jueves, 27 de noviembre de 2025

Physical Graffiti (la confirmación de Led Zeppelin como banda más grande del mundo)

 

En 1975, hace ahora cincuenta años, los británicos Led Zeppelin publicaban uno de los mejores álbumes del año, y de la década, por no decir de la historia del Rock. El único disco doble de estudio lanzado por los británicos, supuso su confirmación en aquel momento como la banda más grande del mundo, y el punto álgido de su carrera musical. Un hecho elocuente que así lo acredita, es que este sexto trabajo y los cinco que le precedieron, se posicionaron poco después en la lista de los mejores 200 álbumes al mismo tiempo, algo inédito hasta ese momento.  Y es que temas como el hipnótico, adrenalínico y -acelerado en directo- Trampled under foot o el más calmado Down by the seasideal estilo del medio tiempo utilizado por Neil Young en ocasiones, también con regusto a los Stones de la época, y que en poco recuerda al estilo zeppeliano, son dos claros ejemplos del eclecticismo del grupo, haciendo harto difícil delimitar el trabajo a un único estilo musical.



  Lo que más sorprende, y es digno de admiración, es cómo a partir de algunos de los descartes de sus anteriores trabajos, junto a nuevas composiciones sin aparente relación, se pudo crear esta amalgama de estilos contrapuestos, para obtener como resultado final una obra granítica, explosiva y que te atrapa desde el comienzo. Porque, sin ir más lejos, The rover se grabó en 1972 con la idea de integrar Houses of the holy, o el tema homónimo de este mismo, descartado finalmente para el quinto álbum por su parecido sonoro y estilístico con Dancing days. O el propio Down by the seaside, que iba a integrar el Led Zeppelin IV, como también lo iba a hacer Night flight, un claro ejemplo de que un buen rock and roll te puede atrapar a partir de un ritmo sencillo, sin recurrir a virguerías postizas. O Black country woman, que se convirtió en un descarte más del álbum Houses of the holy, y sin embargo ocupó la cara B del single de lanzamiento de este doble álbum. O Boogie with stu, una joyita acústica y rocanrolera, con Ian Stewart, el teclista de los Stones, como quinto integrante puntual de los Zep. A añadir como particularidad del tema, la inclusión en los créditos de Mrs Valens, la madre de Ritchie Valens, pues su base rítmica y letra están tomadas del "Oh my head", canción del hijo ya fallecido. Y por supuesto Bron-Yr-Aur, una delicia a mayor gloria de la guitarra acústica de Jimmy Page, y que ya había sido grabada en 1970, siendo el tema más breve de toda su discografía. 


                                                      

  En este doble disco hay magníficas canciones compuestas para la ocasión, como Custard pie, la primera del álbum y que sigue la tradición zeppeliana; pero no cabe la menor duda de que, precisamente las más extensas, son las que determinan la condición de obra maestra de este grafiti físico, o suerte de collage autorizado. In my time of  dyinges un claro ejemplo de ello. Adaptación de una canción tradicional de Blind Willie Johnson que también había grabado Bob Dylan para su primer disco, adquiere con los británicos una dimensión única, gracias en parte a la guitarra slide de Page y a la contundencia de Bonzo con las baquetas. Kashmir es casi con toda seguridad el corte más singular y reconocido de PG, un majestuoso y épico viaje por la Cachemira idealizada, el Shangri-la para alcanzar la elevación espiritual. In the light   es otro de los temas imperecederos. Jones, el principal compositor lo adorna con tintes orientales gracias en buena medida a toda la parafernalia de: bajo, mellotrones, pianos y órganos. Para Jimmy Page es la preferida del álbum. Ten years gone es el otro gran tema, con arreglos complicados y John Paul Jones lidiando con un artilugio de tres mástiles: mandolina y guitarras acústicas de seis y doce cuerdas. 






  Physical graffiti
supuso el estreno de la banda en su propio sello discográfico, que un año antes había echado a andar con el primer trabajo de Bad Company. Al respecto de PG, el libro All time top 1000 albums, lo sitúa en el puesto 14 de los 50 mejores LPs de Heavy Metal. Por su parte, la Revista Rolling Stone lo calificó a finales de los años ochenta "el mejor álbum doble de la historia". Y la Revista Guitar lo incluye entre los 50 más influyentes en la historia de la guitarra en el Rock. En cuanto a la impactante e ingeniosa carátula del vinilo ya está dicho todo, incluyendo a sus sesenta y ocho personajes y al edificio de la Calle St. Marks en la Gran Manzan de Nueva York. Es tan buena y clásica como el contenido de algo más de ochenta minutos de música imperecedera.



  "Abrumador. Los Led no podrían haber tenido mejor estreno en su propia compañía que estos dos discos. Toda la extensa gama de colores de su paleta está ahí encerrada: desde metálicos riffs a delicadezas acústicas, de aires orientales a ritmos funky, de complicadas piezas guitarreras a improvisadas jams en el estudio. Lo épico, lo lírico, lo erótico, lo romántico, lo relajado, lo espídico... No falta nada." Así escribía sobre este PG Gus Cabezas en el libro Led Zeppelin. Más no se puede decir, solo la conveniencia de escucharlo con atención y disfrutarlo como pura exquisitez que es, para los oídos.

                                                                                                                                                                               




martes, 11 de noviembre de 2025

Intemperie

En enero de 2014 escribía en este blog mi primera reseña sobre un libro. Releído hace bien poco, me confirma en aquella primera opinión, breve y entusiasta, sobre la mejor novela de Jesús Carrasco a día de hoy. Hasta cierto punto y con una miaja de imaginación, bien puede considerarse una metáfora de los tiempos presentes, donde al enemigo se le debe perseguir sin miramientos ni tregua alguna hasta destruirlo.



  

Admito que aún ahora, después de varias horas, estoy algo conmocionado, o mejor decir emocionado, tras acabar de leer este libro. La Novela es impagable desde muchos puntos de vista, pero ante todo porque huye de cualquier pauta comercial, incluida la de las artimañas de las que nos servimos quienes nos apañamos para atrapar al lector, las cuales se convierten a veces en la rémora perfecta para que la historia pierda autenticidad. Transita pues por un camino frugal, contenido y, tan áspero como cuanto se describe a lo largo de sus páginas: al fin y a la postre, el otro protagonista omnipresente de la historia es el terreno yermo y sus inmutables senderos.


  La historia que se narra -un puñetazo en nuestras conciencias aburguesadas y acomodaticias- es intemporal, si bien se presiente la primera mitad del pasado siglo, en un espacio rural no muy alejado de la Castilla mesetaria. A través de un paisaje inhóspito donde el sol abrasador agrede a los propios lectores, un niño atormentado peregrina en busca de la ansiada libertad, dispuesto a todo con tal de dejar muy lejos el yugo que le está embruteciendo. Le persiguen algunos vecinos y muy en particular un alguacil desalmado, causante de su huida hacia el aprendizaje acelerado.


  La Novela, rica en vocabulario y minuciosa, sin excederse en las vicisitudes por las que pasa un cabrero taciturno con el que compartirá viaje sin destino a través de la intemperie, se supone que entronca, salvando algunos matices, con el realismo descarnado de autores como Ramón J. Sender o Rafael Sánchez Ferlosio; si bien es con Miguel Delibes con quien sin duda comparte más similitudes, incluida la riqueza en el manejo de los vocablos y la facilidad para ambientar el mundo rural.


  Francamente que merece la pena ser leída. Intemperie, de Jesús Carrasco, pacense de nacimiento y sevillano de adopción, puede parecer al comienzo una ficción anodina e insípida, ayudada en parte por la trama lineal, sin giros efectistas; no obstante, conforme avanza la narración, nos encontramos con personajes tan siniestros como el referido alguacil o el inquietante tullido, además de profundizarse en la dimensión moral del cabrero, el hombre bueno de esta historia.


  Elegido como libro del año por los libreros madrileños, este se puede leer en un par de sentadas, siendo un auténtico goce.