signo que los identificase -algo al alcance de muy pocos en el universo rock al inicio de los años setenta-, los británicos jamás imaginaron que tras la imagen incongruente de un anciano portando un fardo, no solo se escondía la foto más actual de un edificio (contraportada), sino que en su envoltorio reposaba su obra definitiva, la que los iba a consagrar como la banda de hard rock más grande e influyente de todos los tiempos, o cuando menos de la década.


  Realmente el disco carece de título, sin embargo, por aquello de dar continuidad a sus trabajos precedentes, todos numerados, la crítica y el público decidieron nombrarlo como Led Zeppelin IV, si bien, con menos aceptación, también se le conoce como Zoso, El ermitaño, Los cuatro símbolos (Cada uno de sus miembros tenía uno). La decisión, según Jimmy Page, se tomó tras las críticas recibidas por su trabajo anterior, Led Zeppelin III. Una buena parte de la crítica especializada y miles de sus seguidores, no terminaron de asimilar el giro parcial hacia una música más pausada con reminiscencias folk. Querían a toda costa la continuidad, o sea: hacer un Led Zeppelin II mejorado, si eso era posible.


   

    ¿Y por qué es, en mi opinión, el mejor disco de 1971?, entre otras cosas por temas como When the levee breaks. Este corte hipnótico que te obliga a seguirlo obediente y que lo cierra de manera atronadora, se cimenta sobre la batería del gran Bonham. Para la grabación en Headley Grange (foto), Andy Johns, el ingeniero, dispuso una batería nueva en medio del salón de la planta baja, colocando sendos micrófonos en la escalera; luego, en la unidad móvil, comprimió la grabación en dos canales y le añadió eco. El sonido sampleado ha sido imitado infinidad de veces, pero sin el resultado logrado por Bonzo. Pero hay muchas más sorpresas de variedad inimaginada, como The battle of evermore, corte con reminiscencias celtas y donde Robert Plant canta junto a Sandy Denny (vocalista de Fairport Convention) una melodía a dos voces. La buena de Sandy -fallecida en 1978 tras una caída en su casa- casi se queda ronca al intentar llegar a las mismas notas que Robert Plant. Y qué decir de temas como Black dog o Rock and roll, pura energia para mayor gloria de Robert Plant, considerado por aquel tiempo el mejor vocalista de rock. Riffs imposibles de olvidar que se clavan incisivos en el cerebro como si fueran objetos punzantes. Mientras Black dog es un corte adrenalítico con ritmo mutilado y letra con doble sentido, Rock and roll es una explosión en todos los sentidos, con Plant alcanzando notas altísimas. Durante algunos años abriría cada uno de sus conciertos en vivo. Y por supuesto Going to California, una delicia de melodía con doble homenaje a Joni Mitchell y a su Estado favorito. Con John Paul Jones a la mandolina y Jimmy Page a las guitarras, se convierten en perfectos acompañantes para la voz inconfundible de Plant. Pero es indudable que este álbum no sería lo mismo sin la piedra angular, sin el himno tarareado por millones de fans, sin la escalera que los llevaría a la inmortalidad. El tema más pinchado a lo largo de la historia por las distintas cadenas radiofónicas, serviría para convertir a Jimmy Page en un dios de la guitarra si aún no lo era. Eso sí, con sus aristas, su otra cara más oscura, como la polémica que aún se genera cuando se comenta de sus mensaje satánico si se invierte el giro del disco, o que se compusiera a partir de las notas introductorias del tema Taurus de Spirit. Sea cierto o meras elucubraciones, Stairway to heaven es un tema intemporal, eterno, la perfeccion -si existe- al componer e interpretarlo. Una canción, como han confesado muchos de sus seguidores, para llevarse a una isla desierta. Lo definitivo.



  No cabe ninguna duda de que, a pesar de todo el misterio que rodea a esta obra maestra conocida como Led Zeppelin IV, desde la portada con mil y una interpretaciones, la ausencia de cualquier tipo de pista sobre el título; el aislamiento buscado lejos del mundanal ruido y sin saber si aquello iba a funcionar, o sea, su estancia  de unos tres meses en la casa de Headley Grange -allí también llegaron a trabajar los inegrantes de Genesis- se convertiría en el encierro más fructífero de su carrera. Ha pasado medio siglo desde su aparición, pero sigue sonando tan fresco como entonces, cuando los jóvenes de medio mundo enloquecieron con aquel nuevo parto de Led Zeppelin.